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Una vieja gloria en la distancia

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El nombre de Antonio “Manía” Torres es un icono para los aficionados del béisbol amateur, no sólo en Cartagena, sino en Colombia.

Fue manager reiteradamente de la selección nacional y de Bolívar entre los años 60 y 80, época floreciente de este deporte en el país.
Vivió el béisbol como jugador y entrenador, experiencias que le dieron un conocimiento valioso para ser un estratega de esta disciplina y liderar un puñado de peloteros estrellas que hacían resplandecer el nombre de Colombia en cualquier estadio del mundo.
Como beisbolista, desde los 16 años, jugó en todos los estadios de béisbol de Colombia e integró el seleccionado tricolor amateur en dos series mundiales en Nicaragua, país en donde posteriormente jugaría tres años béisbol profesional; y en diversos juegos Panamericanos, Centroamericanos y Bolivarianos.
Ya como entrenador dirigió la selección nacional en seis series mundiales: Cuba, donde fueron subcampeones, San Petersburgo, donde quedaron en tercer lugar, Colombia, en donde quedaron cuartos, en República Dominicana, en Holanda y en Japón y en una extensa lista de torneos internacionales competitivos y amistosos en diversos países de América.
A sus 80 años, Antonio “Manía Torres” vive, desde hace 17, en New Jersey, con su esposa Rosalba Jurado Roca, con quien va a cumplir 60 años de matrimonio, madre de sus cinco hijos: Hernando, Antonio y Aurelio quienes también viven en Estados Unidos; y Nancy y Rosita, quienes están residenciadas en Cartagena.
Desde Estados Unidos, vía telefónica, Antonio Eduardo “Manía” Torres López habló con El Universal.

¿Quién le puso el remoquete de Manía?
-Ese apodo tiene su historia, mi mamá tenía la casa frente al campo La Matuna, donde practicaban las grandes figuras del béisbol de esa época como Chita Miranda y Andrés “Venao” Flórez y yo crecí viendo a toda esa gente. Me volví un espectador birrioso de esas prácticas desde muy niño y admirador acérrimo del que pienso ha sido el lanzador más grande que ha dado el béisbol de Colombia, Carlos “Petaca” Rodríguez, él tenía muchas manías para pitchear, movía los hombros y la cabeza y a mí se me pegaron todas esas cosas; entonces un amigo de infancia del barrio San Diego me apodó Manía sin pensar que ese seudónimo me iba a acompañar por el resto de mi vida.

¿Cuándo el béisbol empezó a abrirse un espacio prioritario en su vida?
-Cuando me di cuenta que eso era lo que quería para mí. Yo crecí jugando béisbol, desde los 7 años. Mi mamá me envió a los 16 a estudiar bachillerato en la escuela militar de Bogotá y yo sólo hice hasta el tercer grado porque sentí que lo mío era el béisbol. En Bogotá me metí a jugar con el equipo Mandarino y me llamaron para hacer parte de la selección de Cundinamarca que fundó un señor al que le decían el “Cónsul” Zúñiga, hermano de Gonzalo Zúñiga, miembros de la familia que trajeron el béisbol por primera vez a Cartagena. Ese mismo año participé en mi primer torneo nacional amateur que se realizó en Cartagena, donde sorprendentemente quedamos en el tercer lugar, cosa que fue una hazaña teniendo en cuenta que nos enfrentamos a Bolívar, Atlántico y Magdalena. En esa selección de Cundinamarca había varios cartageneros, me acuerdo de Vicentico Martínez, que era short stop y Edgardo Méndez Lozada.

¿Cuál fue su primera serie mundial, como pelotero?
-La décima serie mundial que se jugó en Nicaragua. Precisamente después de la actuación de la selección de Cundinamarca me convocaron para la selección Nacional. En Nicaragua quedamos cuartos. Al regreso de Nicaragua me quedé viviendo en Cartagena y el señor Luis Carlos Mutis me llamó para jugar en Getsemaní. Al año siguiente fui con Colombia a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Guatemala. En ese momento ya yo no daba marcha atrás del béisbol, con dos salidas al exterior ya estaba más que enamorado de este deporte.

¿A qué equipos perteneció?
-Del Getsemaní me fui para el Millonarios, que fue el equipo que más quise durante mi época de pelotero amateur. Era un equipo de mucha garra, parecido a los Yanquis de Nueva York; el dueño era Fernandín Vélez Emiliani, ahí jugaban varios señores de la alta sociedad de Cartagena como el Curro Morales, Antonio Dáger y Alfonso Piñeres. Siendo parte de Los Millonarios fui a los primeros juegos Panamericanos que tuvieron como sede a Buenos Aires (Argentina). Al regreso me contrató Juan González Thorné para jugar béisbol profesional con Los Indios. Ese fue mi primer sueldo gracias al béisbol, me pagaban 300 pesos.

¿Cómo se le presentó la oportunidad para jugar en Nicaragua?
-Con Los Indios jugué una sola temporada. Al año siguiente me contrataron para el equipo Vanytor de Barranquilla, donde duré casi diez años. Estando con ellos me llegó la oferta para jugar en Nicaragua y acepté; entonces jugaba de octubre a febrero con Vanytor y de febrero a septiembre con el equipo Granada de Nicaragua.

