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Un joven genio frente a su piano

Una madrugada despertó a sus padres a sus tres años, tocando la puerta como si fuera su timbal. Tamborileaba el aire y mordía los sonidos con la lengua afuera. El niño soñaba con ser Tito Puente y su canción Ran Kan Kan revoloteaba en el cielo de su boca, y su timbal resonaba en la mitad de sus sueños. Al músico le contaron que en Cartagena, había un niño prodigio del timbal que quería conocerlo, y un mediodía lo llamó para decirle que le regalaría un timbal de colores. El timbal llegó a su casa del barrio Los Alpes. Pero su sueño era conocer a Tito Puente.

Cristian Job del Real Barreto (Cartagena, 1989), era apenas un niño de cinco años cuando Don Francisco, el famoso presentador de televisión chileno lo invitó a su programa Sábado Gigante, quien le dio la segunda y tercera sorpresa de su vida: conocer a su ídolo Tito Puente. Y tocar esa misma noche con Tito Puente la canción Ran Kan Kan. Desde ese entonces, las estrellas de la salsa miraron a la figura maravillosa del niño conocido como el prodigio del timbal. Alternó con Celia Cruz, con Óscar de León y las leyendas vivas de la salsa, e interpretó un clásico del jazz, “Manteca”.

¿Pero cómo surgió esta maravilla musical? De la tierra cultivada y amorosa de sus ancestros artísticos, de su padre el gran Víctor “El Nene” del Real, compadre y cómplice creativo de Joe Arroyo, que antes de ser pianista fue timbalero. Y de su madre Lily Barreto, que desde aquel amanecer de timbales, se convirtió junto a sus hijas y toda la tribu, en impulsadores de la genialidad musical del niño. Lily tiene un parentesco político con el compositor Adolfo Mejía,

Un día viajé en el mismo vuelo a Bogotá con el niño Cristian y en todo el trayecto iba tamborileando el brazo de su silla, y convirtiendo luego, su maleta en tambor. Su madre me dijo que todo lo que tocaba lo convertía en tambor. Hasta los trastos de la cocina de la casa. Muy pronto, la vida del niño cobró un destino vertiginoso en conciertos, presentaciones y entrevistas de televisión. Pero el niño no dejó de ser el niño de barriada. Solo que un niño que tuvo que inventarse un cuaderno de juegos, para encontrarse cada sábado con sus amigos que lo reclamaban. Cuando le preguntaban qué quería ser cuando grande, no dudaba en decir: “Quiero ser Tito Puente”. El Rey del Timbal se convirtió en su padrino y en el amigo que lo llamaba por teléfono a la salida del colegio, para festejar la música.

El destino de Cristian siguió los pasos trazados por su padre: un timbalero que se convirtió en pianista. Pero Cristian buscó además el sendero del conocimiento universal de la música. Así que un día, al verlo Raimundo Angulo, decidió otorgarle una beca del Concurso Nacional de Belleza, para que continuara sus estudios musicales. Comenzó por prestarle el piano de cola del teatro municipal que en ese entonces se llamaba Teatro Heredia.

Un sendero de premios
A sus 17 años, en forma autodidacta, estudió piano y conoció el repertorio de los grandes maestros. Se sentó a descifrar lo que había creado Beethoven, Mozart y Bach. Comprender las raíces y los sonidos del Viejo Mundo, sin perder la conexión con el mundo musical del Caribe.

En 2008, Cristian obtuvo la beca del Concurso Nacional de Belleza e inició estudios en la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, de Bogotá, en donde se graduó además como Maestro en Música Área Mayor en Piano. Desarrolló un esquema intenso de estudios en piano, teoría y composición, siendo alumno de la destacada maestra Pilar Leyva Durán. Bajo su tutoría ganó en 2009 el segundo lugar en el XIV Concurso Nacional de Piano en la Universidad Industrial de Santander. Ganó un premio de piano interpretando la obra de Maurice Ravel, Gaspard de la nuit, seguida de la Sugestión Diabólica No. 4 Op.4 de Sergei Prokofiev. En 2012 ganó el I Concurso Internacional de Piano UIS, máximo galardón a jóvenes pianistas del país. En 2013 ganó el Premio Especial en el Festival de Piano de Bogotá. En 2014 ganó el Tercer Puesto en el Concurso Chopin Colombia. En 2016 tocó en varios recitales en el Teatro Cajamag en Santa Marta, en donde recibió el Premio “Pescaíto Dorado”, como personaje nacional. En 2017 ingresó a la Maestría Musical en la Universidad Eafit. La Fundación Marín Vieco, que dirige el artista, vitralista y músico Jorge Marín Vieco, ha acompañado, apoyado y respaldado al músico cartagenero en sus conciertos en Medellín.

Beethoven descifrado

Cristian se graduó de Magíster en Música en Medellín, el 6 de junio de 2017, con honores y las más altas calificaciones, en la Universidad Eafit, con un concierto sobre la obra de Beethoven y una investigación sobre las sonatas para piano de Beethoven, tesis escrita que fue publicada en la Revista de Investigaciones de la Universidad Eafit, un exhaustivo ensayo crítico e histórico sobre las obras tempranas del genio alemán.

Eligió para su grado, la pieza más exigente del repertorio de Beethoven. La sonata “Hammerklavier”, bajo la dirección de su maestra, Blanca Uribe.

El análisis de estas sonatas “nos dio como resultado una nueva manera de ver el estilo beethoveniano en el instrumento”,  puntualiza Cristian. “Resaltan su búsqueda temprana por la composición y lo determinante que fueron estos primeros ensayos para él en aquellos días”.

Epílogo
El timbal no ha sido olvidado. Promete volver a integrarlo a su proyecto musical. Sueña con seguir estudiando la música del mundo, realizar conciertos como pianista clásico en paralelo con el timbal. Cristian es becario del Concurso Nacional de Belleza, entidad que lo ha apoyado en su trayectoria de estudios y especializaciones. Ha participado en festivales de música clásica, jazz y salsa en varias ciudades y escenarios de Estados Unidos, entre ellos, en el Madison Square Garden en Nueva York, cuando era un niño, al lado de Celia Cruz y Tito Puente. Se siente al piano como si el tiempo aún no hubiera transcurrido. Como si Beethoven regresara a su patio cartagenero con una partitura y lo sedujera con la misma fantasía con que alguna vez lo maravilló Tito Puente.



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