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Revista nueva

Las “causas modernas” de la obesidad

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La mayoría de personas cree tener las causas de la obesidad tan claras como el agua. Por ejemplo, no es una revelación para nadie que si consume más calorías de las gastadas, el repertorio del armario le va a quedar pequeño. Tampoco es novedad el hecho de que el confort es indispensable, y que en medio del trabajo y las obligaciones familiares es imprescindible ahorrar tiempo, pero sobre todo… esfuerzo.

Sin embargo, la respuesta a “por qué engordamos” tiene que ver, más allá de esas razones fundamentales, con  cambios radicales en el estilo de vida. Un interrogante clave en este momento, pues las cifras se disparan en Latinoamérica –México fue declarado “el país más obeso del mundo” y Colombia, el lugar donde la obesidad está creciendo más rápidamente- (¿en el mundo o en América?). Así, médicos de todo el continente están sumando esfuerzos para develar las causas modernas, y por supuesto, concientizar a las personas sobre la necesidad de ver la cuestión con la atención que merece.

Un problema de pesoHace algunas semanas se realizó el IX Congreso Colombiano de Obesidad, auspiciado por Funcobes (Fundación Colombiana de Obesidad). Y su objetivo principal fue analizar las causas que en nuestro país están convirtiendo este problema en una epidemia, tanto así como para seguirle los pasos a México en ese desafortunado podio.Como es ya bien sabido, hay varios detonantes para que en Colombia el 52 por ciento de la población sufra de sobrepeso, y que de dos personas, una sea diabética. Como cualquier país de la periferia, estamos viviendo la metamorfosis cultural traída por la globalización, y esta implica precisamente un cambio drástico en la nutrición  y estilo de vida.Así que la pérdida de la alimentación tradicional, la proliferación de la comida chatarra y el consumo de alimentos con aditivos químicos, son causas bastante esperables. Sumemos a esa lista conocida, la reducción de los espacios en el hogar, el sedentarismo desde la infancia, el cambio del juego tradicional por las consolas de videojuegos y la escasa promoción de algunos colegios e instituciones alrededor de la actividad física.Y a pesar de que nuestro porcentaje de obesidad apenas está a la mitad del mexicano (32 por ciento), en los últimos cinco años creció más que en cualquier otro país de la región. Un indicativo de que no estamos conteniendo muy bien los retos propios del estilo de vida moderno.“Las personas más afectadas son las mujeres, pero uno de cada dos adultos sufren de sobrepeso, al igual que uno de cada seis niños. En realidad todos somos propensos, en la medida en que estamos metidos en el mismo sistema. Por ejemplo, cuando salimos con los hijos a comer los fines de semana, elegimos hamburguesas, papitas y malteadas, así que estamos ante un problema familiar”, asegura el doctor Iván Darío Escobar, médico endocrinólogo, presidente de Funcobes.Por supuesto, es la primera vez en la historia de la humanidad que cambia tan radicalmente ese equilibrio entre lo ingerido y lo gastado. Y los nuevos alimentos procesados, hipercalóricos, elaborados para durar más, o simplemente desconocidos hasta entonces para el organismo -como la actual oferta de dulces-, están causando cambios importantes en su forma de trabajar.Sin embargo, el tema es tan complejo que los expertos insisten en no hablar de “una” obesidad sino de “varias” obesidades. De allí que sea fácil entender que la única razón para engordar no es ingerir más calorías de las gastadas. En realidad hay varios factores biológicos, sicológicos y ambientales para subir de peso, y muchos de estos ni siquiera son imaginados por el común de las personas.

