¡Tony Meléndez: y Dios lo abrazó...!

07 de septiembre de 2014 12:02 AM

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No era necesario entrevistarlo: con asistir a su espectáculo habría tenido material suficiente para escribir estas líneas.

Tony Meléndez es más que el artista que nació sin brazos y toca como un dios la guitarra. Tiene el don de sacudir corazones, robar sonrisas y sacar lágrimas verdaderas con sólo ejecutar el instrumento.

El mismo papa Juan Pablo II no pudo contenerse la primera vez que lo vio. Fue en Los Ángeles (California). Tony interpretó la canción Never be the same frente a 6 mil jóvenes. Cuando terminó, el pontífice se precipitó a darle un beso y le dijo:

-Tony, eres verdaderamente un joven valiente. Estás dando esperanza a todos nosotros. Mi deseo para ti es que continúes dando esperanza a todo el mundo.

A partir de ahí, todo cambió en la vida del nicaragüense, quien, hasta ese momento, llevaba una existencia normal tocando en el coro de una iglesia en Estados Unidos. El mundo conoció su historia y se enamoró de su testimonio.

Ha recorrido 42 países llevando un mensaje de esperanza por medio de la música. El gran auditorio Getsemaní, del Centro de Convenciones Julio César Turbay, se veía diminuto frente a lo que Tony proyectaba sobre el escenario. Era un concierto que se confundía con una conferencia motivacional.

“A un hombre como yo no le vengas a decir que no puedes. En lugar de eso repite: yo quiero, yo puedo, yo voy”. Esa primera frase escueta pareció una cachetada para quienes asistimos a su show. Éramos como una masa inerte y estúpida aplastada sobre una silla, que tiende a lamentarse por todo. Y, de pronto, aparece de la nada a decirte que sí puedes lograr tus sueños. Precisamente él, un hombre que no tiene brazos, que soportó desde niño las miradas inquisidoras de quienes se atrevían a juzgarlo por como lucía. Pero lo hizo. Y si él pudo, cualquiera de nosotros también. Una vez lo conoces, es imposible que sigas quejándote.

“Soy tan optimista y me siento tan normal, que a veces se me olvida que no tengo brazos. Entonces me veo al espejo y me asusto y me digo: oh, ¿dónde están? ¿Qué pasó?”, expresa y el público se suelta a aplaudirlo.

Aprendió a burlarse de sus defectos, de lo que le dolía, de lo que más le criticaban, lo que iba a serlo infeliz toda su vida. Desde muy niño se rehusó a usar prótesis. En más de una ocasión, éstas terminaron en la basura. Sus pies se convirtieron en las únicas manos que conoció.

Tony nació en Nicaragua. Fue su abuela quien atendió el parto en la casa. Envolvió al bebé en una sábana y se apresuró a llevarlo a otra habitación. La mamá de Tony presentía que el niño no venía bien y le gritaba a su esposo y a la vieja que le dijeran la verdad sobre el estado de la criatura. El papá de Tony regresó a la habitación, pero esta vez usaba unos lentes oscuros para disimular las lágrimas. Le entregó el bebé a su esposa y ella, al verlo sin brazos, se asustó y lloró desconsolada: ¿qué iba a hacer con un niño sin brazos? ¿Cuánto sufriría ese pequeño? ¿Por qué Dios la castigaba de ese modo?

La abuela de Tony irrumpió en el lugar y expresó: “Aquí no ha pasado nada. Sólo es un bebé sin brazos. Mujer, este niño te necesita”.

Al año, la familia se mudó a Estados Unidos. Por eso, la lengua que domina Tony es el inglés. Le tocó aprender español por lo famoso que se hizo luego de su encuentro con Juan Pablo II, pero aún olvida muchísimas palabras hispanas. Aunque a primera vista parece latino, su acento lo delata inmediatamente.

Lo matricularon en una escuela especial en la que le enseñaron a ser autosuficiente y a no depender de los demás para hacer las acciones más sencillas. Al poco tiempo de estar estudiando, lo pasaron para una escuela tradicional: el niño era demasiado inteligente. La única diferencia entre él y los demás fue que nació sin brazos.

La nueva escuela era la misma de su hermano mayor. Al estar acompañado, sus padres pensaron que sería más sencillo que Tony se adaptara. Pero se equivocaron: los niños no podían disimular su asombro cuando lo vieron por primera vez. Se convirtió en la comidilla de todos. Cada vez las bromas eran más pesadas.

