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Un artista atrapado entre chatarras

Por: Sofía Flórez Mendoza

En la calle Real de El Espinal, a unos cuantos metros del legendario Castillo de San Felipe encontramos, a ‘Lucho’. Así le dicen cariñosamente. Es un vecindario de clase media, tiendas de barrio, talleres de automóviles y ventas de patacones concurridas por taxistas, obreros y  trabajadores. Bajo el lema “Recicle por el planeta”, sobre el azul de una fachada, ‘Lucho’ mantiene abierto el portón de su chatarrería para recibir recicladores callejeros, empresas o personas del común con ollas, laminas, varillas, sacos llenos de papel, hasta aires acondicionados y cualquier cosa de metal. 

Sí, ‘Lucho’ es chatarrero. Hace muchísimos años. Aquí huele mucho, mucho, a oxido. Y hay una pequeña ‘montaña’ de chatarra. Desperdicios, pensaría yo. Es de tarde y, con mi llegada, los dos únicos trabajadores detienen la potente cortadora de aluminio. No llevo material para ‘cambiar’, yo solo pido hablar con el dueño. Uno de los trabajadores se levanta -sucio hasta los dientes-, luego me enteraría que se llama Ricardo Marimón y que lleva 10 años laborando ahí, y me lleva hasta la oficina de ‘Lucho’. Bastó un solo toque en una pequeña puerta polarizada y protegida por una reja de hierro, para que se asomara.

El hombre extiende la mano con gesto duro y seco.

-‘Siga’, me dice

Tiene voz aguda y desconfianza en la mirada.

***
La chatarra es un negocio del que viven desde recicladores hasta empresarios.
Anualmente, en el país se mueve un millón de toneladas de esta materia prima. Colombia, exporta la mayor parte de cobre y aluminio de Latinoamérica. Tener chatarra no se traduce en suciedad pero sí en dinero.

Luis Alberto Naranjo, ‘Lucho’, tiene chatarra. Pero no quiere decir cuánta. Es el menor de una extensa familia de diez hermanos del matrimonio de Rafael Naranjo y Martha Pérez. A causa de la violencia dejó su natal Medellín a los 18 años para radicarse en Cartagena, con algunos parientes. A sus 49 años, ya son 13 en frente de la chatarrería a la que bautizó ‘Al paisa’, ‘paisa’ por su origen, ‘al’ para aparecer de primero en el directorio, confiesa.
Luis, un metro sesenta y tres de estatura, se pasa la mano por su monocromático cabello y me dice:

“Soy de Medellín, pero yo soy un antioqueño-cartagenero porque llevo muchos años viviendo en Cartagena. Desde niños estamos con este negocio, desde que se hizo la represa de Guatapé, por ahí como desde el año 73, yo conocí este negocio cuando mi papá empezó a comprar chatarra a una empresa de Antioquia”.

Frente a la chatarrería en El Espinal, se parquea un automóvil del que baja un joven con algunos utensilios. Negocia con Ricardo, el mismo trabajador que me recibió al llegar. Según como esté el precio del dólar, asimismo sube o baja el precio de la chatarra. El joven recibe finalmente 15 mil pesos que son entregados por Melisa, la secretaria y segunda de los tres hijos de Luis.

-¿Cuánto me daría por un kilo de papel en estos momentos?, le pregunto a Luis.

- 400 pesos

-¿Y por uno de cobre?

-El cobre es el de más valor, $13.500 un kilo, me dice, sentado frente a un escritorio adornado con llaves, donde reposan dos gatos, una cámara de seguridad que apunta hacia mí, un computador con una partida de ‘Star craft’ detenida y, extrañamente, una cajuela con decenas de pinceles.
En una repisa al costado de la oficina hay tres bustos de adorno y un búho.

-¿Sabe quiénes son esos?, me interroga.

-Falcao, Cuadrado y Will Smith, si no me equivoco

- Atinó, responde sonriendo.

En las paredes hay varios cuadros, pero uno de ellos llamó mi atención por su originalidad. Es un mar con una ola en alto relieve. Entonces resulta que ‘Lucho’ no es un simple chatarrero. Además es un artista, empírico, y su oficina también es un estudio creativo.

- A mí me gusta hacer cosas que no se hayan visto, dice orgulloso mientras me muestra un video de una balsa de cartón hecha por él, con la que navegó la bahía de Manga.

Solo pudo estudiar hasta primero de bachillerato, fue el mejor en matemática en todo el colegio, pero como todo buen paisa aprendió a sortear la vida entre muchas ocupaciones. Ha sido comerciante, montador de caballos de paso fino, soldador, tapicero y artista, porque esa es su pasión más profunda, crear cosas.

- La gente está equivocada, el conocimiento no se da por un colegio, hay personas que entienden la naturaleza de las cosas y esas son las que tienen más conocimiento, hay unas que estudian toda la vida y no saben nada, ni lo que estudiaron. Yo no he necesitado estudio, mi mejor maestra ha sido la vida. Escucharlo decir estas palabras resulta sorprendente, para una persona que a simple vista se muestra ruda y cuadriculada.

Desde pequeño ha sido amante de los deportes y de crear cosas con el material que reciclaba su familia, se pasaba horas diseñando desde carros con baterías hasta pinturas. Aunque nunca pudo seguir una carrera artística, hace un poco más de diez años alterna su vida entre la chatarrería y el arte, lo cual lo alejó del alcohol.

“Yo estaba viejito, tomaba trago hasta 15 días seguidos. El arte me ayudó a salir de eso, admite mientras me muestra el segundo piso hecho completamente por él con material reciclable y donde, además, tiene bloques de papel prensado resistentes al calor, termo acústicos, que hizo hace más de cinco años”.

“La gente me decía que cómo iba a haber una chatarrería de dos pisos, pero para mí no hay nada imposible, ¿ve ese portón? Ese también lo hice yo, ahora estoy creando en mi casa en Turbaco un nuevo portón que le aseguro a nadie nunca se le había ocurrido. A mí no se me da muy bien expresarme, pero yo lo hago por medio de mis creaciones”.

Antes, ‘Lucho’ necesitaba hasta tres meses para terminar un busto, ahora quince días le son suficientes para producir uno de calidad, solo necesita papel reciclado, pinturas, pinceles y un poco de arcilla o porcelanicron para hacer un acabado más estético.

“Vivir entre material reciclado es lo que ha hecho posible que yo pueda hacer arte y yo pienso que todas las personas deberían reciclar, aunque usted no lo crea todo lo que la gente bota puede tener una función o sacarle provecho, por lo menos yo, mire todo lo que hago”.

Además de los 15 cigarrillos que fuma diariamente, ‘Lucho’ dedica el poco tiempo libre que le queda a  instruirse y perfeccionar su arte.

“Fíjese que de la nariz a la mitad de la boca hay cuatro partes iguales, la mitad del ojo cae a la terminación de la boca y que entre los dos ojos cabe exactamente otro ojo. Eso yo no lo sabía, pero a mí me gusta investigar y hacer las cosas bien”, intenta explicarme al tiempo que afuera, en el radio de los trabajadores, suena ‘La Píldora’, del difunto Sayayín.

¿Pero entonces, si le gusta tanto, por qué no se dedica solo al arte?

- Yo quisiera irme para una finca y hacer arte y cosas bonitas pero tocaría tener mucha plata porque aquí desgraciadamente trabajamos para la corrupción…Pero ojalá pudiera dedicarme solo al arte, sería muy feliz.



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