Hormonas y sueño: otros culpablesEl estrés es una característica por excelencia de esta sociedad y sus consecuencias en nuestra salud hablan de lo poco dotados que estamos para manejarlo. El sobrepeso es una de ellas. Y cuando se le suman al estrés otros detonantes sicológicos como ansiedad o depresión, no importa comer poco, el resultado en la balanza es desesperanzador.En nuestro cuerpo, cualquier proceso biológico está impulsado por las hormonas, y cuando emociones como las anteriores empiezan a volverse determinantes, generalmente rompen su equilibrio. Para no ir más lejos, los corticoides (responsables del estrés), son  sustancias segregadas por las glándulas suprarrenales, y muy efectivas ayudándonos a acumular grasa corporal.Pero así como las emociones pueden influir en este y otros males, la alteración de los ciclos circadianos y su influencia en necesidades como el sueño, aportan su cuota en el problema.  Según estudios, desde los años sesenta hubo un quiebre definitivo en nuestros horarios de sueño, y sin importar si se trata de niños o adultos, estamos durmiendo dos horas menos de lo que lo hicieron nuestros abuelos.“Este hecho hace que durante el día se intensifiquen ciertas hormonas que nos dan hambre y se anulen las que nos dan saciedad. Al margen de eso, como estamos más cansados por dormir mal, no realizamos la actividad física suficiente, y al estar más tiempo despiertos nos exponemos a buscar alimento a cualquier hora”, afirma el doctor Alex Valenzuela Montero, presidente de la Sociedad Chilena de Obesidad y director académico de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obesidad.Indica este especialista que hoy se analizan decenas de factores no tradicionales para explicar ese asustador aumento en las cifras de obesidad. Según nos cuenta, es muy común la discusión sobre los denominados disrruptores hormonales, elementos que no podemos decidir no consumir y los cuales tendrían buena parte de la culpa no solo de la obesidad sino del cáncer y mutaciones genéticas.

Materiales peligrososGran parte de los que comemos y tomamos, incluyendo el agua, no está exento de contener sustancias fabricadas por el hombre. Éstas, además de otras repercusiones, influyen directamente en la relación que existe entre la ingesta de alimentos y el gasto energético, pues mientras bloquean las hormonas encargadas de facilitarnos su aprovechamiento, también activan un desarrollo inusual de las células adiposas.Lo peor del caso es que no está dentro en nuestras manos elegir si consumimos o no esos químicos, porque cerca de mil de estos ingresan a diario a nuestro organismo a través del aire y de los alimentos, y también de productos tan habituales como los cosméticos o detergentes.De hecho, el doctor Valenzuela agrega que actualmente se está retirando un tipo de plástico muy usado en teteros, por ejemplo, por ser portador de una sustancia llamada bisfenol A, relacionada con el desarrollo de la obesidad infantil, el estrechamiento de las arterias y el exceso de ansiedad.“El tejido adiposo –explica el especialista chileno- está conformado en un 50 o 60 por ciento por adipocitos, células que almacenan la grasa; las demás son preadipocitos y están siempre ahí, pero sin capacidad de almacenarla. Entonces, lo que hacen estos disrruptores hormonales es que activan el desarrollo de esos preadipocitos que se iban a quedar siempre pequeños para convertirlos en adipocitos grandes. ¡Es muy fuerte el estímulo!Esto pasa –continúa el doctor Valenzuela-  porque imitan acciones de los estrógenos, que en ciertas etapas (especialmente de la vida intrauterina o durante el primer año) son multiplicadores del tejido adiposo. Sin embargo, hay otros productos que no tienen actividad estrogénica, pero también multiplican el tejido adiposo”.Como la pintura anticorrosiva usada en los barcos para evitar la adhesión de algas. Este producto contiene un algicida llamado tributirina, servido en nuestra mesa a través de los frutos del mar, y que como el bifenol A, genera un desarrollo acelerado de los preadipocitos.

Virus y bacteriasComo vemos, la obesidad no solo debe preocuparles a las personas con predisposición genética. Cualquiera es un candidato potencial al sobrepeso. De hecho, no son pocos los que culpan a los antibióticos de la epidemia, por alterar  la microbiota intestinal, un factor más que nos juega en contra. Resulta que desde la boca hasta el recto, nuestro intestino está colonizado por bacterias que nos ayudan, entre otras cosas, a digerir la pared de los vegetales y otros carbohidratos necesarios para la producción de energía. Y algunos estudios han determinado que en las personas obesas, el número de esas bacterias es mayor, de ahí que absorberían de los alimentos más de lo debido.Y para colmo de males, al parecer hay ciertos virus asociados a resfriados comunes que podrían causar aumento de peso. Uno no muy conocido, el AD36, es asociado a diarreas y problemas respiratorios. Ya en la década de los noventa, un médico norteamericano probaba su prevalencia en los anticuerpos de personas obesas, y de quienes a pesar de ostentar un kilaje normal, tenían más grasa corporal.

