Una artista en los confines de la carne

10 de junio de 2018 12:00 AM

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Martha Amorocho (Cartagena, 1971), tiene casi veinte años de estar investigando como artista, la violencia de género, las violaciones y las discriminaciones.

En ese universo singularmente doloroso ha estado navegando en los cauces y en las profundidades, abordándolo desde todas las vertientes estéticas, hasta derivar en los senderos impredecibles de la ciencia, la sociología, la psicología, la filosofía y la neurología.
Gracias a su obstinación de creadora indagante, culminó un libro sin antecentes en las artes de Colombia: Hasta los confines de la carne. Estética de lo irrepresentable. O la memoria traumática frente a la violencia sexual’, publicado en 2018 por Apidama Ediciones, en edición bilingüe (francés-español) y con prólogo de la filósofa Martha López.

“Hasta los confines de la carne es el título de este libro, escrito por una mujer dotada de una gran sensibilidad artística”, precisa la filósofa Martha López.

“Ella ha sabido visibilizar lo que se oculta detrás de la mirada, que desentraña lo que permite la aquiesciencia social y la complicidad silenciosa con estos victimarios, ellos son el producto mortal del patriarcado insidioso y desprovisto de toda ética humana”.

Y agrega con sabiduría la prologuista: Martha Amorocho “interroga a la sociedad que minimiza la violación y el dolor, organizando la impunidad de los victimarios”.

¿Cómo  surge este interés por investigar desde el arte, las violencias extremas contra las mujeres?
-Este trabajo es una tesis de creacion e investigación que presenté en la Universidad de La Sorbona, en París, pero desde 2000 vengo investigando la violencia de género. Quise visibilizarlo desde el arte porque es una problemática universal que se ha banalizado. No lo he vivido yo. Lo he estudiado a través de muchos testimonios. Una  experiencia traumática de una violación convierte al ser en una persona inaccesible. El cuerpo violentado intenta defenderse. El organismo tiene su mecanismo de defensa. Pero la memoria traumática se encapsula. En los ‘escaneos’ que se hacen de cerebros de mujeres violadas, se demuestra que ese cerebro se ha transformado, luego de una violencia extrema o un acto de tortura. El escáner revela el cambio de espesor del cerebro, la parte fisiológica y las fallas en las conexiones internas de ese cerebro de un ser que ha sufrido una violanción. Es tan fuerte el bloqueo, que el hipocampo no alcanza a procesar la información. Esa memoria encapsulada, es como la caja negra de los aviones en el cerebro humano. Mi trabajo, que empezó desde el arte, ha tenido que sustentarse en un contexto científico. La violencia transforma por siempre a ese individuo. La metafomorfosis será por siempre. Me han servido mucho los textos científicos de Muriel Salmona.
Cuénteme, ¿cómo fue el proceso hasta llegar a su libro Hasta los confines del cuerpo?
- Con este libro quise llegar hasta lo más profundo de los confines de la carne. En 2007 O 2008 yo hice una exposición en España, que estaba acompañada de textos. Tuve que leer al psicoanalista Jacques Lacan, y a los psicólogos Didier Anzieu, Julia Kristeva, al investigador social David Le Breton; en las artes, a Murielle Gabnebin, estudiar a los artistas Yayoi Kusama, Louise Bourgeois, David Nebreda y Roman Opalka.
Hubo una época en que yo estaba en la pintura clásica, en el óleo sobre lienzo, en la fotografía, pero fue un tiempo de transición. Fui a Londres a un master en creación, hice instalaciones y acciones artísticas. De Londres pasé a París”.

El cuerpo, a fondo

En su ensayo sobre los confines del cuerpo, la artista Martha Amorocho construye una tesis sobre la violación y la sustenta con rigor científico y con imágenes fotográficas y artísticas de su creación personal. Hay imágenes que son estremecedoras, como la realidad del ser violentado. Son fotos creadas por Martha con señales de agresión y tortura en el cuerpo, e imágenes en las que las mujer desnudas que aparecen sin rostro, desafian su propío dolor. La cabellera sacudida al viento y al infinito. Los cuerpos que emergen del agua entre flores son la alegoría de lo inmaculado que no ha sido transgredido.
La estructura del ensayo científico-artístico se inicia con ‘Querida carne: límites transgredidos, cuerpos maculados’. Prosigue con ‘La carne de la verguenza: trauma, repetición, creación’, transcurre en ‘La carne abierta: emociones en carne viva: cuando la carne se vuelve mundo’. ‘Estética del cuerpo sufrido’. Y se sumerge en capítulos  sobre Los intersticios de una memoria muerta (de la memoria traumátioca. Una parada en  ningún lado),  los imaginarios de la muerte, la  carne domada, la carne ficcionada, Naturaleza muerta o crisálida, Encarnaciones: el cuerpo auto-ficcionado, entre otros.

El libro logra integrar la perspectiva artística y científica, y genera en su investigación, un cuestionamiento ético y moral a la sociedad en general que minimiza el dolor de la violación.

