"Un buen político es como un artista"

12 de enero de 2014 12:02 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Mucho más allá de los matices políticos, Enrique Peñalosa Londoño dejó entrever su “obsesión” -como el mismo la llama- por el servicio.
También se puede adivinar el coraje de seguir una vocación hacia la creatividad urbanística, lo que significó avances en movilidad nacional como el primer Sistema Integrado de Transporte Masivo del país (Transmilenio) y la disposición de ciclorrutas, durante su administración en 1998, en Bogotá. Estrategias que han sido reproducidas en todo el país.

Evitamos, sin ningún pacto previo ni explícito, tocar temas de campañas, debates, amistades políticas y candidaturas.
El ex alcalde aceptó entrar de buena manera a escenarios más familiares y personales, espacios desde los que revela sus aficiones, sus primeros contactos con Cartagena en dónde donde pasó la temporada de fin de año, y sus paraísos insospechados.

¿Usted nació en Washington (EE.UU.)?

- Sí porque mi padre era un profesional joven y trabajaba con el Banco Mundial (BM). Pero estuve sólo como dos meses. Crecí en Bogotá hasta los 15 años. Después mi familia volvió a Washington, mi papá fue a trabajar al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), así que terminé el colegio en Washignton. Entre otras, después obtuve una beca por jugar fútbol en la Universidad Duke, Carolina del Norte, en Estados Unidos, durante 7 años. Luego estuve en Francia tres años más. Es decir, yo duré desde los 15 a los 25 años por fuera del país. En París estudié Administración y Administración Pública, allí hice una maestría y un doctorado.

¿Qué empleos tuvo durante esa época?

- Trabajé más de dos años, de tiempo completo, como obrero raso de construcción en Washington. Tan raso era que yo era el único no afrodescendiente. Eso entre vacaciones y después de terminar la universidad. (En EE.UU.) Trabajé limpiando pisos en restaurantes, de mesero, limpiando platos, vendiendo zapatos. En París trabajé todos los años de portero de noche en un hotel. Cuatro noches cada semana, y tres a la siguiente. También limpié bandejas y pisos en un Dunkin’ Donuts. De día trabajaba en el BID de asistente de investigación y de noche en el Dunkin’ Donuts. Trabajé en mil cosas. En la tienda Seven Eleven que la tienen abierta las 24 horas. No es el cuentico del que va y trabaja dos meses, fueron años.

¿Cómo influye la política en su formación?

- En mi infancia todo fue al rededor de eso. Mi padre fue político elegido al Concejo en las listas de Carlos Lleras Restrepo (Presidente durante 1966 - 1970). Era un súper ejecutivo. Un adicto al trabajo. Él estaba obsesionado con el tema público, con el país. En mi casa el tema nunca era los negocios ni lo privado, sino cómo había que desarollar el país. Además, cuando yo era niño mi padre estaba en el Incora. Estaba incorando fincas de los políticos tradicionales, latifundistas, y era el coco de esos políticos. Obviamente compañeros míos del colegio, que pertenecían a muchas de esas familias que estaban incorando, me empezaban a dar en la jeta... (ríe). Tuve que tener una consciencia política desde muy niño.

En Cartagena la gente identifica, entre múltiples problemas, la seguridad y la movilidad como los principales, ¿Cómo ve usted la ciudad en esos aspectos?

- Primero, la seguridad urbana es la máxima prioridad para que pueda haber civilización, inversión y desarrollo económico. Es un derecho vivir sin miedo y se nos olvidó meterlo en la Constitución. Cartagena es un desastre en eso. Está llena de pandillas.
Pero entonces la seguridad urbana tiene que ver con todo, con trabajo social, barrios bien hechos, parques. Creo que un campo de fútbol con pasto sintético e iluminado produce más seguridad en un barrio que una estación de policía. Obviamente el campo es el hardware y falta el software, que es organizar campeonatos, talleres infantiles de futbol.
La ciudades del futuro deben estar forradas en cámaras. Ahora hay unas tecnologías espectaculares. Que no se mueva una hoja sin que quede filmado, así le afecte la privacidad a la gente. Tal vez en 100 o 150 años, que tengamos seguridad total, podemos preocuparnos de la privacidad.

¿Y en cuanto a la movilidad?

- Desde el punto de vista de la movilidad hay unos planes muy locos. Me opuse en todos los tonos al Túnel de Crespo. Lo que debía haberse hecho, a un costo mucho menor y mucho mejor para la ciudad, era una ampliación de la Calle 70 desde la cabecera de la pista (del Aeropuerto) hasta La Santander. Podría haber sido una avenida de cuatro carriles. Obviamente hay que tener Transcaribe hacia la zona norte, tanto por la Vía del Mar como por La Cordialidad.
Hay que tener un cuidado enorme porque hay propuestas clasistas e irracionales que sólo apuntan a hacerle más espacio a los carros, en contra de la calidad de vida, y además no resuelven nada.