¿Y su primera experiencia como manager?
-Se dio en Nicaragua. Yo me fui contratado, por 300 dólares, como pelotero y en el camino del aeropuerto, donde me recogieron, al hotel, me propusieron que manejara al equipo y acepté el reto por 500 dólares. Gracias a Dios me fue muy bien, el primer año quedamos subcampeones, a los tres años tuve que regresarme porque fue el año en el que mataron al presidente Anastasio Somoza y enviaron a todos los extranjeros para sus respectivos países. Continué, entonces, en el Vanytur hasta cuando se acabó el béisbol profesional de Colombia, en esa época. Nos despedimos siendo campeones. Después de eso sí empezó mi carrera como manager en Colombia porque el presidente de la Liga de Bolívar que era Augusto Tinoco Pérez, me contrató para ser el entrenador de la selección Bolívar y en el transcurso de esto, no me acuerdo con exactitud en qué año ni para qué torneo, me nombraron técnico de la selección Colombia.

¿Cuál es su mayor recuerdo de su faceta como entrenador?
-Haber obtenido el subcampeonato en Cuba, jugando contra la máxima potencia de este deporte (Cuba) y haber dirigido a cientos de peloteros que eran unos verdaderos astros. Con toda la experiencia que ahora tengo y los 17 años que llevo viviendo en Estados Unidos observando béisbol de grandes ligas, hoy siento nostalgia de que muchos peloteros nuestros no se hubieran aventurado a ser Grandes Ligas. Muchos tenían las condiciones, pero les dio temor y prefirieron la seguridad de un trabajo estable. Le digo quienes se perdieron de esa oportunidad: Humberto Bayuelo, Eusebio Moreno, el Chino Herrera y yendo más atrás, Óscar Luis Gómez.

Si a usted le pidieran en estos momentos armar una selección Colombia con los peloteros que usted dirigió en ese tiempo ¿A quiénes nombraría?
-Hay varios que ya están muertos, pero de todas maneras se los voy a nombrar porque eso destaca la fe que yo tenía en ellos y, además, le voy a dar varias opciones en cada posición. Como catcher nombraría a Evaristo Martínez (fallecido), El Mello Sierra y Daniel Blanco.
Primera base: Bartolo Gaviria con Regadera Rodríguez y Pompeyo Llamas. En la segunda base, indiscutiblemente a Humberto Bayuelo y Ubaldo Salinas. En tercera base Abel Leal y Milciades Mejía (ya murió). De short stop pondría a Orlando Ramírez, a Luis Herrera y Armando “Pintuco” Llerena (fallecido). Como jardinero izquierdo nombraría a Alejandro Lián y a Óscar Luis Gómez. Como jardinero central a Tomás Moreno y Luis De Arco (Barranquillero). Como jardinero derecho a Luis Escobar y ya déjalo así.

¿Qué opina de los siguientes peloteros?
-Abel Leal: un jugador de un brazo poderoso, buenas manos para la defensiva y disciplinado, era el primero que llegaba a las concentraciones.
-Bartolo Gaviria: uno de los jonroneros de la selección, bateador de largo metraje, lo único era que no corría mucho. (Risas) Cuando íbamos a los hoteles teníamos que gestionarle una cama especial porque en las camas normales siempre le quedaban los pies afuera.
-Humberto Bayuelo: gran compañero, muy inteligente jugando al béisbol, un pelotero que se perdió de ser grandes ligas.
-Alejandro Lián: un pelotero de honor, bravísimo, daba el alma por ganar un juego
-Pompeyo Llamas: mucho poder al bate
-Tomás Moreno: un brazo poderoso y buenas piernas, corría muchísimo.
-Eusebio Moreno: tremendo pelotero, otro que se perdió de ser grandes ligas.

¿Qué sueño no se le cumplió en el béisbol?
-Ser yo un beisbolista Grandes Ligas, tuve la oportunidad, pero no la aproveché. Estando con Vanytur nos contrataron a Inocencio Rodríguez y a mí para la organización de los Orioles de Baltimore, para jugar en un equipo de Clase A; me fue muy bien, pero se presentó entonces la oferta de Nicaragua con más plata y me fui para ese país.

¿Cómo fue su experiencia como latino en los Estados Unidos?
-A mí me fue bien porque yo no era de color, pero sí me dolió mucho la manera como muchas veces trataron a Inocencio Rodríguez, en esa época el racismo era muy fuerte. El idioma tampoco nos dio tan duro porque nosotros estábamos acostumbrados en el béisbol profesional de Colombia a jugar con gringos; incluso varios de ellos se convirtieron después en grandes ligas.

Una anécdota como entrenador...
-Le voy a contar una que refleja la fe de un entrenador que sabe que tiene buenos peloteros. Esto fue en Nicaragua siendo yo entrenador de Granada. Estábamos jugando la final contra el equipo del Gobierno. Íbamos perdiendo el juego por dos carreras y tenía al público y a las directivas del equipo en contra porque querían que sacara a Gabriel Roque Núñez (ya fallecido) que era un pelotero colombiano que había cometido dos errores; como yo les dije que ahí mandaba era yo y que no lo iba a sacar me retaron y yo acepté, les dije que si Roque se equivocaba yo no tenía problemas en venirme para mi tierra con él. En octavo inning, con todas las bases llenas, mandé a batear a Roque y la gente nos rechifló, nos gritaron de todo y vino Roque y metió jonrón para ganar. Ese hombre en el camerino lloraba. El éxito de un manager está en la confianza de saber que sus peloteros son capaces de dar el todo por el todo.

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