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Un poeta bajo la luz de sus sueños

A veces cuando duerme escucha la voz de una mujer que insiste en susurrarle metáforas, y al despedirse dice llamarse Aniquirona, tejedora incesante, al pie de un río que parece corriente de sueños: Rogitama.
Winston Morales Chavarro (Neiva, Huila, 1969), vinculado a la Universidad de Cartagena, desde hace una década, es un poeta, narrador, ensayista, catedrático y viajero insaciable. En 2016 ganó el I Premio Internacional de Literatura David Mejía Velilla, con su poemario ¿Adónde van los días transcurridos? En 2017 la traductora polaca Bárbara Stawicka-Pirecka tradujo y publicó su poemario Aniquirona(1998)

En los últimos años ha sido escritor visitante e invitado de universidades en Polonia y Estados Unidos. Recientemente hizo un recital en la Universidad de Harvard.

¿Cuándo sintió el deseo implacable de escribir por primera vez?
-Llegué a la poesía desde antes de conocerla como oficio o como escritura. Cuando era niño, me apasionaban mucho los sonidos. Mis padres siempre han sido amantes de la música y a través de la música tuve una proximidad con la estética de los sonidos. Pero no hablo de música clásica, ni de Chopin o Rachmaninov, a quienes admiro desde siempre, sino de la música popular, las baladas de los años 60, 70 y 80. Por esa vía llegué a Roberto Carlos, a Leonardo Favio (a quien admiro también como cineasta), a Palito Ortega, a Miguel Gallardo y un largo etcétera. Luego me acerqué al rock en español y tuve una banda de rock en Neiva, alrededor del remoto 1985. Fue la música y también mi gusto por las grandes novelas de aventuras lo que me llevó inexorablemente a la escritura como acto creativo; desde antes vivía ensimismado en las sustancias sonoras de la naturaleza, del mundo y de la noche. Fue entonces cuando tuve la necesidad de escribir y de construir con palabras lo que nunca pude reproducir con instrumentos musicales.

¿Qué experiencia de infancia marcó su espíritu hacia la escritura?
-Más que un impulso hacia la escritura, en mí se dio una aproximación a lo desconocido; de allí mi delectación por lo oculto, lo extraño, lo cifrado. Corría el año 1974 (quizás 75) y mis padres y yo habitábamos el segundo piso de una casa de familia. Tengo la certeza porque mi hermano no había nacido y yo a él le llevó seis años de diferencia; es decir, yo podría tener cuatro o cinco años. Mis padres eran dos jóvenes que apenas comenzaban y no tenían nada de lujos. Yo dormía en medio de ellos en una cama doble. Ahora no recuerdo si en el apartamento había otra habitación o si yo tenía cuna, pero lo que tengo muy claro, como si hubiera ocurrido anoche (si es que acaso las cosas no siguen ocurriendo), es que me desperté en medio de ellos con la intención de buscar la bacinilla, la cual estaba en uno de los costados de la cama, y al mirar hacia el recipiente me encuentro con la particular presencia de un gato negro bebiendo los orines que allí se encontraban. El niño que yo era no hizo ninguna asociación con el color del gato o con el concepto que del animal se tiene. El caso es que al sentirse sorprendido, el gato brincó encima del lavaplatos y desapareció misteriosamente por la rendija del lavabo. Nunca les conté esto a mis padres (no creo haberlo hecho) pero desde ese momento me ha llamado poderosamente la atención lo oculto, lo metafísico, lo esotérico. Ahora, es probable que todo haya sido un sueño, lo cual demuestra que desde muy niño tengo un vínculo muy fuerte con lo onírico, aunque estoy casi seguro que no obedeció a una experiencia onírica, sino a un fenómeno absolutamente auténtico. Desde allí, desde experiencia literaria o no, giré todo mi interés hacia el acto creativo espiritual.

¿Qué autores y libros fueron decisivos en sus inicios?
-Son muchos los escritores a quienes conocí a través de visiones oníricas. Te nombro a tres fundamentales: William Blake, Antonin Artaud y William Butler Yeats. Muchos años después llegué a Wisława Szymborska. Es decir, supe de ellos en el plano onírico antes de conocerlos en el plano material. Ahora, en el plano terrestre y del ahora, han sido fundamentales Albert Camus, Gérard de Nerval, Oscar Vladislas de Lubicz Milosz, tío del premio Nobel de Literatura polaco Czesław Miłosz, y, por supuesto, Wisława Szymborska. También tuve una proximidad muy fuerte con Joseph Conrad y mucha literatura esotérica y ocultista. El libro que más he leído es “El extranjero” de Albert Camus.

