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Un viejo y perdido camposanto

Lo poco que queda de él son cinco cruces en piedra que se resisten a caer, maleza, un árbol casi seco que se mantiene en pie y el pequeño fragmento de una lápida en el que se lee ‘1912’. Fue construido hace más de 120 años.

Atrás quedó ese lugar “sobrio y bonito” que recuerdan quienes vivieron cerca de él. Cuentan que cada nicho estaba rodeado de una verja de bronce, que sus lápidas de mármol permanecían intactas con los nombres de sus difuntos y que un olivo longevo, en uno de sus costados, lo hacía lucir enigmático y austero.

Es el ‘Cementerio inglés’, que abandonado a su suerte en el sector de Matute, en Turbaco, justo enfrente del que fue el primer acueducto de Cartagena, coloquialmente llamado ‘la poza de Matute’, esconde con misterio historias, restos e identidades de quienes, alguna vez, trabajaron en la construcción del Ferrocarril Cartagena-Calamar, que se inició en 1889 y terminó en 1894, cuando se inauguró.

Los historiadores estiman que el cementerio pudo ser construido hacia 1890 en medio de discrepancias religiosas: para esa época la Iglesia católica no permitía que “protestantes” fueran sepultados en los cementerios de la ciudad.

“Samuel McConnico, que era el gerente del ferrocarril, trajo muchos trabajadores norteamericanos. Algunos no se adaptaron al clima, padecieron fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales, y cuando se empezaron a morir él los trasladó al cementerio de Manga, pero debido a la restricción por parte de la Iglesia católica, compró ese terreno en Turbaco y construyó el cementerio”, apunta la historiadora del Museo Histórico de Cartagena, Marisel Montero.

En el libro ‘Turbaco en la historia’, Alberto Zabaleta Lombana, deduce que, teniendo en cuenta acontecimientos de la época, en ese camposanto también reposarían cuerpos de “empleados contratados para las obras del acueducto Cartagena-Matute”, que estaban a cargo de una compañía inglesa representada por Arturo J. Rusell en 1892, de acuerdo con el artículo ‘La Odisea del Acueducto’, del arquitecto investigador Jorge Sandoval Duque.

¿Inglés o norteamericano?
El ferrocarril Cartagena-Calamar fue construido por una compañía de Boston, Estados Unidos, llamada Cartagena Magdalena Railway Co, y no por una firma inglesa, lo que hace suponer a los investigadores que sus trabajadores eran norteamericanos.

“El nombre ‘Cementerio inglés’ tiene mucho que ver con la tradición oral. ¿Qué pasó? La gente lo bautizó así por los nombres y los datos de las lápidas, que estaban escritos en idioma inglés, la gente se fue familiarizando con eso y quedó así… No hay garantías de que haya algún inglés enterrado allí. Muchos deben ser norteamericanos e incluso jamaiquinos, porque también los trajeron para construir el ferrocarril, pero al parecer ahí se enterraban a muchos que no pertenecían a la religión católica y pueden haber, incluso, turcos, que se dedicaban a comerciar”, explica la historiadora Montero.

Pero hay otra creencia. José Vicente Mogollón, historiador, señala que los ingleses, quienes tenían una compañía que había comprado el Ferrocarril de Bolívar, que quedaba entre Barranquilla y Sabanilla, vinieron y también compraron el de Cartagena.

“Algo importante... la compañía de Boston, cuando compró la concesión del Puerto de Cartagena, en 1889, no solamente compraba el derecho de ser un muelle sino que se quedaba con la concesión portuaria de toda la bahía para tráfico internacional, no para cabotaje, y entonces, cuando los ingleses compraron el Ferrocarril Cartagena–Calamar en 1906, se quedaron con el cementerio, por eso no le dicen cementerio de los tipos de Boston sino de los ingleses, quienes estuvieron manejando el ferrocarril hasta 1940, cuando lo cuando lo compró el Gobierno Nacional, que creó Ferrocarriles Nacionales de Colombia, y lo mantuvo hasta 1951, cuando levantaron los rieles”.

Su deterioro
De aquel camposanto histórico se ha escrito muy poco y ahora casi nada se sabe. Los embates del tiempo, la naturaleza y la maldad han ido borrando sus huellas. Tal vez lo único que queda, bajo tierra, son los restos de aquellos extranjeros desconocidos.

“Cuando visitamos el cementerio, con mi papá, estaba bastante enmontado, aún quedaban restos de una especie de cerramiento metálico, cruces y lápidas, algunas deterioradas por el tiempo y otras, por los vándalos, pero aún conservaban un orden. En 1991 obtuvimos una relación de 10 o 12 tumbas que aún eran visibles”, apunta 

el arquitecto Alberto de Jesús Zabaleta Puello, quien acompañó a su padre a recolectar información para el libro ‘Turbaco en la historia’, que tiene los siguientes datos incompletos encontrados en su momento:
Jack Haggett – Died Nov. 2 1893
John Carroll – Died April 2 1894
Robert Corbin – Died June 30 1894
M. Trevillian – Died Sept. 15 1898
Arthur G. Galliard………………..
…..............................1912

Zabaleta (hijo) agrega que “esas leyendas urbanas de que también había oro enterrado, han propiciado acciones por parte de la gente, que ha ido a excavar en busca de algo que no existe. Esa es la causa principal de que ese vestigio se haya perdido, porque entraron a romperlo”.

En una visita en 1992, la historiadora y directora de la Fototeca Histórica de Cartagena, María Teresa Ripoll, anotó: “Hay un total de cinco lápidas de cemento, una en el suelo, a 15 metros de distancia. Están bajo tres árboles centenarios: un guásimo, un olivo y un carito. Solo se pueden leer las inscripciones en tres tumbas, y dicen:
1. N. Trevillian - Died Nov. 1900; 2. John Phillips - Died September 15, 1899; y 3. John Carroll - Died April 12, 1884. Hay una cuarta lápida en la que solo se ve Ber 1912.

Cabe anotar se presentan diferencias en las fechas, que se pueden justificar debido al estado y deterioro de las lápidas”.

Un patrimonio subvalorado
El arquitecto Zabaleta afirma que, desafortunadamente, en Turbaco no han habido administraciones preocupadas por la cultura.

“Turbaco tiene una serie de monumentos importantes e interesantes, que están desapareciendo porque no están siendo protegidos. Quienes hemos trabajado en eso y hemos hecho investigación no encontramos apoyo de las autoridades... Se está permitiendo, de alguna manera, el deterioro de mucha arquitectura de valor patrimonial. Sería fantástico recuperar ese sitio, que por cierto, está frente al primer acueducto de Cartagena y se incluyeran dentro de una ruta turística. Turbaco tiene todo un potencial y el cementerio es parte de ellos”.

Y el ‘Cementerio inglés’ es solo uno de los tantos vestigios que dejó el Ferrocarril Cartagena-Calamar, un tren que llevó prosperidad y bonanza a los pueblos que conectaba mediante sus rieles.



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Comentarios

Buen articulo

Muy buen articulo que nos muestra parte de hechos históricos y poco conocidos.

Recomiendo el libro Turbaco en la historia

Recomiendo mucho leer el libro Turbaco en la historia. Me imagino que fue (o aún es) de obligatoria lectura para los turbaqueros, la verdad es que el libro enseña el protagonismo de Turbaco en la historia de Colombia y la región, así como de su relación con Cartagena en épocas de la colonia, como en épocas republicanas. Muy buen libro.