Indicadores económicos
2017-06-23

Dólar (TRM)
$3.035,83
Dólar, Venta
$2.910,00
Dólar, Compra
$2.700,00
Café (Libra)
US$1,42
Euro
$3.390,71
UVR, Ayer
$251,04
UVR, Hoy
$251,06
Petróleo
US$42,74

Estado del tiempo
2017-06-23

marea

Marea min.: -17 cms.

Hora: 06:11

Marea max.: 29 cms.

Hora: 23:08

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 9 a 19 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.6 a 1.7 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 26 ºC
Máx. 34 ºC

Pico y placa
2017-06-23

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

5 - 6
Taxis
7 - 8
Motos
0 - 2 - 4 - 6 - 8

Svetlana, cansada de guerras

Svetlana Alexiévich    estaba planchando su vestido cuando le dijeron que se había ganado el Premio Nobel de Literatura 2015.

La autora de obras excepcionales como  “La guerra no tiene rostro de mujer” y “Voces de Chernóbil”,  una de las invitadas a la Feria Internacional del Libro de Bogotá,  tiene un temperamento sereno, dulce, pero aguerrido  al escribir. La noticia de su premio, la dejó perpleja, mientras terminaba de planchar y atendía las llamadas telefónicas, en el pequeño apartamento donde vive. Si hay una palabra que la define es: Coraje.

Con esa misma paciencia y rigor con que ordena las cosas de la casa, se sienta a escribir cuando ya las palabras  vienen de vuelta de un proceso implacable. Planchar cada palabra sin que se arrugue y se vulnere la costura secreta del alfabeto. Prescindir de una palabra que no brille en un párrafo de oscuridad y dolor supremo.

Abandonar una palabra que no exprese el valor y el coraje de quienes han encarado la vejación y la torpeza de la guerra. Cuando era niña escuchaba que los hombres que iban a la guerra, se ufanaban de estrenar un uniforme y un fusil, y escuchaba cuando decían: “Es bello ese fusil”, “Es bello ese uniforme”. Y ella se preguntaba: ¿Cómo puede ser bello algo que sirve para matar?

Lo suyo no es la ficción, sino el periodismo que asume como un intenso peregrinaje a los seres humanos. Ella no inventa historias. Escucha a los que han vivido esas historias. Eso fue lo que hizo cuando entrevistó a las mujeres víctimas de la Segunda Guerra Mundial y la desaparecida Unión Soviética, y contó el horror del desastre de Chernóbil. “Nosotros los humanos no somos tan fuertes cuando el horror sobrepasa los límites”, dijo. 

Esta mujer de 67 años, la decimocuarta mujer que gana el Nobel, tuvo tiempo  en Bogotá, de conversar con sus lectores en la Feria del Libro, escuchar las inquietudes de los estudiantes de periodismo de la Universidad Externado de Colombia, sentarse con víctimas del conflicto armado, contó que las historias de la gente de la calle eran más intensas y conmovedoras que las que había leído en los libros. Uno de sus autores predilectos es León Tolstói, el autor de  “Guerra y Paz” y “Ana Karenina”.

Lo que dijo
A los jóvenes estudiantes de periodismo  en Colombia, les dijo que había que tener “coraje para romper los paradigmas. Coraje para pensar”.

En su conversatorio inaugural con la escritora Laura Restrepo, Svetlana, compartió su convicción de que las grandes historias del periodismo y la literatura, surgen de seres comunes y corrientes.

Cada libro es fruto de un largo y sostenido esfuerzo de diez años, y no es suficiente una sola vez para retratar a una criatura. Los escucha cinco, seis y siete veces, hasta encontrar la esencia de la verdad. “Yo escuchaba muchas conversaciones. La verdad no está en una sola versión”, confiesa.

“La verdad está dispersa en muchos corazones y sirve para construir una novela. En música, sería una sinfonía”.

Escuchar es una de sus grandes virtudes. Escuchar es la herramienta imprescindible para quien quiera ser periodista.

