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“Tenía que salir de mi pueblo para poder ayudar a la gente”

Con su particular forma de ser y desprendimiento para brindar sus conocimientos profesionales, el pediatra neonatólogo Abel Martínez Rapalino refrenda esa clásica sensación de que el hombre arraigado a la provincia viene enchapado de un humanismo intrínseco.

Nacido en la blanca y emblemática ciudad religiosa de Mompós hace 60 años, “siempre supe que tenía que salir de mi pueblo para poder ayudar a la gente haciéndome profesional, porque yo considero que vine al mundo para dejar una señal con mi servicio”, dice Martínez. 
Egresado de la Universidad Industrial de Santander (UIS) como médico cirujano en 1981, y luego especializado en Pediatría en la Universidad Militar Nueva Granada de Bogotá, explica que su interés vocacional por la infancia, “por serle útil a una madre angustiada por su hijo”, suscitó su interés por estudiar la especialidad que a sus 60 años sigue ejerciendo con los mismos ímpetus de siempre, hoy al servicio de una importante EPS de Cartagena y desde su consultorio privado, en el Centro Histórico de esta capital.
“Haber sido proclive a ayudar a la niñez, me ha ayudado mucho a realizarme con mi carrera profesional, y fíjate, hay unos 2.800 pediatras en todo el país a diferencia de otras especialidades de la Medicina”, añade dejando entrever que hay un destacado número de estos profesionales como para ponerse todos al servicio de la niñez colombiana.

─¿Qué es lo que más le genera complacencia en su profesión?
“El agradecimiento que expresa un niño con su sonrisa por haberlo curado, el detalle de la madre que viene a dar su agradecimiento por la recuperación del niño, la gratitud es algo que le refresca mucho el ego a uno en este ejercicio profesional, eso hace que uno se sienta útil como pediatra y como persona”.

─¿Qué es lo más difícil?
“Todas las piedras que se encuentra uno en el camino y que limitan el ejercicio pleno de la profesión médica, como la falta de una buena red hospitalaria para completar el tratamiento de los pacientes; el hecho de que no existe el camino expedito para que los pacientes pediátricos accedan rápidamente a los tratamientos, y definitivamente lo más agobiante es enfrentarse a la muerte de un niño paciente, porque eso francamente es perder una batalla”.

─Hay la sensación generalizada de que antes los médicos salían preparados con mucho mayor sentido humanista hacia los pacientes, pero hoy la atención se siente expresamente como un negocio...
“Eso es de la actitud de cada uno, de lo personal de cada médico. El médico debe ser humano y profesional, y eso es intransferible. Realmente los médicos seguimos siendo humanos con el paciente. Yo soy médico de una EPS de la cual me siento orgulloso de serlo, y en cada consulta alcanzo a mirar qué hay en el entorno de cada paciente y de su enfermedad”.

OTRAS FACETAS
El pediatra Abel Martínez ha alternado su ejercicio médico con diversas facetas que le han significado el reconocimiento en variados escenarios sociales.
Fue profesor de la Universidad de Cartagena y es fotógrafo empírico, logrando con las imágenes cosas importantes como haber sido escogida una de sus fotos hace muchos años, para exaltar a Mompós como Patrimonio Mundial de la Humanidad, en un concurso realizado en China por la casa Kodak.
Y este año sometió a valoración de los cartageneros una de sus fotografías en el concurso realizado en Internet por la campaña de pertenencia ciudadana ‘Dilo, Cartagena es lo máximo’, de El Universal.
Su foto estuvo entre las 10 más votadas por el público, en la cual perpetúa a pescadores cartageneros que son felices a pesar de no tener fortuna, solo su atarraya.

─Usted también escribe...
“Tengo cuatro libros, dos de ellos hechos con mi esposa Rita Sierra (internista y reumatóloga) y son de temas selectos de Medicina. Tengo un libro de neonatología muy bueno para la época en que lo hice, que ademas fue editado por Nestlé para Perú y Bolivia. Poseo 97 publicaciones nacionales y una internacional de todas las investigaciones científicas que he hecho. Tengo claro que los conceptos y conocimientos hay que darlos gratis para que lleguen a todo el mundo, y que la educación es lo único que nos hace libres.

─Su hoja de vida contempla una interesante cantidad de trabajos científicos, ¿cuál de esas investigaciones es la que más destaca?
“Un trabajo sobre la Vulvovaginitis en niñas premenárquicas, con el cual ocupé el segundo puesto en el Congreso Nacional de Pediatría de 1988. Hice ese trabajo porque en aquella época el flujo vaginal era un motivo de consulta médica que generaba mucha angustia, entonces la idea era ver el grado de normalidad que ese tema tenía para las niñas.
“Otro trabajo científico de mucha recordación porque en 1989 fue premiado en Bucaramanga con el primer puesto en el I Congreso Nacional de Perinatología fue el de Isquemia miocardia en pacientes neonatales. Fue un trabajo muy novedoso que me hizo sentir muy orgulloso.

─¿En qué aspectos está el éxito de una persona?
“Está en conjugar los verbos en plural... tenemos, hagamos, decidamos... y en la comunión de un debido respeto. Las situaciones de poder y autoridad no se muestran, sino que se ejercen en un diálogo de mutuo respeto, lo que propicia un entorno laboral único que hace progresar a cualquier empresa”.

─Y finalmente se dice que los momposinos triunfan, ¿por qué cree que triunfan?
“Porque seguramente tienen unas bases familiares y educativas distintas a las de otras familias. El momposino viene de atrás y no tiene ningún antecedente de esclavitud, y tiene una ciudad con grandes colegios como el San Pedro Apóstol, Santa Cruz, el Tomasa Nájera, el de las Hermanas Franciscanas Corazón de Jesús, la Normal Superior de Señoritas que ha dado gran cantidad de maestras; además hay muy buenos educadores y muchas cosas diferentes que le enseñan a uno a masticar el conocimiento”.



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