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¿Se le mide?

Imagine que usted es periodista judicial por un día. Debe despertar temprano, escuchar la radio y acudir religiosamente a un lugar más tenebroso que cualquier cementerio: la morgue de Medicina Legal. Sólo imagine.

Piense que acaban de matar a un hombre. Está tirado en medio de la calle, una calle recóndita y llena de curiosos. Usted acaba de llegar a la escena del crimen. Hay dos, cuatro o diez familiares cerca del cadáver, no importa cuántos, importa que lloran destrozados y a usted le toca abordarlos. ¿Cómo acercarse? Arrégleselas. Y, sobre todo, blinde su corazón. Tráguese el nudo en la garganta. Tráguese la tristeza, tiene que entrevistarlos. Pregunte a la mamá de la víctima, al papá o a un hermano, al más sereno, qué pasó. ¿Tenía amenazas? ¿Deja hijos? ¿A qué horas salió de casa?

¿Y si los familiares no quieren hablar? Arrégleselas, en la Redacción lo espera una página en blanco. Debe redactar la nota en el menor tiempo posible, y el relato debe ser humano o humanista, más bien. No se estanque en que a Fulano De Tal le dieron uno o diez balazos, detrás del crimen hay una historia, hay una persona...así sea el delincuente más grande del mundo.

Difícil, ¿no? Esa es la labor diaria de los periodistas de judiciales, sucesos o crónica roja, como quieran llamarle, contar una realidad que nadie quiere contar: asesinatos, riñas, accidentes de tránsito, violaciones, atracos, capturas, condenas, abusos de autoridad y más.

Quien lo vive es quien lo narra

“El momento más difícil para mí fue el primero, cuando empecé a hacer judiciales. Vienes de tu casa, de hacer cosas diferentes. De pronto leíste alguna noticia judicial, bueno, no es que yo leyera muchas noticias judiciales, y el momento más difícil es cuando llegas a la morgue porque tienes que atreverte a entrevistar a alguien que pasa por un dolor tremendo.

“Nadie que quiera hacer periodismo judicial puede ser cobarde, porque tiene que atreverse a denunciar lo que nadie quiere hablar. Tenemos una responsabilidad enorme con la sociedad al decir que están pasando cosas graves y no hay soluciones...que en la esquina de tu casa mataron a una persona para atracarla, es una zona peligrosa y hay que hacer algo. El imaginario es que no tenemos corazón, pero eso es falso. Para escribir y hacer una buena crónica sencillamente debes entender el dolor de los demás. Siempre, aunque lleves muchos años en esto, te va a conmover la tragedia...el dolor nunca deja de tocarte porque nadie es inmune a él”, explica Wilson Morales, periodista judicial de El Universal.

Aquí, un abrebocas de las experiencias -¿anécdotas?- de cinco periodistas de sucesos.

Inolvidable. “El rumor crecía a medida que transcurrían las primeras horas de ese 22 de noviembre de 2000. Inicialmente en la radio hablaban de 'unos muertos', luego de una masacre y después de más de 30 víctimas en un hecho sin precedentes en un pueblito -Nueva Venecia- sobre la Ciénaga Grande, en Magdalena, frente al municipio de Sitionuevo, que bordea el Río Magdalena. Eran las 10 de la mañana cuando los periodistas de Barranquilla íbamos en lanchas hacia el pueblo palafítico para corroborar ese rumor. En Ciénaga, donde abordamos la embarcación, nadie quiso decir nada, pero el miedo se percibía desde todos los ángulos.

“A la una de la tarde, luego de una travesía de más de dos horas, llegamos a Nueva Venecia y la impresión de ver el único pedazo de tierra que sirve como plaza de la iglesia católica es de las más horrorosas. Eran más de 45 cuerpos masacrados a bala y machete apilados en ese terrenito, como si se tratara de una gigantesca pesca. Los fotógrafos debían ponerse encima de los cadáveres para tomar los demás muertos. Los redactores sólo pudimos contener la respiración, guardarnos las lágrimas mientras se hacía el trabajo y vivir con ese amargo recuerdo de la violencia paramilitar que ese día cobró 50 víctimas en Nueva Venecia. No fue ir a cubrir una noticia, fue vivir el horror de la violencia de la Colombia de ese entonces”, Edwin Torres.