“Desde pequeña he tenido el oído afilado”, dice. Las ocurrencias callejeras de Bogotá y el ingenio del ser colombiano,  le impactaron, pero el drama de la guerra que libra el país desde hace más de medio siglo, fue su mayor preocupación. Le hizo reír una señora de sesenta años que se preguntaba qué era la vejez, y la definía así: “cuando a uno le resbala todo”.

“Nuestra vida es trivial y los medios de comunicación lo reflejan, pero la lectura es la forma de pensar en el enigma de la vida”.

“La belleza y la muerte van de la mano”.

“La labor de un escritor es sacar a la persona de la banalidad”.

La historia, fosa común
Svetlana lleva consigo la profunda y desgarrada historia de su país. Y siente que al mirar la historia de conjunto, es como una enorme fosa común, en donde confluyen los  perseguidos y los perseguidores:

“Si uno mira hacia atrás en el conjunto de nuestra historia, tanto soviética y postsoviética, es una enorme fosa común y un baño de sangre. Un diálogo eterno de los verdugos y las víctimas”.

Ante esta realidad sobrecogedora que se repite en el mundo y particularmente en Colombia, Svetlana piensa que mucha gente incurre en el prejuicio de buscar un culpable, como si alguien diera órdenes. Pero el mal puede detenerse en cada ser humano con criterio.

“La revolución, los gulags, la Segunda Guerra Mundial, la guerra afgano-soviética escondido de la gente, la caída del gran imperio, la caída de la tierra gigante socialista, la utopía de la tierra, y ahora un reto de dimensiones cósmicas - Chernóbil. Este es un reto para todos los seres vivos de la tierra. Tal es nuestra historia. Y este es el tema de mis libros, este es mi camino, mis círculos del infierno, de hombre a hombre”.

“Dejen las armas”
Esta bielorrusa que ha visto desangrar el cielo de su país, vino de tan lejos, y al llegar a Colombia, declaró que toda guerra es igual:  hay verdugos y víctimas. 

“Toda guerra es la ‘legalización del asesino’”, precisó en el auditorio de la Universidad Externado de Colombia, en un conversatorio con el periodista y escritor Sergio Ocampo.

Mientras ella hablaba, el cronista pensaba en una niña jugando a la peregrina en una tierra en donde a veces estallan al tiempo, las orquídeas y las minas antipersonas, y  zumban  en el aire los colibríes y las balas.

“Muchachos, dejen las armas”, reclamó Svetlana, para quien la guerra no tiene rostro de mujer y no debe tener rostro de hombre.

Y lo dijo de diversas formas: La mejor batalla es de las ideas, este mundo no merece cadáveres. Ningún fusil devolverá la igualdad en una nación dividida. Ningún fusil sembrará la reconciliación y el perdón entre los hermanos que se fueron al monte y soñaron con tomarse el poder. El único poder está en el centro del corazón de cada hombre y mujer. El único poder es lograr que la tierra vuelva a sembrarse de vida y no de muerte.

El único poder es lograr pasar la larga y tormentosa página de la guerra en la que hemos vivido durante más de medio siglo.

El único poder es lograr que ningún ser esté secuestrado en su propio país.

“Dejen las armas”, le pidió Svetlana a los guerrilleros colombianos.

Que nadie esté secuestrado para financiar la guerra.

Que el niño y la niña vuelvan a saltar la peregrina y a elevar cometas en un cielo erizado por el vuelo de los pájaros.

Que en las tierras amenazadas y sojuzgadas no haya más fronteras invisibles.

Y que en la tierra solo estalle un solo grito y un solo abrazo: ¡Dejen las armas!

La felicidad puede empezar si nos desarmamos y empezamos a vivir como si fuera la última y única oportunidad de un peregrino sobre la faz de la Tierra.

Con el fuego de fragua de los cañones y el hierro de las espadas cada uno tallará su rosa de los vientos.

Por los ojos serenos de Svetlana pasan miles de hombres y mujeres que tienen la guerra tatuada en el alma. 

El universo no se hizo para la muerte.

“Hay que matar las ideas, no  a las personas”.

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese