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¡SOS por el piropo romántico!

Más allá de lo delicado que está ahora hablar de ciertos temas y de los eufemismos que hay que usar para no herir susceptibilidades, no se puede negar el ingenio y la gracia de muchos piropos callejeros, mirándolos no como una forma de violencia de género, sino como algo divertido y romántico.

Tampoco hay que negar que antes de que muchos piropos se miraran como violación de los derechos individuales de hombres y mujeres, o como acoso sexual callejero, este era visto como un halago o mamadera de gallo, nunca como una ofensa.

Una mujer, por ejemplo se sigue riendo de algo que le pasó en Barranquilla hace más de 30 años y que hoy, seguramente, se vería como maltrato a la mujer, sin querer decir eso que no lo fuera. Solo cambia el cariz con que se miran las cosas.

“Un sábado, al mediodía, caminaba por el centro de Barranquilla, más exactamente hacia el Paseo Bolívar. En sentido contrario venía un hombre delgado, de unos 35 años. Por esas cosas instintivas, yo, para calmarme una de esas picazones que suelen dar en los oídos de un momento a otro, alcé la mano, y con el dedo índice de la mano izquierda, traté de satisfacer esa necesidad (la de rascarme, como hace todo el mundo). El hombre, que ya estaba al frente mío, me quedó mirando serio y me dijo: ‘qué, mija... ¿te rasca el hueco...?’. Lo miré, retiré mi mano del oído, él siguió derecho y yo seguí caminando, pero muerta de la risa. Hoy confieso que eso me sigue causando mucha risa y sigo sin estar ofendida. ¿O tendría que estarlo? No sé, pero a mí me sigue causando gracia la ocurrencia del hombre”, dice la mujer de la historia.

También cuenta que un día, caminando por la calle Segunda de Badillo, un sesentón se la quedó mirando de pies a cabeza y le dijo: ‘definitivamente las mujeres, entre más decentes se visten, más bonitas se ven...’: Dígame si eso no es una belleza”, comenta con una amplia sonrisa la misma mujer.

Una joven contó que un día, cuando transitaba por las cebras del sector de Los Ejecutivos, un hombre la miró y le dijo: ‘mi amor, pareces una lenteja... chiquitica, pero sustanciosa....’. La joven, que es baja de estatura, no tuvo más remedio que soltarle la risa al caballero en la cara por su ocurrencia. El hombre también se echó a reír.

¡Al rescate del piropo romántico!
Con estos ejemplos lo que se pretende es tratar de quitarle al piropo esa presión que muchos especialistas le han dado para meterlo en esa bolsa donde están todas las formas de violencia contra la mujer y, por qué no, de los hombres, y no porque unas y otros los provoquen sino porque el romanticismo que antes se le imprimía a esa clase de halagos se ha trastocado en chabacanería y falta de respeto.

Pero, ¿a qué mujer no le gusta que la halaguen?
Y a eso es lo que la sociedad le debería apuntar: a rescatar el piropo como una forma de expresar los sentimientos de la mejor manera, sin vulgaridad, para enamorar a través de las palabras, de la poesía, o como dice la periodista Carolina Herrera, “para rescatar esa tradición oral muy Caribe”.

Porque lo que sí es claro es que a mujer y hombre les gusta que los caballeros y las damas les digan  piropos bien intencionados.

Y eso quedó demostrado en un sondeo que se hizo en una cuenta personal de Facebook, donde se les preguntó a las personas qué pensaban del piropo y de la necesidad de su rescate como medio de enamoramiento o de hacer sentir bien a la otra persona.

Fueron reacciones diversas, pero en general todos coincidieron: hay que rescatar esa expresión.  “Un buen piropo le sube la autoestima a cualquier persona, sin importar el género”, dijo Farides Caro Díaz.

O como dice Wilfred Arias: “El piropo, mientras más decente, más llega a la mujer decente”. Nancy Smith Pinilla piensa que “Cuando el piropo es una expresión de admiración y se hace con respeto, es bienvenido. Dentro de estos parámetros es rescatable”.

Aurelia Esquivia Morales cree que “El piropo es una expresión de admiración, halago o elogio que se dirige a una persona. Los piropos son utilizados para enamorar y los hay de diferentes clases. Es una tradición que hay que rescatar”.

El buen piropo
A través de los comentarios se puede sacar como conclusión que un piropo debe ser galante, respetuoso, fino, sabroso, bello, que suba la autoestima, que refleje admiración, que sea un halago, que irradie magia y que sea una expresión que aprecie la belleza. Y no lo es cuando comienza con la frase “erda mami…”. Cuando eso pasa ya es considerado acoso. Tampoco deben parecer insultos.

¿Difícil? Haga la prueba y redacte un piropo con esas cualidades y veremos qué pasa. La sociedad se merece esa oportunidad.

Y a eso es lo que la sociedad le debería apuntar: a rescatar el piropo como una forma de expresar los sentimientos de la mejor manera, sin vulgaridad, para enamorar a través de las palabras, de la poesía, o como dice la periodista Carolina Herrera, “para rescatar esa tradición oral muy Caribe”.

Campaña de amor
Hoy se debería comenzar una campaña de amor para crear conciencia entre hombres y mujeres que piropo no debe ser sinónimo de acoso sexual callejero.

“Las principales víctimas de acoso en el espacio público, tanto en la calle como en el transporte público, son las jóvenes. En Lima 9 de cada 10 mujeres entre 18 y 29 años han sido víctimas de acoso callejero (2013); en Bogotá y Ciudad de México 6 de cada 10 mujeres ha vivido alguna agresión sexual en el transporte público (2014); y en el caso de Chile 5 de cada 10 mujeres entre 20 y 29 años declaran haber vivido acoso sexual callejero (2015)”, dice un informe del 18 de noviembre del año pasado de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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