Envidio a mi mamá

06 de junio de 2015 10:05 PM

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Cómo envidio a mi mamá. Cuando ella nos crió, las cosas eran más simples y no se le metía tanto misterio a eso de criar niños. Hoy somos esclavos en esa materia. Nuestros hijos deben ser prodigiosos en el colegio, en el deporte, y crecer sin traumas por culpa nuestra pero al mismo tiempo tener toda la atención. En inglés lo llaman helicopter parenting, que se traduce a “papás helicópteros”.

Mis padres se salvaron de eso. Nunca tuvieron que ir a recibir informes, hacer proyectos o celebrar un desayuno de despedida de año. Menos tuvieron sentimientos de culpa por llevar una vida propia y salir de noche o dejarnos a cargo de otros cuando se iban de viaje.
Ahora la cosa es a otro nivel. Ya en el jardín infantil fui convocada a informes de desempeño. Fui la única que llegó sin marido a oír los avances académicos de una niña que seguía usando chupo. Esa etapa culminó con unas presentaciones donde llegaban padres, abuelos, hermanos y primos para ver -a través de sus cámaras- cómo unas bien intencionadas, pero poco efectivas, profesoras trataban de convertir un caos monumental en un show de Misi.

Una vez en el colegio, pensé que la intensidad bajaría pero me equivoqué. A los informes se sumaron chats en whatsapp, veladas navideñas, proyectos en cartulinas y múltiples invitaciones a visitar un colegio que queda a 130 cuadras de mi apartamento. Adicionalmente, y para mi horror, aparecieron los temidos paseos de integración entre padres de familia a los cuales me he sido capaz de ir.

Con mi marido tratamos también de resistirnos a la presión de las actividades extracurriculares bajo la filosofía de que son niños y no necesitan agenda corporativa, pero hoy ya estamos plenamente matriculados en el formato yendo a gimnasia, tenis teatro y demás.

Este año también se sumaron las tareas… y volví a recuperar mi trauma escolar. Mi hija tiene tareas casi todos días y peor aún, los fines de semana. No creo haber tenido de eso en primero de primaria, pero en todo caso no recuerdo a mi mamá teniendo que revisar  y vigilar de esta manera.

En el caso de mi hijo, me felicitaba por tener un niño tranquilo. Sin embargo, fui citada al colegio a recibir un informe sobre su mala motricidad y que debía ir a terapia. Por culpa de mi cansancio después de trabajar y de vivir en un apartamento, mi hijo tiene un índice de masa muscular que en estas épocas es indeseado para alguien que en unos meses deberá aprender a estar sentado horas en un escritorio. Traté de ponerme al frente y ser mamá recreacionista, pero fallé y ahora tenemos terapeuta.

Mis padres, definitivamente, la tuvieron más fácil o por lo menos había menos teorías. Ahora nos obligamos a ejercer la maternidad como helicópteros, con el añadido de que casi todas también tenemos un trabajo fuera del hogar. Por todo eso, envidio a mi mamá.
 

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