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Yoko Ono en Cartagena

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Vino tres veces de incógnito a Cartagena, en la década del ochenta. La primera vez, poco antes de la muerte de John Lennon, invitado por el anticuario y coleccionista de arte norteamericano Sam Green.

No quiso que le hicieran fotos y se molestó con su amigo y anfitrión cuando se filtró su presencia en la ciudad amurallada.
La casa que había comprado San Green en la Calle Nuestra Señora del Pilar, era una mansión en ruinas que el coleccionista de arte decidió restaurar, conservando la atmósfera colonial. Había traído consigo obras originales del retrato de Marilyn Monroe, realizado en 1964 por su amigo Andy Warhol.
La habitación que él le había reservado aún no estaba culminada, y ella había preferido quedarse en una habitación pequeña de la Calle Ricaurte, con un balconcito que daba a la calle, frente a un costado del Convento Santa Teresa, que nadie aún había soñado que se convertiría en hotel cinco estrellas.
El panorama de la ciudad amuralla era en aquellos días, bello y opresivo, con el encanto de algo antiguo y deteriorado, a punto de desplomarse. Se caían a menudo balcones y se desplomaban muros de casas viejas y poco mantenidas. A veces, como ocurrió una madrugada, se cayó una campana del santuario de Pedro Claver y mató a una señora que acaba de salir de misa. El auge restaurador vino después, con la declaratoria de la Unesco de Patrimonio de la Humanidad. La ciudad enterró sus cables eléctricos que colgaban por los aires.
Yoko Ono, la segunda esposa de John Lennon, estaba interesada en comprar una casa en Cartagena. Le habían hablado maravillas de la ciudad, pero no le parecieron encantadoras las ruinas de aquel entonces y la amenaza inminente que se cernía en el país, con los nacientes carteles de la droga. Sin embargo, Sam Green le mostraba los encantos de una ciudad que había dado muestras evidentes de ser un destino turístico, cultural y cinematográfico.
En la casa de San Green empezaron a alojarse en menos de una década, estrellas de cine, artistas y magnates, los hijos de Robert y John F. Kennedy, la diva Greta Garbo que también decidió pasar desapercibida y una tarde le llegó a su habitación un viaje de rosas rosadas enviadas por el pintor Alejandro Obregón. Fue tan excesivo el regalo floral que alguien le sugirió al artista que eran demasiadas rosas para una sola persona. Y el maestro reenvió de la misma remesa, rosas para sus amigas, entre ellas, Yolanda Pupo de Mogollón.
La habitación donde se alojó Yoko Ono en su segunda visita a Cartagena, en la casa de San Green, estaba en el segundo piso y tenía un balconcito que daba a la piscina. El cuarto era pequeño, hoy ha sido restaurado y modernizado y sólo conserva además de su espacialidad y cierta atmósfera, su balconcito en donde se cuela la luz brillante del cielo cartagenero y el aleteo de los colibríes atraídos por las flores.
No hay nada que recuerde que allí pasó Yoko Ono, pero las camareras dicen: “El cuarto de Yoko”, como si nunca hubiera salido de allí. Nidia Wilches, se sonríe y me dice: “Estoy arreglando el cuarto de Yoko”. Le digo que solo me interesa mirarlo aunque sé que la cama donde ella durmió no era de madera sino de hierro y los objetos dispuestos hoy tengan otra relación con el tiempo. Sin embargo, los lugares valen también por los espíritus que evocan y por las almas que han deambulado entre ellos.
Green le ofreció a Yoko Ono el mejor cuarto de la casa, el mismo donde se hospedarían los hijos de Kennedey y Greta Garbo, pero ella eligió el del balconcito.
Las casas de aquellos años sucumbían al deterioro y a la negligencia humana en Cartagena, y poca gente apostaba un porvenir entre esas piedras envejecidas. Los ricos que habían nacido en la ciudad amurallada se habían ido a Bocagrande y a la isla de Manga, y habían abandonado el Centro.
Dos norteamericanos llegaron y se enamoraron de aquellas ruinas: el anticuario, cineasta y coleccionista de arte: San Green y un escritor: Peter Tompkins, el autor de La vida secreta de las plantas, quien compró una vieja casa al lado del artista Alejandro Obregón. Los dos, sin proponérselo, avivaron el espíritu de los nuevos viajeros que se quedarían para siempre entre nosotros.
Pero Yoko Ono, una mujer sensible, silenciosa, bella aristócrata japonesa con su halo de misterio, estaba en aquellos días preocupada por sus asuntos esotéricos. Bernardino, el cocinero de San Green, le preparaba arroz con coco y a ella le parecía insólita esa combinación de elementos contrarios: el azúcar junto a la sal propiciando la delicia en el Caribe. Averiguaba en Cartagena por gente que supiera mucho sobre el asunto de la santería y la magia blanca. Eso asegura Mario Mejía Díaz.
La crónica social de aquel entonces no hizo mención de su presencia en Cartagena, y los círculos culturales tampoco se percataron que Yoko Ono estaba había permanecido varios días entre nosotros. Cuando se filtró la noticia, el chisme se desvió hacia otras orillas. Y se especuló una posible relación con San Green, un hombre fino, culto, educado, anfitrión de fiestas y un gusto refinado por las artes. Un amigo de John Lennon, en quien confiaba tanto que había decidido nombrarlo tutor de su hijo Sean, si él y Yoko ya no estuvieran en este mundo.
Aquella cercanía de Yoko Ono con San Green en Cartagena, ha alimentado todo tipo de opiniones y revelaciones, hasta el punto que Fred Seaman, el asistente personal de Lennon, aseveró que la pareja estaba a punto de separarse cuando Mark Chapman asesina a John Lennon el 8 de diciembre de 1980. Confesó que pocos meses antes del crimen, Yoko había iniciado una relación tormentosa con San Green. Había previsto divorciarse y casarse con el amigo en Cartagena, a quien le compuso una canción. Todo eso dice Seaman, acusado de robarse el diario de Lennon, días después de su muerte.

Ahora viendo el cuarto donde durmió Yoko Ono en Cartagena, pienso en el paso del tiempo, en los 77 años que ella tiene y en los 70 años que cumpliría John Lennon. Me asomo al balconcito y veo las trinitarias agitadas por un viento de lluvia. Frente a la puerta y en la pared que da al jardín, aletea un gallinazo. Todo parece increíble en esa vieja mansión convertida ahora en el Hotel El Marqués. Supe que San Green, recogió sus antigüedades y sus obras de arte, vendió la casa y se fue desilusionado de Cartagena. Peter Tompkins murió en 2007.

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Comentarios

¿San o Sam Green? ¿Samuel

¿San o Sam Green? ¿Samuel Green o el santo verde?

yoko ono era una [--

yoko ono era una zorra se la aplicaba a lennon.

Interesante historia. Si la

Interesante historia. Si la historia que cuenta el asistente de Jhon Lennon es cierta, entonces Yoko Ono es una traidora y disfruta de que nunca nadie se entero de esa infidelidad en su estadia con Lennon.

Bueno hay que hacerle

Bueno hay que hacerle corrección al nombre del cineasta y coleccionista de arte el nombre es Sam Green. Y por otra parte esa casa queda en la Calle Nuestra Señora del Carmen, que es la calle que queda entre la iglesia Santo Domingo y la Cámara de Comercio, no Nuestra Señora del Pilar como lo dice el artículo.

Ella veniaa Colombia a buscar

Ella veniaa Colombia a buscar brujeria.