Acorralados. “Un día llegué con un reportero gráfico a un barrio llamado El Sinaí, en las faldas de La Popa, una montaña de difícil acceso. Recuerdo que estábamos haciendo la noticia de unos heridos, de una pelea. Llegamos al cambuche de los afectados y estábamos entrevistando a una señora. Ella comenzó a decirnos que los agresores eran los vecinos. Y los vecinos llegaron, estaban armados y querían seguir el lío. Imagínate, el problema estaba crudo y a nosotros nos tocó escondernos en el ranchito. No había protección policial, no podíamos correr para ningún lado porque estábamos en una loma y llevábamos una cámara fotográfica. Los vecinos cercaron la casa y tuvimos que esperar para salir unos 15 o 20 minutos, que sentí como mil horas”. Wilson Morales.

Encañonados. “En 2013 yo trabajaba en Sucre, asesinaron a un veterinario en una trocha que de Sincelejo va al corregimiento de Las Palmas. Eran las 8 de la noche y yo estaba de turno, así que me tocó salir en una moto con un compañero al sitio del crimen, una vía destapada y solitaria. Cuando pensamos que habíamos llegado al punto exacto, mi compañero detuvo la moto, porque vimos sombras. De pronto, nos vemos encañonados con ametralladoras. Grité porque pensé que nos íban a matar y mi compañero dijo: 'cálmense, somos periodistas'. Ellos bajaron las armas, encendieron una lámpara y vimos que eran militares que buscaban a los asesinos del veterinario. Al final llegamos al sitio del crimen e hicimos nuestro trabajo”. July Anaya.

Caos. “Hace meses, una mujer llamó al teléfono del periódico para denunciar que su marido la iba a matar. Pedía ayuda y decía que ella agonizaba en su habitación, en una casa azul, frente a una iglesia evangélica entre los barrios La Victoria y El Reposo. Salimos rápido para el barrio y al llegar encontramos varias casas con la descripción que dio la mujer, la Policía también acudió y la comunidad se alarmó, tanto que algunos terminaron enfrentándose a pedradas. Al final, establecimos que la mujer estaba en San Onofre, Sucre, y que tenía trastornos mentales. Todo era mentira”. Cristian Agámez.

A ponerse los guantes. “Una vez, para la época de inundaciones en los municipios ribereños del Norte de Bolívar, como San Cristóbal, Soplaviento y Arenal, se ahogó un muchacho y trajeron el cadáver a la morgue de Medicina Legal, en Zaragocilla. Wilson -mi compañero- y yo entrevistamos a la mamá del muchacho, ella fue muy amable. La víctima sólo tenía a su madre y a su hermana, que tramitaba el acta de defunción en la Fiscalía. Eran muy humildes y la Alcaldía de Arenal les donó el ataúd, pero no tenían un peso para transportar el cadáver al pueblo, por eso la Policía les colaboró con una patrulla y un agente. Mi compañero y yo estábamos sentados, la señora se acercó de nuevo para pedirnos un favor. Pensamos que pediría plata, pero no. 'Lo único que quiero es que me ayuden a cargar el cadáver de mi hijo para meterlo en el cajón', dijo. Nos dieron un guante a cada uno y cada uno agarró el cuerpo por una pierna, lo cargamos y pusimos en el ataúd. La señora quedó muy agradecida y pudo sepultar a su hijo”. Manuel Salinas.

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Comentarios

A los ciudadanos de Cartagena.

Quisiera saber por qué razón y muy conveniente y misteriosamente EU desapareció del timelime hace unas horas la noticia de la "encuesta" sobre el señor Vélez que publicó ayer 29 de Noviembre de 2015 a las 06:19 pm. Solo se puede acceder a ella si se tiene el enlace exacto porque de lo contrario en el timeline no aparece, ergo, los lectores no pueden acceder a ella. El enlace correspondiente es:

http://www.eluniversal.com.co/politica/dionisio-velez-el-alcalde-con-mayor-imagen-favorable-en-el-pais-212551

¿EU censurando la opinión pública? ¿También va a esconder esta editorial o borrar este comentario?