Desde su primer libro de poemas hasta hoy, ¿qué unifica su universo creador?
-La dulce Aniquirona, Schuaima (su reino) y Alexander de Brucco (quizás mi alter ego). Alexander de Brucco es un personaje que recrea, deconstruye y crea un universo nuevo a partir de la presencia y de las apariciones oníricas de Aniquirona, una mujer que me hablaba en sueños y de quien nunca pude ver el rostro. Él es un amanuense de lo que ella me habla y dicta y ella es el motor que impulsa el acto creativo. Es decir, podría decirse que las visiones oníricas son un puente entre el plano suprafisico y el físico y que Winston Morales Chavarro usufructa y goza en el plano terrestre vivencias y recordaciones de Aniquirona y de Alexander de Brucco.
Además de estas experiencias entre el poeta, su alter ego y la dulce Aniquirona, también me apasionan la historia, la mitología y la naturaleza.

Cuéntenos, ¿cómo surgió Aniquirona?
- Corría el año 1990. Estudiaba Comunicación social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y una noche, mientras dormía, una voz me habló dentro del sueño y me dijo: ve a la otra habitación y allí encontrarás algo que te pertenece. Yo me desperté dentro del sueño (como cajas chinas o un juego de espejos) y me encontré en la otra habitación con un libro azul sobre una cama. Al tomar el libro descubrí que su nombre era –es– “La dulce Aniquirona”. Me desperté en el plano físico, terrestre, escribí en una libreta de apuntes que siempre guardaba debajo de la almohada el nombre soñado y seguí durmiendo. Al despertar en la mañana para ir a la universidad, busqué en el diccionario, pero nunca encontré una definición para Aniquirona ni para el misterio que ella envolvía. La dulce Aniquirona apareció en 1990, pero apenas se materializó como libro en el año 1998. Ahora, casi 20 años después, “La dulce Aniquirona” ha sido traducida al francés, al alemán y al polaco, y me llena de mucho orgullo decir que la traducción al polaco fue realizada por la académica y traductora Barbara Stawicka-Pirecka, quien ha vertido al español al escritor polaco Czesław Miłosz, premio Nobel de Literatura en 1980, y a otros poetas, polacos y catalanes. Además, el libro fue editado en los talleres de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan, una universidad a 13.000 kilómetros de mi ciudad natal.

¿Qué experiencias fantásticas ha vivido en Polonia y en su reciente viaje a Estados Unidos?

-Supongo que el sueño de todo escritor es leer en diferentes escenarios y ante diferentes públicos. En mi viaje a los Estados Unidos tuve la fortuna de que la XII Feria Internacional del Libro de Lawrence, Massachusetts, fuera este año dedicada a mi obra y a la del escritor dominicano Jorge Piña. Fue una experiencia maravillosa compartir lecturas con escritores de la talla de Pilar Quintana, Jorge Aristizábal, Carlos Aguasaco y Diego Alejandro Jaramillo, además de artistas extranjeros como el reconocido cineasta mexicano José Luis García Agras. En Lawrence, Massachusetts, recibí honores de los Senadores y Representantes a la Cámara del Estado de Massachusetts y también por parte de la Alcaldía de Lawrence, Massachusetts, lo cual, sin duda, es un gran honor y una gran satisfacción, pues no sólo estuve en la Feria Internacional del Libro de Lawrence, Massachusetts, sino que también leí en el Instituto Cervantes de la Universidad de Harvard, en el Northern Essex Community College, en la Universidad de Salem y en el Merrimack College. En cuanto a Polonia, ya son cuatro veces las que visito este país maravilloso, donde he tenido el honor de leer y compartir mi obra en las universidades de Varsovia, Cracovia, Wrocław, Poznań, Zielona Góra y Szczecin y en los gimnasios públicos No. 44 de Varsovia y Santa María Magdalena de Poznań. Una cosa bastante curiosa es que en la Biblioteca Pública Municipal C. K. Norwid de Zielona Góra hay una fotografía de Winston Morales Chavarro como visitante ilustre de este escenario, lo cual me llena de mucho orgullo y satisfacción.

¿Cuál es el lugar del mundo donde ha sido absolutamente feliz?

-Schuaima, siempre he sido feliz en Schuaima, el gran reino del más allá, el mundo de Aniquirona. En cuanto a los planos físicos,he sido muy feliz en Polonia, en Cartagena de Indias y en la Universidad de Cartagena, lugar que me acogió hace más de diez años.

Epílogo

Dice que es un hombre “de dormir poco y de soñar mucho”. Despierta temprano, dialoga con Dios, prepara el desayuno para él  su hijo, le da de comer a su gato Slash y sale para la Universidad de Cartagena. En las tardes  toma café. Es su único vicio. Regreso a casa a leer, calificar y preparar clases. Prepara la cena, lee literatura o filosofía y se acuesta muy temprano. Relee lo escrito, corrige y vuelve a la escritura.
Sumergido en el sueño, la mujer que teje sin cesar, hilvana para Winston, con paciencia y sin mostrarle el rostro, las sílabas de una futura metáfora. Despierta golpeado dulcemente por esas voces que vienen de la memoria y del tiempo. En su rostro se adivina un susurro de aguas que fluyen hacia el poema.



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