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Zafras, cantos del pasado

Por: Hernán Pimienta Vásquez

“Cuando yo era joven”, refirió una vez Gustavo Vásquez (Q.E.P.D), “por ahí en el año 1940, me dedicaba al oficio de cavar sepulturas. Yo era feliz si me avisaban que se había muerto alguien. Enseguida convidaba a David, mi hermano, que sabía cantar zafras, para ir a hablar con los dolientes y ofrecernos a cavar. En ese tiempo no existía la luz eléctrica y nos tocaba trabajar en penumbras, porque siempre se cavaba de noche.

“Una vez, como a las dos y media de la madrugada, yo bajaba del barrio Santander, en donde había estado tomándome unos tragos. Caminaba por la calle de la muerte (calle 22) la que lleva al cementerio, y cuando ya he pasado el puentes de tablas, escucho que están cantando zafras. Me apresuré y subí la lomita, ¿quién se habrá muerto?, me pregunté.

“Veía los mechones encendidos, pero no vi a nadie. Me fui acercando lentamente, y cuando ya estaba cerca, los mechones se apagaron. Ya en la mitad del cementerio, me percaté que estaba solo.

“Las piernas de pronto me empezaron a temblar, porque no sentía ni un ruido, ni el de los grillos. Un relámpago iluminó una fosa frente a mí. Me voltée y vi que una gran cantidad de animales inmundos y seres fantasmagóricos se abalanzaban sobre mí.
“Uno de los espectros, envuelto en una túnica negra, alargó su mano huesuda y me empujó a la fosa, mientras me decía con una voz que helaba hasta el alma  ¡cántame una zafra!

“Sentí que caí en un profundo abismo, el mismísimo infierno. Y lloré. Lloré por mis hijos, por mi madre,  por mi mujer, mientras le rogaba a Dios por mi miserable vida.

“A los tres días me desperté en mi cama. Mi mujer me contó que me habían llevado borracho y que estuve delirando y con escalofríos”. 

¿Qué son las zafras?
Las zafras son cantos a capela, que entonan los campesinos, mientras realizan sus labores agrícolas. Antes, más que ahora, la melodía retumbaba entre las montañas, porque también se las cantaban al ganado, en labores de arreo.

Su nombre se deriva de la zafra en los cañaverales. Los trabajadores las entonaban para hacer menos penoso el trabajo y porque les servía de distracción.
Los temas reflejan la vida y el sentir del agricultor.

“Me pase toda la noche cantando a una morenita.. ejeeeeeee...
y cuando llegó el día era bizca la maldita”…

“Yo tuve que irme pa’l Guamo, a buscarme una guamera... 
porque una sanjacintera, no me quiso dar la mano”.

Se cantaban zafras cuando traían algún muerto de algún caserío o corregimiento.

“Esta es la zafra llorona…
pa´l que sepa lloráaaaaaa… eiiiiiiiiijee...
la trajo Pedro Sará…
cuando vino de la zonaaa”…

Las cantaban también los sepultureros, mientras que con cavadores y palos realizaban su labor.
Las fosas, de unos cinco metros de profundidad, se alumbraban con mechones, uno a cada lado.
Para esta faena, traían consigo botellas de ron ñeque, ligado con ron compuesto para darse ánimo.

Los más veteranos en el oficio, se servían en un hueso occipital… el cráneo de un difunto, previamente esterilizado.

“Mi madreeee….
mi madre me dio un consejooooo… eeeieeee…
yo no lo quise cogée…..
después de mi mamá muerta … eeeijeee…
del consejo me acordé”…

También se cantaba mientras enterraban a los muertos. Se apilaban siete capas de tierra, mientras se pisaba, cantando. 

                                                             (...)
Juan “Chuchita” Fernández, grabó para la posteridad algunos de estos cantos que hacen parte de la tradición oral de San Jacinto. Su Zafra llorona. Aunque cansado de tantas entrevistas, y quejándose de Sayco y Acinpro, él y su hijo Javier me dan algunos datos sobre estos cantos.

El maestro me canta una:
“El día que Juancho se muera no lo vayan a enterrá…. Eeeeii…
que cualquiera se conduela… y lo mande a embalsamá”.

Me entra una punzante decepción, al notar que estos cantos mueren con el pasar de los años. Porque casi no hay quienes canten en el campo, ni quienes le verseen a sus difuntos.

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