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Una ama de casa que se convirtió en actriz de cine

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Ella dice que no sabe cómo ocurrió todo, pero ya ha trabajado como actriz en dos películas.

Es Ada Vergara de Solano, una ama de casa, nacida en Cartagena, madre de tres hijos y abuela de tres nietos, quien una tarde mientras jugaba cartas con sus amigas fue sorprendida con la llamada que le hicieron a una de las amigas invitándolas a participar en el casting de la película María llena eres de gracia.

Ada se acordó de sus tardes de teatro en el colegio cuando era niña y de los eventos culturales de clausura del año en la que salía a representar junto a su hermana gemela Teresa Vergara. Le dijo a su amiga: “Yo me le mido a la actuación”. Fue una provocación y un arrojo que recuerda muerta de la risa. Al casting se presentaron centenares de señoras y Ada Vergara fue escogida para una escena a bordo del avión que cumplía la ruta Bogotá-Nueva York. Y al lado suyo iba la actriz Catalina Sandino que representaba a María llevando droga en su estómago. Cuando Ada leyó el guión de lo que le tocaba, sencillamente tenía que meterle conversación a la joven de al lado. “Esa soy yo”, dijo de inmediato. “Para mí no fue nada difícil porque yo siempre le meto conversación a la gente que se sienta a mi lado en los aviones. Soy dialogante y conversadora como somos en Cartagena. Pero en la escena de la película la joven no me respondía a nada de lo que le yo le hablaba. Cuando le tocó llenar el papel de emigración me preguntó cómo hacerlo y yo le ayudé a llenarlo. Le dije que el viaje era muy largo y había que comer algo, pero ella no quería comer.  La escena es un tanto tensa porque a bordo iban otras muchachas que llevaban la droga en su estómago. Una de ella se pasó a mi puesto en un instante en que me paré a ir al baño, y tuve que decirle que ese era mi puesto.

Al principio, no sabía cómo contarle a mi marido Marco Aurelio Solano, ingeniero electrónico, nacido en Pasto, que había participado en el casting, hasta que él mismo cogió una llamada y sorprendido me preguntó: Ada, cómo así que tú andas  en un casting?  Yo le dije sin saber qué decirle: Mira, ese es un berroche de estas amigas, pero tú crees que van a escogerme a mí?  Me llamaron por segunda vez para un segundo casting y le conté a mi hijo: ¿Qué le voy a decir a tu papá? ¡Me han escogido!

Hasta que un domingo a las 3 de la tarde recibí la llamada del director de la película, Joshua Martson, porque quería conocerme personalmente. Yo me dije: Miérdale y yo que no sé nada de inglés! Le dije a mi hijo Juan Pablo que tenía que ayudarme. Me sentía la loca de la casa. Le dije la verdad: ¡Me han escogido para una película! ¿En serio?- me preguntó mi marido. Tanto tiempo como ama de casa y de pronto saltar al estrellato no era fácil. Así que Joshua Martson me conoció y me preguntó si tenía disposición de tiempo para la filmación. Le dije que sí, que solo estaba preparando una salida a la playa con los nietos, pero no tenía nada que impidiera ese trabajo. Me miró y reparó pendiente de cada una de mis palabras y mis movimientos. No sabía qué hacer. Era como si estuviera bajo una mirada inquisidora. Al final, me entregó un papel para que lo firmara. Era el contrato. Mi papel sería el de Carolina, la mujer que le mete conversación a María en el avión. Tuvimos seis días de filmación y eso se reduce a unas escenas en la película. Le dije al director si podía decirme mejor Carola en vez de Carolina. Pero se impuso Carolina. Me preguntó qué problema tenía con el nombre de Carolina y le dije que era un nombre muy común. El de Carola me devolvía a Cartagena. Las escenas de filmación fueron en Quito y en locaciones del interior de Colombia. Un día les propuse llevarme a mi hijo Juan Pablo que tenía 15 años y lo escogieron como uno de los pasajeros que va en el avión. Por lo que le pagaron se compró su primer celular. En verdad, al director le hacía gracia la manera cartagenera de hablar y el sentido del humor. Se reía cada vez que yo cantaba Burundanga le pegó a Muchilanga. El día que conocí a Catalina Sandino, una niña querida y bien puestecita, estaba muy triste porque no la habían escogido en un casting para una telenovela entre un centenar de participantes. Y se presentó para María llena eres de gracia, y la escogieron. Le dije que uno no sabe cuando le llega la buena hora.

Cuando mi marido vio la película estaba enmudecido, concentrado y a punto de decir algo. Le pregunté: ¿Cómo te pareció mi actuación? Él me respondió: Ada, no actúas ni sobre actúas, esa eres tú. ¡Así que lo has hecho bien!

Del éxito de María llena eres de gracia hasta hoy, han ocurrido muchas cosas. Mi hijo Juan Pablo Solano se convirtió en director y productor de cine. Estudió cine en Buenos Aires y ahora los dos hemos venido al Festival de Cine de Cartagena (FICCI) 2012 al estreno del filme Sin palabras, bajo la dirección de Diego Ana Sofía Osorio y Diego Bustamante Acosta, en la que Juan Pablo es el productor y donde yo hago el papel de Azucena, la dueña de una ferretería y madre de un muchacho que se enamora de una joven china perdida en Bogotá.

Los dos jóvenes directores presentan su primera película que tiene un tema poco común: es una historia de amor entre un joven bogotano y una joven china, que intentan comunicarse más allá de la barrera idiomática. Yo como madre del muchacho en la película, le doy consejos porque él tuvo una frustración con otro amor, una alemana que se le fue.

En el estreno en el Centro de Convenciones, le preguntaron a Juan Pablo de  dónde había sacado a Azucena, y él que es muy serio respondió con humor: ¡En mi casa! ¿No ves que ella es mi mamá?



Epílogo

“Eso no se pregunta”, me dice Ada cuando le pregunto la edad y me responde: “¡Todos los años!  Me siento súper joven. Y voy sacudiendo el tiempo!

Sí, con el humor y el desparpajo de una ama de casa que se ha convertido sin imaginarlo en actriz de cine.

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