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Un ejemplo sin límites

Al principio, Sara no sabía cómo hablarle a Juan. Temblaba apenas con acercarse… Y no, no es que le tuviera miedo: ella no sabía si le iba a hablar bien… ¿Ellos sí me entenderán? ¿Y si no me escucha? De pronto lo que le digo le suena muy complejo… pensaba ella. Detrás de cada pregunta, había un prejuicio dañino reforzado por años: las personas con Síndrome de Down son diferentes, y diferentes en el peor sentido: “inferiores”.

Pero él la abrazó y derrumbó esos tontos prejuicios. Sara aprendió a ver en los ojos pequeñitos de Juan a un ser amoroso, humilde e inocente. Valiente. Trabajador. Talentoso. Capaz.

Pongámosle apellidos y actualidad a esta historia: ella es Sara Rumié Espinosa y él Juan David Zuluaga Bedoya, los creadores de la imagen de las Fiestas de la Independencia de Cartagena 2017.

Ella, paisa. Él, cartagenero. ¿Cómo conspiró el mundo para que se conocieran? La historia es genialmente diferente.

Bendito destino
Sara nació en Medellín el 7 de enero de 1988, apenas tenía siete meses cuando sus papás decidieron venir a vivir a Cartagena, pero ella nunca dejó sus raíces paisas, en cambio encontró la forma de mezclarlas con la calurosa cultura Caribe. Estudió en el Gimnasio Cartagena de Indias y cursó diseño gráfico en la Colegiatura Colombiana de Diseño, en Medellín. Se fue Barcelona a hacer una maestría en ilustración y diseño gráfico, regresó a Cartagena en 2011 a trabajar independiente…

Desde Barcelona, el destino travieso comenzó a meter su mano para juntar a Sara y Juan.

Resulta que un colega y muy buen amigo de Sara, Nelson Correa, trabajaba en esa ciudad española y lo invitaron a dictar un taller en una agencia de creativos llamada Casa Carlota. Cuando llegó, Nelson se encontró con un mundo extremadamente diferente, en el mejor sentido de la palabra: “superior”. Él entró y justo dos creativos llegaban… uno se bajó de un monopatín y el otro de una bicicleta… los dos se quitaron los cascos y Nelson vio que tenían Síndrome de Down. En aquella agencia había también hombres, mujeres, jóvenes, viejos, europeos, latinos, autistas… ¡Era un paraíso de creatividad tan diverso como el mundo mismo!

¿A quién se le pudo ocurrir una idea tan fantástica? Precisamente a Carlota, una creativa que quedó embarazada y tuvo a un bebé con Síndrome de Down. Ella estaba tan angustiada por el futuro de su pequeño… “Mientras yo viva, le daré todo pero… ¿qué será de mi hijo cuando yo no esté?”, pensaba, y fue tan valiente como para convertir esa preocupación en una respuesta: hay que permitirles demostrar sus talentos, hay que abrirles las puertas al universo laboral y creó la Casa Carlota en 2014… “Un estudio de diseño único en el mundo y genialmente diferente”, dice su página de internet.

Volviendo a Nelson… dio el taller y ofreció trabajar ocho meses gratis con una sola condición: que le dejaran montar su propia Casa Carlota en Medellín. Y adivine qué: ¡Lo hizo!

Mientras tanto, Sara se la pasaba trabajando entre Cartagena y Medellín, y en una de esas idas, se encontró con Nelson y le rogó -dice ella- que le permitiera entrar a ese mundo mágico que era la Casa Carlota… Y ahí está. Empezó a trabajar con creativos, diseñadores, productores audiovisuales. Con un chileno autista que es “adorable y atento”, dos hermanos con un retraso mental y dos chicos con Síndrome de Down… y uno de ellos era Juan David, un cartagenero que brilla por su amor desinteresado, ignorante de las segundas intenciones, que le encanta dar abrazos a todo el mundo. Que, siempre que se presenta, dice: “Me llamo Juan y tengo novia y es muy linda”. Sara supo que Juanda -como ella le dice- es cartagenero porque él se la pasa hablando de Cartagena y de sus murallas, del Centro, de su gente bella… De su inmenso orgullo por haber nacido en La Heroica.

Cada cosa encaja tan bien, que parece que un libretista hubiera escrito la historia: Juan era un cartagenero locamente enamorado de su cuidad, Sara quería participar en la convocatoria del Instituto de Patrimonio y Cultura para ponerle imagen a las Fiestas Novembrinas… a ella se le prendió el bombillo y Juan aceptó trabajar en una propuesta para 2017. Él dibujó a la bailarina y escogió los colores. Ella le dio los toques finales, la digitalizó, le agregó la estrella que está en nuestra bandera, entre los dos crearon la tipografía… en fin, ¡ganaron!

Sara dice que aún no lo puede creer. Juan se puso alegre, pero, como no conoce de egos, se puso a trabajar enseguida. El miércoles, cuando les entregaron el premio en la Alcaldía de Cartagena, Jaun llegó abrazando al celador, al alcalde… Sara parecía más bien tímida.
“Verás, nunca había conocido a una persona con Síndrome de Down, ni los veía por la calle, con autismo, con retraso mental, por eso al principio no sabía cómo hablarles en la agencia, pero he aprendido tanto de ellos. Uno debería abrazar más, ser más cariñoso, no preocuparse tanto por las taras, los tabúes, ser más felices, e ir tranquilos por la vida, eso he aprendido de Juan. También he aprendido de este proyecto que cuando uno es diseñador, escritor o lo que sea, uno tiende a ser muy perfeccionista. ¡Ay, no, esto está mal! O: ‘yo debería ser como Tal diseñador que admiro’… no, en vez de preocuparte por lo que en verdad sabes hacer. Entonces, lo que me enseñaron ellos es a ser un poquito más auténtica, a no preocuparme por ser perfeccionista… y eso también se buscó en el afiche. Si lo ves, está hecho de rayones, no hay líneas rectas y qué importa, está bien. Juan no necesita de mi ayuda, él es feliz y punto, no necesitan mi aprobación, yo sí necesito su ayuda… Ellos me hicieron el favor a mí, me están ayudando a ser mejor”, dice Sara.

Epílogo
Juan no estudió diseño, su talento es innato, ayudado por talleres de la Fundación Artesas. Vive hace algunos años en Medellín y está trabajando en la Casa Carlota por su talento. “No es como decir: ‘ay, por ahí va un pelaíto con Síndrome de Down, dibuja’... no. Él se lo ganó, es un trabajo que requiere disciplina, compromiso, horarios, metas, de sueños”, dice Sara, y, a propósito: ¿cuál es su sueño? Crear su Casa Carlota en Cartagena.

“Cuando aprenda todo y salga adelante, me quiero traer este proyecto para Cartagena -habla Sara-. Aquí hay más talento, más creatividad que se puede… ¿explotar? No, explotar es una palabra muy fea…

-¿Descubrir? -intervengo-.

-Sí, eso: descubrir.

Y descubrir que en esta historia no hay lástima ni menosprecio es importante. A las agencias de Barcelona y Medellín aún les cuesta convencer al cliente de que sus creativos sí son capaces de hacer un trabajo de calidad. Y por eso esa cumbiambera del afiche de las Fiestas de la Independencia 2017 es tan importante: demuestra que sí se puede, que sí hay talento en los chicos y chicas con trastornos como Síndrome de Down, que la diferencia no es mala. Que aceptar la diferencia nos hace superiores. Superiores, en mayúscula, en el mejor y más amplio sentido de la palabra. 



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