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Una noche con los 'ángeles de la calle'

 

-¿Todo bien?
-Gracias a Dios, mi hermano.
-¿Cómo te llamas?
-Miguel Ángel Franco. Me dicen el Campi. Tengo 38 años.
-¿De dónde eres?
-¿Yo? Soy de la calle papi. Duré un poco de años preso. Llegué a la calle después de la muerte de mi padre. Me lo mataron, era presidente del sindicato de Electrocosta. Yo soy es nativo. Todos tienen que copiarme (hacerme caso). El que vea vendiendo la comida tiene problemas conmigo.¡Párenle bola!
-¿Por qué estuviste preso?
-Tengo un poco de procesos, papi. Muchos problemas. Ahora es que no uso el pelo rasta, por mis hijos. Mi vida anterior era de problemas. Ya mis amigos todos están muertos.

***
Los ángeles son de carne y hueso. Visten de blanco y andan en camionetas. Son cuatro mujeres que parecen ‘enviadas de Dios’. Lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, con ayuda de muchas otras manos, dan consuelo a corazones desolados. Bautizaron su misión divina con el nombre terrenal de ‘María Revive’. Su radio de acción: la avenida del Lago, el Mercado de Bazurto y la Pedro de Heredia. Población de trabajo: unos 150 habitantes de calle. A ellos, cada noche, les llevan algo de comida. Esta noche, también vamos el reportero gráfico y yo. Venga con nosotros.
- Tu nombre...
-John Jairo Murillo
- ¿De dónde eres?
-Tumaco, Nariño.
- ¿Cómo llegaste acá?
- Era comerciante y me vine de allá. Pero cogí el camino de la droga.
-¿Sigues en ese camino?
- Bueno, yo pronto voy a dejarlo. No sé. Nos dijeron que ahora que venga el papa van a cambiar nuestras vidas, vamos a ver si es verdad.
Es miércoles y la misión de hoy comienza frente del Complejo de Raquetas. Esos ángeles de carne y hueso son esperados en toda la avenida del Lago, algunos habitantes de la calle salen de las penumbras de los manglares para recibir la comida. Y llegamos al borde de la Ciénaga de las Quintas. Ahí está John Jairo Murillo, tirado casi sobre una cama de basuras. Consume en segundos el menú: arroz, carne, lentejas y plátano maduro. Su lengua intenta explicar, entre el laberinto de alucinaciones, que es de Tumaco, que consume ‘patra’, que lleva 20 años durmiendo con el cielo de techo y agradece por los alimentos. Algunos perros hurgan entre la misma basura, a centímetros de él. Su compañero solo ríe. John Jairo aprieta la cuchara, con sus manos tan sucias como el piso, y se despide.


***
-¿Cuál fue tu primera misión?
-Cuando vi una chica en el Parque de Bolívar, hace dos años. Era una indigente, empecé a darle cariño y amor. Logré, con el Dadis, meterla en una clínica.
- ¿Qué pasó después?
- Ella no era drogadicta. Resulta que recuperó su memoria, era una arquitecta venezolana, vivía en Barquisimeto (Estado Lara), había salido a una clase de natación, pero no tomó una pastilla, y nunca regresó a casa. Contactamos a la familia, se llama Delimar, ya está recuperada y en casa.
La obra de esta católica, que rescató a la venezolana, se fue uniendo con las de otras tres creyentes, que también trabajaban por ayudar a habitantes de calle. Entre ellas conformaron la obra social de María Revive. “Comenzamos a repartir comida en diciembre de 2015. La comida no es la misión, es el gancho, la misión es ayudar a estos pelaos, al que está enfermo, al que quiere recuperarse. Hay unos que hemos devuelto a sus casas con sus familias. Otros se han internado en clínicas donde se desintoxican. Una de ellas superó su drogadicción y ahora es una líder”, me comentan.
***
Llegamos a la rotonda de Bazurto. Hay unos 15 habitantes de calle esperando y las misioneras aprovechan para orar. Las reciben con abrazos y alegría. Al fondo se escucha el sollozo de un anciano que estalla en llanto, su familia no lo quiere. Lo consuela el sacerdote Elkin Acevedo, director de Pastoral Social que esa noche acompaña la misión. “Es un adulto mayor de 62 años que no quiere estar en la calle. Vamos a tratar de ubicar a su familia y hacer el seguimiento al caso”, cuenta el padre. 
Yo conozco a dos personajes, al primero de ellos ya lo había visto antes.
-¿Por qué te dicen Chucky?
-No sé, ese apodo me lo puso el difunto Nanán. Me llamo Luis Eduardo Gómez Pérez, soy de San Pedro, Sucre.
- ¿Y por qué estás en Cartagena?
- No sé, problemas con mi padrastro. A veces uno no quisiera salir de sus casas, no es por necesidad ni nada. No me gustaría que un padrastro maltratara a una mamá. Cosas de la vida que uno a veces no puede creer. Así es la vida, pero siempre uno puede salir adelante. Internado o no internado.
-¿Te han internado?
-En Medellín, hace rato. Me interné en un centro de rehabilitación, fue bacano. Duré año y medio. Ahora mismo limpio vidrios, me rebusco todas las noches, duermo por ahí, les colaboro a ellas a reunir el personal.
-¿Qué significan ellas para ti?
-Las quiero mucho, son como una familia. Una bendición maravillosa. Tengo a mi mamá pero no soy compatible con mi padrastro. Pero aquí tengo a un ángel muy especial que quiero mucho, es maravillosa -dice mientras señala uno de esos ángeles que hoy le han llevado comida.
Un hombre, de 70 años, cabellos largos y blancos, come su ración. Es el segundo personaje que conozco en la rotonda. Orlando Araque es su nombre, es de Antioquia, está solo en el mundo y largos años los pasó sucio, consumiendo drogas en la calle. “Hace 15 años me regeneré. Un día miré al cielo, me incliné y dije: ‘Señor, si usted existe, míreme con ojos de piedad y deme el beneficio de no volver a fumar, y cambié’. No me tuve que meter en ningún internado y ya, más nunca, nunca, volví a consumir. Ahora me mantengo limpiecito y trabajo embolando zapatos”.

***
-Ven, mi mono, cómete la comida- dice otra de las mujeres de María Revive, ya afuera del Centro Comercial Colonial, a un lado de la Pedro de Heredia. “Tengo que darle la comida en la boca, porque no se la quiere comer para venderla. Nosotros entregamos las cajas de comida sin tapas porque algunos quieren guardarlas para venderlas”, sostiene.
- “El que no quiera, ya sabe, aquí estoy yo. El que vea vendiendo la comida tiene problemas conmigo.¡Párenle bola!”, repite Miguel Ángel Franco, el Campi, en un lenguaje bastante enredado.
Aparecen otros habitantes de calle. Descamisados, descalzos, sucios, otros mejor vestidos. Otros caminan como dando pasos de bebés. Ellas los aconsejan, abrazan y se despiden hasta su próximo encuentro, la noche siguiente.

Epílogo
Las misioneras de María Revive prefieren mantenerse anónimas, quieren tener un centro para refugio y atención integral a habitantes de la calle. Cuando el papa Francisco llegue a Cartagena, el domingo 10 de septiembre, bendecirá la obra social de estas mujeres que dan mucho de sí sin pedir nada a cambio. Los ángeles se toman las calles noche tras noche, ojalá el papa pudiera venir con ellos...



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