Martha Amorocho aborda esa violación como pintora, fotógrafa, videísta, y va más allá de los lenguaje artísticos, incursionando con rigor en la creación de un discurso complejo, en que se trenzan diversas disciplinas como la sociología, la psicología y la filosofía.

Lo insoportable de un evento tan violento, disuelve simbólicamente los límites psíquicos y corporales de la persona que lo padece", afirma Martha.

"El mutismo se instala. ¿Cómo entonces formular, en lo más cercano de su fuerza, una elocución visual sobre lo irrepresentable de la memoria traumática, si su condición primera es ser inefable?”.

 

El libro fluye enriquecido con imágenes que reflejan el dolor encapsulado, y las diversas formas como el cuerpo y la mente batallan para liberarse de ese tormento que marca la existencia para siempre.

Otras ventanas

El cuerpo ha sido en Martha, un pasaporte legítimo para explorar la conciencia humana, las fragilidades del ser, los contrapuntos entre la inocencia y la violencia. Ella no se queda en las orillas. Ella navega en los confines más herméticos y recónditos del ser.

¿Cómo fue esa experiencia de pintar sobre la piel de hombres desconocidos?
- Fue una experiencia de tres meses y con siete hombres desconocidos que elegí al azar, pero los escogía para mi propuesta estética. A cada uno le preguntaba qué parte del cuerpo querían que le pintaran. Eran tatuajes efímeros de los cuales yo hacía fotos para mi trabajo. Esta serie artística la titulé: “Esta obra está inacabada. Necesito voluntarios”. Hubo unos que querían dibujos eróticos sobre su piel. Fue un experimento creativa, breve pero significativo.
¿Qué le aportó la experiencia inglesa en su formación?
- El viaje a Londres me cambió la percepción del arte. Yo venía de Cartagena con el óleo y punto. Me abrí hacia otros campos. Conocí el trabajo de la artista argentina María Ezcurra, y de Maider López.
¿Qué extrañaba de Cartagena en Londres y París?
-Siempre extrañaba la manera de ser de la gente de Cartagena. El calor humano. Muchas veces me encontré con latinoamericanos en Londres o París, y ese mismo calor humano los identificaba. Uno podía conocer a un francés o un inglés. Pero un latinoamericano siempre te daba la impresión de que lo conocías de toda la vida. Esa era la diferencia.
Y ahora que regresa a Cartagena, ¿cómo percibe a los nuevos artistas y al movimiento cultural?
- Tenía 18 años de estar fuera de Cartagena. Regresé hace dos años, soy docente en Bellas Artes, en Unibac, y encontré una gran energía, un gran deseo de crear entre los jóvenes, unas ganas tremendas de lograr cosas, abrir espacios. Cada joven tiene su interés particular e individual. Percibo positivamente este movimiento que vive Cartagena.

Epílogo
El cuerpo ha sido su obsesión, pero el paisaje violentado que ella ha dibujado, fotografiado, pintado, y abordado en sus instalaciones y acciones, revela su pensamiento sobre las violencias extremas contra la mujer y la actitud pasiva de la sociedad contemporánea que banaliza o hace invisible el dolor de las agresiones. Con su actitud se pone del lado de los agresores.

Marta Amorocho es una artista que genera pensamiento sobre esa realidad de la violencia extrema que requiere una mayor conciencia y sensibilidad de los ciudadanos. Un dolor que está en el cuerpo vulnerado y en los circuitos secretos del cerebro. Un dolor que toca al ser, a la familia y a la sociedad.

Martha es hija de pedagogos jubilados: de Manuel Francisco y América, que han formado a varias generaciones.

Ella lo hace también con su sensibilidad singular y su gran capacidad de percepción de la realidad, desde los senderos del arte.

Señales de la artista

Martha Amorocho, artista franco-colombiana, nace en Cartagena de Indias en 1971.

En 1998 realiza una Maestría en Artes en Chelsea College of Arts and Design, experiencia que la lleva a ahondar en otros soportes.

En su obra más reciente, involucra dibujo, pintura y fotografía para desarrollar una temática artística abiertamente feminista.

Ha participado en exposiciones colectivas e individuales en Colombia, Francia, Inglaterra, Canadá y España. Reconocida a través de diversos premios, su obra forma parte de importantes colecciones, como las del Banco de la República, Museo de Arte Moderno de Cartagena y Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, entre otras. Ha sido docente en distintas universidades del país.

La autora trabaja el tema de la violación desde el año 2000, profundizando de manera teórico-plástica, más específicamente sobre la relación que se teje entre arte, memoria traumática y violación. Así, a partir de diversos estudios, y enfatizando en las graves repercusiones de estos actos violentos a nivel psíquico, comenzó a cuestionarse a través de su propia creación artística, sobre las transformaciones y traumatismos, padecidos por la persona violada.

La presentación del libro en el Museo de la Presentación en Cartagena, contó con el diálogo con la investigadora Ladys Posso.

 

 

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