Steve Casino, el escultor de maníes

06 de enero de 2019 07:00 AM

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Ningún psiquiatra en ningún mundo pensaría que el maní sirve para curar la depresión, pero a Steven Ronald Casino le funcionó bastante bien.

En tres años, pasó por un divorcio, un nuevo matrimonio, se convirtió en el padre de dos niños pequeños y se mudó a tres hogares diferentes. Había vivido en Nueva York durante veinte años y de repente estaba en el medio oeste. “Toda mi vida había cambiado tan drásticamente y tuve problemas para manejarlo -me escribió por correo electrónico-. Probé los antidepresivos, el ejercicio, muchas otras aficiones, pero nada funcionó. Estaba enojado todo el tiempo”. Y entonces apareció el maní para darle la mano.

No es que comiera mucho maní y por eso aliviara sus cargas emocionales, nada de eso, es que descubrió en el maní o, más bien, en su cáscara, el lienzo perfecto para crear pequeñas figuras. Steve Casino, como le dicen sus amigos, es el escultor de maníes o, como dice él: Pintor de nueces. Fabricante de Juguetes. Productor artístico impredecible.

Steve nació en un día de 1966 en Jeannette, Pensilvania (EE. UU.). Si uno le pregunta por su formación, responderá que es autodidacta para pintura y escultura. “También tengo un título en Diseño Industrial pero nunca trabajé en ese campo. Invento los juguetes como un trabajo de tiempo completo”, dice.

¿Cuándo empezaste a crear este arte del maní, cómo y por qué?

-Hace seis años. Me dibujé a mí mismo y a mis compañeros de trabajo en maníes y los hice reír. Fue tan divertido que comencé a hacer mis estrellas de rock y celebridades favoritas con ellos.

A Steve realmente le apasiona la música, tanto, que las figuras que más disfruta hacer son las de los integrantes de sus bandas de rock favoritas: The Ramones, The Cramps y Nine Inch Nails. “Me gusta mucho la música y llegué a conocer a todas esas bandas en persona en algún momento. Trent Reznor, de Nine Inch Nails, fue mi amigo y compañero de clase en Mercer, Pensilvania, y él es dueño de un par de piezas mías. Me gustó mucho la música desde pequeño. El primer disco que compré con mi propio dinero fue ‘Killer Queen’, de Queen, cuando tenía seis años”.

Y si hablamos del proceso de crear una pieza de arte con cacahuates, como dicen los mexicanos, no es nada sencillo. Steve explica que el primer paso es investigar, encontrar y analizar tantas fotografías como pueda del personaje o tema a trabajar, con un solo objetivo: obtener los mejores ejemplos. Pero hay una cosa imprescindible y es convertirse en un observador empedernido. “Presto mucha atención a la cara, la ropa y la postura. Creo un tablero de imágenes y lo imprimo”, dice... Luego viene un paso crucial: encontrar el maní (cáscara) perfecto como lienzo. “Los cacahuates ya parecen una cabeza y un torso, por lo que debo encontrar el que coincida con la forma de la cabeza, la forma del cuerpo, la proporción y la postura. Después, abro la cáscara de maní con un cuchillo, quito las nueces, cubro el interior con un acrílico transparente y lo vuelvo a pegar. Dejo que se seque, perforo agujeros y añado brazos y piernas. A continuación, le agrego arcilla polimérica para que quede suave y así pueda pintarlo”, comenta. Lo siguiente es hornear para endurecer la arcilla, dibujar la cara sobre ella. Steve sigue agregando capas muy finas de acrílicos como acuarelas hasta que logra la imagen que quiere. Luego, lo sella todo en acrílico mate transparente para asegurar que nunca se descomponga de ninguna manera y, finalmente, lo sella en una cúpula de vidrio como una pantalla de alta calidad. ¡Y listo, la cáscara de maní se convierte en una pequeña y detallada escultura!

A propósito del proceso, que no parece sencillo: ¿Cuál es la escultura que te ha costado más trabajo y por qué?

-El año pasado hice a toda la familia real para una campaña publicitaria durante la boda del Príncipe Enrique y Meghan Markle. Fui contratado por una compañía en el Reino Unido y tuve que fotografiar a mi pequeña ‘Realeza’ frente a muchas escenas diferentes, como el Palacio de Buckingham. Fue una tremenda cantidad de trabajo, pero con mucha diversión.

Cuéntame más sobre el proceso. ¿Cuánto tiempo pasaste en ello? ¿Qué personaje te costó más?

-Usé almendras en lugar de maníes por primera vez. Si volteas una cáscara de almendra boca abajo, se convierte en una cabeza humana perfecta. Todo el trabajo tomó alrededor de 160 horas. El cliente originalmente iba a fotografiarlos en Londres en los lugares reales, pero creo que la logística fue una pesadilla. Así que hice los grupos, desde el núcleo de espuma hasta la fotografía en mi sótano, y usé mi iPhone para capturarlo. Realmente salió muy bien, considerando mi falta de habilidades fotográficas. Meghan Markle me tomó más tiempo porque la primera versión de ella no se veía del todo bien. La empresa de publicidad que me contrató fue excelente en relaciones públicas porque el video que hice de The Royals estaba en la televisión en todo el mundo.

Para Steve, la parte más divertida de todo esto, es pintar las caras por el reto que ello supone. ¿La más difícil? Encontrar el maní perfecto para cada figura, “porque es un poco aburrido”, asegura.

***

Y para terminar, dos preguntas trascendentales:

¿Qué es el arte para ti, Steve?

-Terapia emocional. Es mi antidepresivo. El mundo parece cada vez más loco, pero cuando estoy haciendo cosas siento que tengo un poco de control. Lo único que lamento es que no comencé a hacerlo hasta los 46 años.

Hay una cuestión crucial que comparten todos los artistas, sea cual sea su lienzo, y es la inspiración... ¿Quién te inspira?

-Mi mamá. Ella se llama Lin, tiene 72 años, perdió a su esposo (mi padre) a principios de este año y continúa perseverando a través de su dolor y su propia mala salud, ella padece enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Nunca me dejó renunciar a nada en mi vida y esa tenacidad me ha llevado tan lejos.

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