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Sobrevivió a la guerra para construir paz

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Baldes llenos de agua subían y bajaban en las manos o sobre los hombros de niños sonrientes en El Carmen de Bolívar. En unas lomas de este “pedacito” de los Montes de María, junto a un arroyo, decenas de niños se divertían y competían mientras ayudaban a sus padres a transportar agua. Allí estaba Soraya, hace alrededor de cincuenta años, experimentando la inocencia de una niñez tranquila y maravillosa.

Fue creciendo feliz y con un gran liderazgo en el colegio, en la casa, en los grupos deportivos, culturales, en todo. Cierto día, escuchó a una periodista en la radio y soñó con esa profesión para trabajar por la cultura de su tierra natal. Y así lo hizo, pero en 1996 llegó la violencia a El Carmen y los Montes de María para revolverlo todo. Secuestros, bombas, extorsiones, muertes.

Ella y su familia se convirtieron en víctimas de ese conflicto que opacó los buenos recuerdos de su pueblo y los invadió de temor y zozobra. En 1998, exactamente el 5 de julio, los paramilitares asesinaron a su hermano Milton Bayuelo Castellar y, aún con el alma partida en dos, como ella lo describe, dos años después le tocó afrontar la muerte de su sobrina María Angélica Roncallo en medio de la explosión de una bomba que instaló el Frente 37 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, el 17 de agosto del año 2000, en una ferretería de la población.

Nada de eso la detuvo para seguir trabajando por la comunidad montemariana y desde el Colectivo de Comunicaciones Montes de María Línea 21, el cual dirige, promueve la cultura de paz y el respeto por los Derechos Humanos porque lo mantiene en su espíritu, como lo dice abiertamente, y hoy da ejemplo de perdón, reconciliación y paz.

Como víctima y como líder, ¿qué implica que se firme la paz en Cartagena?
-Que se firme la paz, sea en cualquier lugar del mundo, para Colombia y para mí es importante. Si es en el Caribe mucho más, pero para mí es importantísimo y me llena de esperanza y alegría que se pueda firmar la paz con uno de los grupos más sanguinarios en la historia de Colombia, con el más antiguo: 52 años en guerra. Este es un acuerdo de paz entre la guerrilla de las Farc y el Estado colombiano para garantizar un derecho que tenemos los ciudadanos, porque la paz es un derecho y es deber del estado buscar todos los mecanismo para que se dé. Colombia ha tenido 10 procesos de paz que han fracasado, este es el que más  ha avanzado y obviamente me alegra como ciudadana, como víctima del conflicto y porque lo viví en carne propia en mi región. Es la primera vez que las víctimas son vistas y puestas en el centro de un proceso de paz, en el que se exige verdad. Si hay verdad van a haber responsables, si hay responsables va a haber justicia y si hay justicia hay una justicia transicional para dar fin al conflicto.

¿Qué pediría como víctima del conflicto en Colombia?
-Las víctimas pedimos la reconciliación, poder exigir que digan la verdad, pero que además hagan un acto público de perdón y reconciliación y que nosotros tengamos la capacidad, la integridad y la dignidad para perdonar. Eso es lo que yo creo que se está dando en Colombia, una nueva vida, una nueva mirada, porque estamos absolutamente cansados de la polarización, antes con los Liberales y Conservadores, ‘paras’ y guerrilla, después que Uribe y Santos y ahora que el ‘Sí’ y el ‘No’ y no debe ser así, la paz está por encima de todo eso.