Tratamientos radicalesPara algunos especialistas como el doctor Simón Barquera, director del Área de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública de México, cerca del 40 por ciento de los pacientes con sobrepeso podrían revertirlo con la puesta en práctica de una información mínima sobre nutrición, como comer menos y ejercitarse más.Según él, el factor genético y otras razones individuales no son lo más determinante en la epidemia de su país, sino los profundos cambios sufridos en el estilo de vida durante las dos últimas décadas. Y desde su cargo, el doctor Barquera conoce perfectamente los tratamientos que existen antes de hablar de medicamentos o cirugías bariátricas.“Hay consensos internacionales muy claros, y todos reconocen que la obesidad debe tratar de resolverse primero por uno mismo. Hay que informarse sobre nutrición,  comer menos y mejor, y aumentar la actividad física. Si esto no es suficiente, vale la pena consultar a un nutricionista para orientarse sobre un estilo de vida más saludable, sobre todo porque lo más difícil es cambiar los hábitos, y estos profesionales ayudan mucho”, comenta el doctor Barquera.Pero si por más ejercicio que haga usted no logra tener un peso saludable, el médico determinará -luego de una serie de estudios-, el tratamiento a seguir. Si no hay razones para sustentar una enfermedad endocrina o genética, deben evaluarse otras situaciones y probar ciertas herramientas como los medicamentos.El tema planteado por este especialista, es la ausencia de opciones legales para pacientes colombianos (apenas existe un par). Y considera que deben ser una herramienta más, antes de decidirse por un tratamiento extremo. Al parecer, la mayoría están diseñados para suprimir el apetito, por lo que más rápidamente sucede una pérdida de peso.“No todos se sienten bien con los medicamentos. Algunos manifiestan una excitación parecida a la producida por la cafeína, no los dejan dormir y los ponen ansiosos y acelerados. Por el contrario, les vienen muy bien a los cansados o fatigados. Tampoco son indicados para personas que abusen de sustancias sicoactivas o embarazadas o que sufran enfermedades crónicas que requieran medicamentos. A otras personas se les reseca la boca o tienen dolores de cabeza, ellas tampoco son candidatas”.Contrario a cierta tendencia en algunas ciudades del país, la cirugía bariátrica solo está indicada en personas con obesidad mórbida, con una probabilidad de sobrevivir muy baja. Sin embargo, el candidato debe ser evaluado por un equipo interdisciplinario que determine si tiene las condiciones para soportar la intervención, pues aunque cada vez esta es menos compleja –muchas se hacen por endoscopia-, involucra riesgos como la anestesia general.“Es una decisión que debe estar muy bien programada, porque requiere de personas motivadas que entienden bien las consecuencias y saben que no será fácil un cambio tan radical. El cuerpo sigue sintiendo hambre, y pretender comer en las mismas proporciones de antes, puede generar muchos problemas”.

______________________Asesoría:Doctor Iván Darío Escobar, médico endocrinólogo, presidente de Funcobes.Doctor Alex Valenzuela Montero, presidente de la Sociedad Chilena de Obesidad y director académico de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obesidad.Doctor Simón Barquera, director del Área de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

No son pocos los que culpan a los antibióticos de la epidemia de obesidad.
No son pocos los que culpan a los antibióticos de la epidemia de obesidad.
Estamos durmiendo dos horas menos de lo que lo hicieron nuestros abuelos. Este hecho hace que durante el día se intensifiquen ciertas hormonas que nos dan hambre y se anulen las que nos dan saciedad.
Estamos durmiendo dos horas menos de lo que lo hicieron nuestros abuelos. Este hecho hace que durante el día se intensifiquen ciertas hormonas que nos dan hambre y se anulen las que nos dan saciedad.
Cuando salimso con los hijos a comer los fines de semana, elegimos hamburguesas, papitas y malteadas, así que también estamos ante un problema familiar.
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El estrés es una característica por excelencia de esta sociedad y sus consecuencias en nuestra salud hablan de lo poco dotados que estamos para manejarlo.
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