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Catalina Escobar, La mujer a quien todos llaman “héroe”

Al principio todo era dolor;  la culpa y la depresión la perseguían a donde iba, le era difícil ver luz al final del túnel. No se trataba de una pesadilla –como quisiéramos cuando la calamidad nos llega– y el desespero que le causaba la ausencia de su hijo de un año y medio estaba ahí para recordárselo, para que no olvidara que independientemente de que hubiera culpables o no, la caída desde un octavo piso de Juan Felipe no tenía vuelta atrás.

La llegada a Cartagena para acompañar a su esposo, Guillermo Gómez, quien iba a atender negocios familiares, había estado llena de expectativa. Tenían a ‘Guillo’, su hijo mayor, y el sólido compromiso de educarlo como equipo, pues antes de decir “sí, acepto”, Catalina le había dejado muy claro a su entonces novio que era una apasionada del trabajo y que no pensaba renunciar a esa pasión heredada de su padre, un paisa hecho completamente a pulso.

A los pocos días de estar en La Heroica, Catalina ya había notado dos situaciones muy fuertes: la pobreza y la corrupción. Flagelos tan cotidianos en nuestro país, que para algunos hacen parte del paisaje, pero que para personas como ella eran tan inaceptables e indignantes que sin importar su embarazo o que luego estuviera criando a Juan Felipe (su segundo hijo), decidió trabajar en la clínica de maternidad Rafael Calvo como ayudante voluntaria.

Fue justo allí donde la vida empezó a cambiarle. Madres adolescentes llegaban todos los días con los brazos ocupados con sus bebés, la mayoría de ellos en unos estados de desnutrición tan graves que era imposible no esperar que a cada instante sucediera lo peor.

Así pasaron un par de años, hasta que su esposo le dijo que estaban listos para regresar a Bogotá. Muy contenta con la noticia, se fue al hospital a despedirse de sus compañeros. Cuando llegó estaban en medio de un alboroto terrible, intentando reanimar a un bebé de dos semanas de nacido, que tenía entre otras enfermedades, insuficiencia respiratoria.

Después de un rato, aparentemente el niño se estabilizó. Aliviada, Catalina lo tomó en sus brazos en un gesto cariñoso. Pocos segundos después, el bebé expiró, dejándola a ella y a su madre, una niña de 14 años, con el alma partida y la impotencia propia de quien escucha que con solo 60 mil pesos habrían podido salvarle la vida.

“¿Sesenta mil pesos? ¿Y por qué no me llamaron o los juntaron entre ustedes?”, fue lo que Catalina atinó a decir. Lo cierto es que todo el equipo médico que allí trabajaba, llevaba aportando dinero durante nueve meses y sin recibir un solo peso del sueldo que les correspondía. La realidad era aplastante. Y tan solo cuatro días después de este suceso, Juan Felipe, quien había nacido en Cartagena, caía por el balcón de su casa.

EL CAMINO DE LA RECUPERACIÓN
Han pasado 14 años desde la tragedia. ¿Cómo recuerdas ese tiempo?
Obviamente caí en un limbo. Me preguntaba: ‘Pero si tengo 30 años, ¿cómo así que estoy enterrando a un niño de año y medio? Sin embargo, como tenía muy claro que el tema se debía solucionar, desde ese día pensé en una sicóloga. Porque son temas que uno no puede manejar.
¿Cómo hace uno para preguntarse ‘para qué pasó esto’ en lugar de ‘por qué a mí’, como es usual?
Yo pasé por todo. Pasé por una tristeza… Duré mucho tiempo llorando veinticuatro horas. Incluso a veces quería quitarme el dolor y dejarlo en la casa mientras me iba al gimnasio o a pasear, pero eso es imposible. Sobre todo las noches eran terribles, se sentía mucha soledad.

¿Cómo se maneja la culpa en medio de todo ese proceso?
Hay una cosa bonita: ni yo culpé a Guillermo, ni él me culpó a mí. Por eso, a los cuatro días de la muerte, estábamos con la mejor sicóloga. Sé que hay personas que no tienen la plata para ir, pero igual, siempre hay que escuchar al corazón; porque aunque no se pueda tener al mejor sicólogo, al final quien toma las decisiones es uno.