A uno de los que más le afectó la presencia del pequeño fue a su hermano, quien vio a sus mejores amigos burlándose. Ese día, después de la escuela, el hermano  llegó muy triste a casa. Su mamá  le preguntó qué le pasaba. El niño le confesó que se avergonzaba de ser pariente de alguien así, que no entendía por qué lo habían puesto en su misma escuela, si él no era un niño normal. Que la gente se burlaba no sólo de Tony, sino de él por ser su hermano. A lo que la madre le respondió:

“Hijo, no sé por qué Tony tenía que nacer así. Pero sí sé algo: tu hermano tiene una misión muy especial en este mundo”.

Tony cree que esa tarea es llevar esperanza a la gente que se siente afligida, que piensa que sus fuerzas no son suficientes, que sienten que no son los más guapos, ricos o talentosos.

Mientras contaban su testimonio, iba interpretando sus canciones. Cada letra estaba relacionada con una parte dolorosa, pero también feliz de su historia.

No sólo tocaba la guitarra como un genio, sino que cantaba con el alma, desde adentro, desde donde duele. No faltaba el escéptico que se acercaba a ver si ese “mocho tocaba de verdad el instrumento”.

Junto a él, otro guitarrista y un baterista, quienes también lo apoyaban en los coros. Además de canciones de adoración y alabanzas, Tony interpreta otros géneros. Fue así como cerró el concierto, o mejor, la charla musical con su tema favorito: La Bamba.

Antes de empezar su presentación, nos metimos al camerino y nos recibió amablemente, y a pie descalzo.

¿En qué momento supo que la música era su mejor manera de vivir?
-¿Sabes? Ha habido momentos que me lo han hecho sentir: una vez estaba tocando en la calle y muchísima gente iba pasando y se detenía a escucharme. Una persona se quedó casi dos horas conmigo y al final me dijo: ¿Quieres ir a comer? Otro fue cuando el papa Juan Pablo II se brincó a darme un beso. Nadie esperaba eso, ni yo. No ha sido uno, más bien varios.

¿Cuándo descubrió el instrumento?
-Mi papá tocaba guitarra y mi mamá cantaba. Creo que de ahí vino todo. Y bueno, los mejores conciertos son cuando me estoy bañando.

Todos tenemos una visión personal de Dios, ¿cuál es la suya?
-El papa Juan Pablo II me dijo: 'Tony eres esperanza'. Y desde ese momento comencé a viajar como loco, pero me daba cuenta de que la gente esperaba algo más de Tony Meléndez. Ese es el mensaje: una persona sin brazos logra tocar la guitarra. Lo ven como un milagro. He conocido muchos lugares y se han abierto muchas puertas por una palabra: esperanza.

¿Cuál es el lugar más bello que ha conocido?
-Me encantan las playas. Me gusta Cartagena, la gente, el agua, la cultura. No tengo uno, pero sí cada vez que estoy cerca al agua, y también puedo estar en la arena a píe descalzo.

¿Cómo fue la sensación cuando vio por primera vez a su hija?
-No pudimos tener niños, así que adoptamos. Cuando vino Marissa a la casa, la primera vez (ahora tiene 20 años) y me dijo: 'papá', el corazón de Tony Mélendez bailó. Esa palabra fue muy especial.

¿Cuál es la experiencia más conmovedora al consolar a alguien que está sufriendo?
-A veces no sé qué decirles. Quizá con una canción es suficiente. En momentos de tristeza, la música trae alegría. La experiencia más fuerte fue cuando visité en México una casa donde todo el mundo tenía sida. A medida que yo entraba a una habitación, se iban complicando los casos. Me acuerdo que el último cuarto era el de los bebés con VIH. Me dio muy duro, porque ellos eran portadores sólo porque mami y papi tenían la enfermedad. Al final, mueren los tres. Ese momento me tocó el corazón.

Para Tony, ¿qué es la felicidad?
-Mi esposa, mis niños, el beso que me dio el papa Juan Pablo II.

¿Para qué le sirve la música?
-Me está ayudando a darle comida a mi familia, a conocer el mundo. 

¿Cuál es la parte más divertida de su oficio?
-Los conciertos.

¿Y la más harta?
-La fama es linda y horrible a la vez. Linda porque te abre puertas, y horrible porque no te dejan en paz.

¿Cuál es la canción que al escucharla lo hace mil veces feliz?
-(Carcajadas) Tiene que ser La bamba

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