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Un sueño a ciegas

Más que ser una persona victimista, Karen Margarita Álvarez Marrugo está agradecida con la vida y con todo lo que ha tenido. Ha vivido sus 26 años a ciegas.

Nació a los seis meses de gestación con retinopatía de la prematuridad, una enfermedad ocular causada por el desarrollo anormal de vasos sanguíneos en la retina del ojo en bebés que nacen antes de tiempo.

Decidió contar su historia no para generar lástima, sino para hacer valer sus derechos y también los de todas las personas que como ella presentan alguna discapacidad.

No ve su condición como una limitación para llevar una vida normal o que le impida estudiar o trabajar - su anhelo en estos momentos -, pero sí como una barrera para ser aceptada, no por las personas, sino por organizaciones que no quieren o no tienen las condiciones para acoger a gente como ella.

“Siempre he querido estudiar fisioterapia. Ese es mi sueño. Fui a la única universidad de la ciudad que ofrece ese programa y cuando iba a pagar la inscripción me dijeron que no lo hiciera porque no sabían cómo iban a trabajar conmigo. Me dolió, pero no pude hacer nada”, cuenta Karen.

Tiene claro que podía demandar para lograr su objetivo, muchas personas se lo aconsejaron, sin embargo, es de las que considera que no se debería recurrir a una acción legal para gozar de educación, un derecho fundamental. “No creo que para ser aceptados debamos obligar a la gente”.

En 2013 empezó a estudiar una carrera técnica en servicios turísticos, pero no ha podido obtener la certificación que la acredita como tal debido a que no le han dado la oportunidad de hacer prácticas.

“Estudiaba en el Centro y me iba sola, con mi bastón -cuenta Karen-. Mi mamá a veces me acompañaba a coger el transporte. Allá algunas veces conseguía quien me ayudara, otras no. Pero me aprendí el camino. De regreso mis compañeros me acompañaban. Los profesores se sorprendían conmigo porque veían que yo tenía ganas de estudiar y de salir adelante”.

A pesar de todos los obstáculos, sabe que la educación es el camino para mejorar su calidad de vida y ayudar a su madre. No pierde oportunidad de hacer cursos y aprender todo lo necesario para sobrevivir en este mundo que, cada vez más tecnológico, todavía excluye a quienes carecen de alguna facultad física.

“Cuando estaba en la primaria y el bachillerato aprendí con el sistema braille. Uso los computadores con un programa que se llama Jaws (lector de pantalla para ciegos o personas con visión reducida), que convierte el texto que sale en la pantalla en audio. Sé manejar bien el computador gracias a ese programa”.

Aunque ciegos, sus ojos están llenos de ilusión y felicidad, esa que expresa, sobre todo, cuando habla de su familia, de sus amigos y de todo el cariño que ha recibido de parte de quienes la rodean.

“A veces me da tristeza al ver que van pasando los años y no he logrado lo que he querido. No me imaginaba que a esta edad iba a estar sin trabajo. Mi proyección era tener una carrera. Creí que mi vida iba a ser mejor, muchísimo mejor que como estoy ahora, pero sería desagradecida al decir que estoy mal”.

Karen vive junto a su madre, Shirley Marrugo, en el barrio Escallón Villa, en la avenida El Consulado, en una casa amplia, aunque no lujosa. Todo está muy limpio y organizado. Sobre un sofá, ella narra su caso mientras revisa su celular. ¿Cómo puede hacerlo? Se escucha una voz cada vez que mueve la pantalla. Pero no se entiende. Es como cuando dejas oprimido el botón "adelantar" en un audio.

“Uso mi celular con un programa que tienen los teléfonos Android. Con esto puedo usar mi celular, revisar mis redes sociales y saber qué me escriben por chat. Me va diciendo todo lo que sale en la pantalla. Se escucha así rápido porque le puse esa velocidad para que los demás no se enteren de mis conversaciones”, dice y se ríe.

Reconoce que muchas personas en condición de discapacidad sí han podido estudiar y trabajar, pero está convencida que el apoyo no ha sido suficiente. “Deberían tenernos más en cuenta, porque nosotros también necesitamos oportunidades para salir adelante y realizarnos como personas y como profesionales”.

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Comentarios

Grandiosa

Estimada Karen: ¡qué gran ejemplo de superación eres! Yo sé que Dios te tiene preparadas grandes cosas, porque personas con ese corazón como el tuyo se lo merecen. Te felicito.