Finalmente, estos son accidentes; por eso se llaman así. Si fuera que alguien lo hubiera empujado… pero no podía señalar a nadie. Y tampoco culpar al personaje que arrumó las cajas en el balcón desde donde Juan Felipe saltó, porque él no vio el peligro. Que lo odié… claro que lo odié, pero creo que lo que salva absolutamente todo es una sola palabra: amor. Si uno no se llena de amor es imposible superar cualquier cosa.

Esa fuente de amor con la que te llenaste, ¿de dónde salió?
Creo que está desde que nacemos. Yo tengo unos papás que me impulsaron a ser una gran persona siempre, con errores y aciertos, pero el balance ha sido bueno; jamás me faltó afecto, jamás.

Además está el tema del perdón; duré tres años en profunda agonía y seguramente me veía muy fuerte pero en realidad ‘me pegaba’ unas derrumbadas... Por ejemplo, al año después de muerto Juan Felipe, sucedió lo de las Torres Gemelas, ahí retrocedí mucho al ver las imágenes de la gente cayendo y entonces entré en shock.

¿Cómo apoyaste a Guillermo, tu hijo mayor?
Él tenía tres años y medio, y como ya era consciente le mostré todo. Lloraba frente a él y le decía que estaba permitido hacerlo. También le pusimos una sicóloga de niños; sin embargo, tal como lo dije antes, hay que ponerle el pecho.

Nunca me tomé media pepa, porque creo que la evasión solo lleva al vacío y el dolor tiene que salir en algún momento. Realmente aprendí muchas lecciones, porque como ser humano no se tiene el control de nada. Así que, uno: supe que un hijo sí se puede morir; dos: que las parejas se pueden separar en una situación como esta, aunque en mi caso hubo más amor; tres: que tenemos que dejar que las cosas sucedan un poco y tomar acción de la manera más humilde.  

¿Cómo lograste empoderarte ante esta situación?
Hay un libro llamado El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell, el cual incluye unos espectaculares temas de mitología griega. Y allí, el autor afirma que la humanidad siempre ha tenido héroes, llámense Buda, Cristo o Alá. Porque así como existe el mal tiene que existir el bien, ese es el equilibrio universal, y no lo entendí hasta que leí el libro. Sentí que allí estaban describiendo mi vida.

¿Regresar a Cartagena después de lo sucedido fue muy difícil?
Al principio volví muchas veces y también fui muchas veces al edificio, hasta que me lo sacara del sistema. Lo afronté con el pecho al frente y ahora voy sin dolor. Pero antes lloraba y me repetía, ‘ahí se cayó mi hijo’.

Y VOLVER A SER MADRE…
Después de dos años de duelo ya queríamos volver a ser padres, estábamos preparados. Y apenas nació ‘Fede’, era la cara de Juan Felipe, yo no dejaba de pensar: ‘al caído caerle’. Sin embargo, recuerdo muy bien cuando vi su carita y me dije: ‘Juan Felipe tenía su identidad y su propia historia, este hijo es otra persona’. Y nunca lo comparé con nadie.

Tampoco fui una mamá sobreprotectora. Por el contrario, ‘se cayó, que se levante’; así fue mi papá. Soy muy consentidora y amorosa, pero la ‘pendejada’ no, eso no va conmigo.

¿En qué momento tienes la visión de crear la fundación?
Cuando Juan Felipe murió y regresamos a Bogotá, obviamente yo era un desastre. Y un día nos fuimos a un restaurante con mis papás, como para despejarnos. Cuando llegó mi plato, me dieron náuseas, entonces volví a pedir la carta. En ese momento me di cuenta de que el plato de mi hijo, el de mi esposo y el mío sumaban 60 mil pesos. Y tuve una visión.
Lo que dije en ese momento, es lo que hoy está pasando. En una servilleta escribí ‘Fundación Juan Felipe Gómez Escobar’, y allí mismo comenté: ‘No puedo evadir lo que vi’. Tenía que haber vivido todo esto, aunque solo lo entendí después, porque al principio solo te das látigo y eso no te deja tener claridad mental. Pero desde ese momento supe que podía ser una buena emprendedora social.