¿Cuáles son tus expectativas frente a la paz entre las Farc y el Gobierno?
-Tengo mucha esperanza. Estamos en un momento único, histórico y de una oportunidad grande de transformar a Colombia. Se acaba la violencia armada con las Farc pero siguen otras violencias cotidianas, otros conflictos que seguramente vamos a tener que asumir, sin embargo, el cese al fuego, darle fin al conflicto armado con esta guerrilla nos permite soñar, nos permite proyectarnos a un futuro, hacer -conscientes como seres humanos y ciudadanos- un seguimiento y una veeduría a estos acuerdos para que se implementen. Nosotros tenemos que construir la paz en los territorios, no solo físicos sino espirituales, culturales, los que tienen que ver con el ser, de volver a ser un colombiano tranquilo, pleno, equilibrado. Los problemas de Colombia no se van a acabar por arte de magia el 26 cuando se haya firmado esta paz, ni mucho menos cuando refrendemos esos acuerdos el 2 de octubre, apenas comienza la tarea, es como un punto de llegada a este espacio para luego comenzar a andar de nuevo un camino.

¿Qué significa la palabra paz?
-Para mí la paz es equilibrio, volver a poner en su sitio lo que se desequilibró. En lo individual, un estado tranquilo, sereno, y en lo colectivo, un derecho, un derecho que todos tenemos que construir con el apoyo incondicional del Estado colombiano, que debe garantizarlo.

¿Ya perdonaste?
-Mi mamá siempre dijo que con el odio se hace daño uno mismo y esa premisa me quedó en el corazón. Esa página pasó y yo no tengo ningún rencor con quienes mataron a mi hermano, porque sabemos que con el odio no lo podemos reparar. Y ahora que estuve en La Habana, dentro de la tercera delegación de víctimas, Victoria Sandino me pidió perdón en nombre de la organización por lo que pasó con mi sobrina y por todo lo que pasó en los Montes de María. Es importante la reconciliación porque sin eso no se puede hacer paz.

¿Has pensado en la posibilidad de que gane el ‘No’ en el plebiscito por la paz, en lo que pasaría?
-No he pensado en eso. Creo que no va a ganar el ‘No’. Este es el único país en el mundo en donde se tiene que hacer campaña para pedir la paz, pero estoy convencida que vamos a tener un triunfo contundente en las urnas porque somos ciudadanos cansados de de la guerra, de la violencia, de la politiquería y de los oportunistas que usan esto para hacer política. Yo no tengo ninguna duda que vaya a ganar el ‘Sí’, estoy convencida que la paz va con un ‘Sí’ contundente.

¿Cómo te imaginas El Carmen de Bolívar y un país en paz?
-En El Carmen vivimos desde el año 96 hasta el 2008 esa guerra, ahora estamos en transición, dando el paso siguiente y creo que va a haber más tranquilidad. Hay algo que es tan grave como la guerra y es la corrupción, 240 años cumplió El Carmen de Bolívar y solo hace un año tenemos agua potable. Hay una corrupción rampante no solo en Bolívar sino en toda Colombia y nosotros, después de derrotar a las Farc, debemos ir por la corrupción. Si dejamos la violencia armada a un lado y logramos bajar los índices de corrupción podemos soñar con un Carmen de Bolívar más próspero, más noble, con dignidad para su gente, para sanar las heridas que nos dejó la guerra, avanzar y ayudar a las nuevas generaciones a construir un país mejor. Y así también me sueño a Bolívar, el Caribe y a mi país que amo tanto.

Después de haber vivido tanta violencia ¿a qué le tienes miedo?
-Lo que me da miedo es no hacer las cosas bien. En este momento no tengo miedo porque creo que la vida ha sido muy buenas conmigo, porque a pesar de todos los dolores y de lo que nos puso a vivir, esto pasó por algo, para aprender, y en este momento histórico puedo ser un poquito de luz. Eso me considero, una cuidadora de los derechos humanos con la convicción de que los niños y los jóvenes con quienes trabajo no deben pasar por lo que yo pasé. Me esfuerzo para que ellos no sientan miedo y tengan ánimo de ser mejores seres humanos cada día. Me siento privilegiada hasta cierto punto por tener este pensar y mirar la vida de esta forma, no porque la paz se ponga de moda sino porque es un principio de vida.

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