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Soplaviento está en la pelea

Ninguno de los dos tenía zapatos ni ropa para entrenar... Unos guantes de trapo y sacos llenos de arena y aserrín fueron el origen de la historia de dos grandes campeones del boxeo nacional.

A unos 50 kilómetros de Cartagena, atravesando el canal del Dique, están Plácido Ramírez y Luis Miguel Ruiz, dos jóvenes delgados, pero de brazos fibrosos, que han puesto a Soplaviento en la cima del pugilismo en Colombia.

Plácido, con una voz tímida que contrasta con la firmeza de sus puños, y tan tranquilo y sereno como su mismo nombre, cuenta que de niño caminaba por las calles de Maracaná, su barrio, y un día vio a un grupo de adultos entrenando en un lote baldío. Se acercó al preparador, Jaime Cassiani Ávila, y le preguntó si podía asistir. “El ‘profe’ me dijo que sí, que buscara una pantaloneta y un par de tenis. Yo no tenía ni pantaloneta ni tenis, así que fui donde mi abuela y ella me hizo una, y donde mi otra abuela conseguí un zapato negro y uno blanco”, recuerda.

Así como Plácido, una mañana Luis Miguel se acercó al entrenador. Ruiz sí tenía pantaloneta... “El primer día fui con unos zapatos clásicos, de cuero, color ‘zaragoza’ (fríjol rojo) y el profe Jaime me dijo que no podía entrenar con esos zapatos porque me podía joder y me desanimé. Mi papá me regañó y habló con el profe. Me compró mis zapatos, marca Venus, y comencé a entrenar y a dedicarme día por día a este deporte”.

Su gimnasio estaba en un predio de la cooperativa de pescadores del pueblo. Era un patio cerrado con una cerca de palos y maleza a ras del suelo, con árboles de totumo y trupillo, que, además de dar sombra, servían para colgar los sacos ‘de guanteo’ que fabricaron de manera artesanal.

La rutina empezaba a las cuatro de la mañana. Debían trotar para luego retomar el entrenamiento a las tres de la tarde, después de ir al colegio. “Todos los días nos tocaba cargar los sacos, sacarlos y otra vez guardarlos dentro de una casa después del entrenamiento. Antes no teníamos mucho apoyo. A veces terminábamos de entrenar y no encontrábamos nada (de comer) en la casa”, comenta Plácido, que ahora es un joven de 22 años, a quien, en 2013, una lesión en el hombro estuvo a punto de alejarlo de los cuadriláteros.

“Esto empezó en 2007. Yo practicaba boxeo en Barranquilla y las cosas no se me dieron porque tuve un accidente en la mano derecha. Un día, aquí, en Soplaviento, comencé a jugar con los pelaos en una esquina y vi que en Soplaviento había talento para el boxeo”, explica el entrenador Cassiani Ávila .

Desde entonces nació el club de boxeo El Coimbre, con guantes hechos con retazos de jeans, peras para boxear de tela, sacos rellenos de arena y aserrín, y en un terreno donde no se podía entrenar si llovía. “Esos guantes de trapo maltrataban bastante. Yo los hacía como podía y algunas personas me ayudaban a coserlos. Los golpes eran bien fuertes porque no eran los adecuados, pero como queríamos salir adelante con la escuela lo hacíamos así. Después algunos políticos nos regalaron unos implementos”, añade.

Eran más de cien niños ilusionados que incursionaban en el boxeo aficionado, a pesar de la pobreza. Y Jaime no solo debía pelear con ella, también debía luchar para derrotar esa premisa que ponía a Palenque, Arjona y Cartagena como las canteras del boxeo en Bolívar. Soplaviento no era sino tierra de boxeadores, de futbolistas, softbolistas y beisbolistas. “La gente nos trataba de locos. Muchos nos decían que no íbamos a llegar a ninguna parte y hoy nuestro municipio es, en el departamento y en la Costa Caribe, una de las potencias más fuertes que hay en el boxeo”, afirma.

Soplaviento está metido en la pelea. El Coimbre tiene 76 niños y jóvenes, entre ellos tres boxeadores profesionales: Plácido, Luis Miguel y Saider Ramírez. El primero, con 310 peleas como amateur y 10 como profesional sin ninguna derrota, es ganador de tres campeonatos nacionales y cinco municipales, y actual campeón nacional del peso ligero. El segundo, campeón nacional juvenil de boxeo en la división de los 49 kilogramos, en 2011; medallas de oro en campeonatos nacionales en Valledupar (2013) y Bogotá (2014) en la categoría mayor, como aficionado, y completó siete victorias por nocaut y solo una derrota en su corta carrera como profesional. El tercero tuvo 315 peleas como aficionado y ganó tres campeonatos nacionales en 2009, 2012 y 2014. Como profesional lleva siete victorias y una derrota.

Ahora nuestros deportistas se preparan en un moderno coliseo de boxeo, considerado uno de los mejores de la región, que será aprovechado no solo por niños y jóvenes de Soplaviento, sino también de Arenal, San Cristóbal, Hatoviejo y de otras poblaciones vecinas del sur del Atlántico.

Los campeones dijeron adiós a aquel lugar que usaban como cuadrilátero y gimnasio, pero en ellos queda una inmensa gratitud porque allí, aun en medio de la escasez y la pobreza, aprendieron a luchar por sus sueños y a alcanzarlos golpe a golpe.

DATO

La historia del boxeo en Soplaviento apenas comienza. Uno de sus referentes es el exboxeador Tomás Orozco Rodríguez, que aunque nació en esta población, desarrolló toda su carrera deportiva en Cartagena.

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