¿Cómo fue el proceso de formación de la fundación?
Los tres primeros años fueron muy duros porque también estaba de duelo. Pero había una estructura en la cual puse todos mis talentos alrededor del impacto. Me tomé un año en estudiar y estructurar todo.

PERO LA ESTRUCTURA SIN CORAZÓN NO SIRVE…
Tiene que ser 50/50, porque lo que te inspira para seguir adelante es primero ver que tienes una idea, y que esta se convierte en la transformación de una sociedad. Y por otro lado, necesitas una estructura sostenible y pedir la plata. Conseguirse un millón de pesos es jodidísimo, y el complejo tuvo una inversión muy grande.

Entonces, ¿crees que esta calamidad te llevo a encontrar tu misión?
Claro, nadie quiere que se le muera un hijo, pero tengo una vida más feliz ahora. Sobre todo por el servicio; no sabía que podía amar tanto y ya hemos impactado a más de 45 mil personas en Cartagena.

Me han ofrecido cargos públicos, ¡los que quieran! Pero me parece muy nocivo, porque la política tal como se está viviendo no es la que yo quisiera. Mientras que si uno vive de manera auténtica, al servicio de la humanidad, solo lo bueno viene, lo que no significa que sea fácil mover la fundación.

¿Cómo haces para vivir todas estas historias tan difíciles y no ‘tirar la toalla’?
Es tenaz, pero no tengo un sicólogo ni nada. Al contrario, uno se llena de un infinito amor y compasión, el cuerpo y la mente se enfocan solo en eso. Pero acá no hay nada de falso, el amor que le tengo a esta gente es real y por eso ocurre una transformación social de manera auténtica. Así que lo que me conecta y me da paz es estar con la comunidad.

Pero claro, el deporte por ejemplo, me ayuda a depurar, si no lo hago me cargo. También soy adicta a la música, me encanta escuchar jazz y leer poesía, es una delicia; ahí es donde dreno y me siento feliz.

Llevan 18 años de matrimonio, ¿cuál es la esencia del éxito?
Como en todo, ha habido crisis.  ¿Pero sabes qué?, mi marido es una persona muy amorosa y generosa, que me pondera mucho… y es muy rico sentirse así. Siempre me deja escoger los sitios a los que vamos, me manda flores todavía. Él es muy respetuoso y me pone por encima de los niños, siempre.

Hoy en día, ¿qué te preocupa?
Que llevo muchos años viendo la misma pobreza y miseria y que no hagan nada. A mí no me metan los dedos en la boca, porque me entristece ver que el país tiene la plata para acabar la pobreza y no lo ha hecho. Colombia nunca ha estado más rica en su vida y las grandes empresas ya son unas multinacionales ni las machas.

Veo muchas diferencias con Estados Unidos. Por ejemplo, ¿sabes cuánto entregó en 2013 este país a los pobres? 325 billones de dólares. De Colombia no tengo cifras, no encontré por ningún lado.

Para finalizar: “Catalina Escobar es inspiradora como mujer porque…”, termina la frase.
Por hacer que las cosas sucedan. Me cansa ver que las cosas no suceden. Por eso creo en la ejecución y no en tanta planeación. Somos expertos en planear, pero uno es por lo que ha hecho, no por lo que va a hacer ni por lo que diga que va a hacer.

LA FUNDACIÓN EN CIFRAS

  • La Fundación Juan Felipe Gómez Escobar arroja cifras tan impactantes, como la de un 80 por ciento de reducción en mortalidad infantil.
  • Concentrada en la ayuda a madres adolescentes, ha ayudado a más de 45 mil personas, y el índice de deserción del programa es tan solo del 5 por ciento.
  • El Plan de Padrinos de Cunas de la fundación ha logrado salvar a 1270 niños que habrían muerto a causa de la desnutrición o de otras problemáticas.
     

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Comentarios

Gracias a Dios existen

Gracias a Dios existen personas berracas y emprendedoras como esta señora que hacen cosas extraordinarias como esta, pero lo triste de esto es que estas cosas son las que tienen que hacer nuestros honorables politicos corruptos, que no sirven para un locu, partida de petardos rastreros, ladrones. Pero lo que alivia es que cuando vayan al otro lado cuando se mueran, alla seran juzgados.