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"Si llego a ver pierdo mi gracia", Fredy De Ávila

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Nací ciego y ya no quiero ver. No quiero mirar el mundo real, prefiero el que hay en mi cabeza. Mis ojos son ciegos, pero mi corazón no. Ese es clarividente y de ahí salen mis versos... si llego a ver pierdo mi gracia. Soy el verseador que ve con los ojos del alma, como decía el maestro Leandro Díaz. No quiero ver. Nací ciego, así moriré.
***
En la sonrisa de Fredy de Jesús De Ávila Obrián habita la picardía del niñito que jugaba en las calles humildes del barrio Los Laureles, en El Carmen de Bolívar.

Habita la inocencia del pelaíto que recorría la cuadra con sus ocho hermanos y sus vecinos, brincando en su eterna oscuridad, la ceguera congénita. Tenía una patineta, su juguete preferido, y en aquellos días felices, Fredy se encaramaba en el aparato para que lo empujaran. Y rodaba, y sentía la brisa fresca acariciar su cara.

Los días de juego acabaron. Ya han pasado más de tres décadas, Fredy tiene 43 años. He charlado con él por teléfono un par de veces y hoy por fin lo conoceré.

Esta tarde gris lo veo acercarse contento de la mano de su esposa y su guía: Carmen Suárez.

Él sonríe y ella cuida que no tropiece con ninguna piedra. Él camina despacio mientras canta ese vallenato de Diomedes Díaz que dice: “Hoy quisiera que por fin te aparecieras, me sonrieras y lloraras por mis penas. Cuánto diera por llegar allá, mi vida, y encontrarte solitaria en esa esquina... y en un arrebato de mi vida loca, darte un besito en la boca” (Ilusiones-Luis Egurrola-1999).

Se sienta a mi lado y saluda. Sujeta mi mano con fuerza, como para que yo sienta que le da gusto saludar.

Usted lleva casi treinta años componiendo versos, ¿de dónde viene ese talento?
“De mi abuelo materno, Carlos Obrián. Él era bebedor de Tres Esquinas y excelente compositor de décimas. De él heredé el talento para componer y para cantar. A los quince años comencé a participar en festivales, concursé por primera vez en 1990 en El Carmen y quedé en el segundo puesto. Ahí decidí dedicarme a esto y en el camino hallé maestros como Julio Cárdenas, otro carmero que me ha apoyado siempre”.

¿Cuál es su triunfo más grande?
“Coronarme como Rey de la Piqueria en el 49 Festival de la Leyenda Vallenata. Estoy orgulloso porque llevaba veinte años concursando en la fiesta vallenata más grande del país y no había podido ganar. Con decirle que no me tomé ni un trago de ron  porque apenas tenía 180 mil pesos para pasar ocho días en Valledupar con mi mujer, nadie me quiso apoyar. En El Carmen me cerraron las puertas en la cara, gracias a gente de Arjona y Turbaco fue que pude ir. Y este año tenía que ser el mío porque el festival homenajeó a mis artistas favoritos, los hermanos Zuleta”.

El rey jamás olvidará la noche que subió al trono. El viernes 29 de abril de 2016 verseó con el corazón todo el día y toda la noche. Los nervios lo atacaron por ratos, tal vez porque no quiso tomarse ni un trago de ron, pero se concentró y al final todo salió perfecto. Ni los aplausos de las 80 mil personas que lo escuchaban lo hicieron errar. No hubo contendor que diera la talla y ya en la madrugada del sábado dijeron lo que tanto anheló escuchar: el nuevo Rey de la Piqueria es Freddy De Ávila.

¿Quién es su rival más fuerte?
“Alcides Manjarrés. También es invidente, pero es un verseador muy recursivo, lo admiro y respeto mucho”.

Fredy cursó su bachillerato gracias al sistema braille, que permite leer a través de los dedos, pero jamás ha visto la luz. Me inquieta pensar cómo imagina el mundo. ¿Y los colores? ¿Cómo puede componer si jamás ha visto el rostro de su madre o de su hija, que tiene 12 años? ¿Cómo se pinta a su esposa?

“El mar es profundo, con muchas olas, muy grande y salado. Una vez fui y tragué un poco de agua —dice—. Y mi esposa Carmen es hermosa. Blanca, de cabello liso y no muy largo. De ojos bonitos y cafés. Su piel es suave, su voz también es bonita, dulce y clara. No se le quita el acento paisa”.

A propósito de su esposa, ¿cómo se enamora uno sin ver? ¿Dónde queda aquello del amor a primera vista?
“Ella me había visto de pasón en una de mis presentaciones, pero esa vez no me habló. Entonces ella era evangélica y tenía otra pareja, así que el señor la agarró por el brazo y se la llevó para un culto.

“Nos volvimos a ver en 2013. Yo subí a un bus para viajar a Luruaco (Atlántico) y ella se sentó al lado mío sin planearlo. Como yo no le hablaba entonces me metió conversación. Intercambiamos teléfonos y comenzamos a hablar. Nos enamoramos y al año siguiente nos fuimos a vivir juntos”, recuerda.

Carmen, por su lado, dice que Fredy le gustó así, porque sí y de repente, y que lo que más la enamora es su don para componer. Le encanta que es humilde, generoso y no tiene un pelo de machista. Le encuentra un solo defecto: “Se levanta muy temprano en la madrugada y se va a tomar café para donde la mamá, a una cuadra, entonces cuando  despierto ya él no está en la cama”, explica mientras ríe.

La misma Carmen cuenta sonriente que Fredy no baila a menos que los tragos le den valentía. “Es que no sabe bailar ni un poquito. Tiene que estar borracho para que se atreva a hacerlo”, expresa.
“Dios me hizo un buen cantante y los buenos cantantes somos así, no sabemos bailar...¿no ves que Diomedes, el más grande del vallenato, no sabía bailar?”, replica el verseador. Ríe.

¿Y usted cree en Dios, Fredy?
“Claro que sí, toda la vida. Desde pequeño la vieja Marina Obrián, mi mamá, me enseñó qué es fe”.

Si se encuentra con Dios, ¿qué deseo le pediría?
“Que me dé más fuerza y más talento para seguir componiendo versos y representando a mi pueblo en todos los festivales. Llevo 130 trofeos, ¡y los que faltan!”.

¿No le pediría que arregle sus ojos?
“No. Vea, le voy a contar una cosa. Una noche, en una parranda, mi mujer y yo estábamos bebiendo con un señor. Él tiene un hijo médico y me dijo que si yo quería él le decía a su hijo que me operara para que pudiera ver y conocer el mundo. Yo le dije que gracias, pero no. Estoy bien así, la ceguera ni me quita ni me pone. Veo con los ojos del alma, me basta con el mundo que imagino...si llego a ver pierdo mi gracia. Nací ciego y moriré ciego”.

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