Son ridículos los que proponen un puente de la Base Naval hasta Manga porque no va resolver nada. Y más ridículos los que proponen conectar con un puente a Bocagrande con Tierrabomba, porque eso destruiría a Bocagrande. Además, lo peligroso que es hacer ese tipo de ampliaciones sobre el mar, porque el océano tiende a recuperar sus terrenos y después cuesta una millonada mantenerlas.

Pero hay gente que propone locuras como hacer una avenida de 6 carriles por la Primera de Bocagrande. Lo que hay que hacer es meter el Transcaribe en la Avenida San Martín y ya en la última etapa del (Hotel) Caribe puede meterse por una vía ampliada y especial por la playa. Tierrabomba hay que desarrollarlo con ferry y, en el largo plazo, con un puente, sólo para buses, cero carros, que vaya desde mamonal, no desde Bocagrande. Hay que hacer un súper malecón sin los carriles para carros, mejorar la calidad de los espacios peatonales frente al mar.

¿Y qué me dice de las ciclorrutas en su visión de la ciudad?

- Nuestra Administración (1998-2000) comenzó a hacer ciclorrutas diez años antes de que hubiera en Londres, París o Nueva York. Hicimos más de 350 kilómetros de ciclorruta e incluso la palabra la inventamos para diferenciarla de la ciclovía del domingo. Una ciudad como Cartagena necesita ciclorrutas, aún en los extremos más lejanos. Creo que el 90% de los viajes que se hacen aquí, se harían en menos de media hora en bicicleta. Los trabajadores se ahorrarían el 20% de su ingreso mensual. ¡Eso es toda la plata del mundo!

Pasemos de la planeación urbana a su primer contacto con Cartagena.

- Yo soñaba con conocer el mar. Algunos amigos, cuando tenía como 12 años, me habían llevado, de Cartagena a Bogotá, caracoles del mar. Los echaba en un acuario que teníamos. Un día mi padre me dice: ‘Vamos pa’ Cartagena’. Ese día no dormí en toda la noche de la emoción y salimos como a las 4 de la tarde del día siguiente en una avioneta que se demoraba como dos horas y media. Aterrizamos en una noche sin luna.

Cogimos un carro con las ventanas abiertas y notaba que a la derecha estaba el mar y olía raro. Llegamos al Hotel Americano que es hoy el Almirante Cartagena, en ese entonces el mar llegaba hasta el hotel. Yo quería bajar a la playa a coger caracoles pero mi papá era muy rígido y me dijo que después de comida, y luego me dijo que mejor al día siguiente. Yo ni me podía dormir. Al otro día me despertaron a las 4:30 a.m. y nos fuimos en campero a María La Baja (Sur de Bolívar) a unos proyectos de mi padre y allá nos recogió la avioneta. ¡No pude ir a la playa, ni lo vi, ni nada!

Pero me imagino que ha tenido tiempo para desquitarse...

- ¡Sí, claro! Después venía porque pasaba mis vacaciones en la finca de un tío que cultivaba algodón en San Pedro (Sucre) y veníamos al Hotel Caribe y era el paraíso terrenal.

Venía al festival de Música del Caribe cuando se hacía en la Plaza de Toros, y eso era maravilloso. Ya no vengo mucho porque mi trabajo es asesorar ciudades por todo el mundo. El año pasado estuve en Brasil, Rusia, India, China, Irán, México, en todas partes.

¿Qué lugares frecuenta o qué le gusta hacer aquí?

- Cuando vengo me gusta recorrer los barrios populares. Me encanta ver la gente que se sienta afuera de las casas. Me gustan las bicitaxis. Salgo a caminar por el borde del mar, en el centro. También me quedo mucho tiempo en el apartamento del Centro y trabajo debajo del árbol de mango.

Es famoso el atraco que le hicieron aquí en 2007.

- Sí. Iba con un escolta y le había advertido que si nos atracaban no fuera a hacer nada. Nos atracaron en Loma Fresca. Me recorría todos los barrios a pie y en bicicleta, lo sigo y lo seguiré haciendo.
¿Cuál es su paraíso personal o sus paraísos?

- Uno como político tiene dos mundos: el privado y el público. Pero a uno lo reconocen mucho y eso es muy agradable. Es muy estimulante pero a la vez te quita privacidad. Disfruto mucho ir a la panadería, al restaurante popular. Antes de venir a Cartagena, estuve paseando con mi hijo en el Quindío, íbamos los dos solos en un carrito y parábamos en cualquier sitio.

Me gusta ir en bicicleta a la Calera (Bogotá) y llego medio muerto. Allá hay una señora que vende jugos y arepa. Cuando logro hacer eso, sé que todo va a estar bien el resto de día.

¿De qué cree que está hecho un buen político?

- Uno bueno tiene que tener una pasión. Es como un artista. Tiene que tener un sueño de una sociedad más feliz, eso es lo que tiene que moverlo. Tiene que estar más obsesionado con su visión que con su poder, y como un buen artista tiene que tener conocimiento. No sólo el talento es suficiente.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS