No, no los necesitamos, pero…;

16 de agosto de 2015 11:31 PM

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Que tire el primer taconazo la mujer que haya comprado ese par de zapatos, cartera o accesorios sin sentir, aunque sea, un poquito de remordimiento. O lo que es mejor (¿o peor?), que no comience a tratar de autoexplicarse por qué va a comprarlos.

La situación es más o menos así. Vamos caminando tranquilas por la calle o por el centro comercial rumbo al banco, a hacer una diligencia de esas inevitables, y de pronto… ahí están. Nos llaman, nos hablan, ¡nos coquetean! Los miramos de reojo, pero como somos tan conscientes, recordamos que vamos a hacer una diligencia y que no estamos de compras.

Pero claro, el gusanillo de la curiosidad es intenso y tiene excelente memoria. Regresamos por el mismo camino, entramos a la tienda, y es ahí cuando empieza nuestra conversación mental:
- “No, no, no. Ya tengo zapatos negros (es lo primero que pensamos).
- Claro que ese tacón es particularmente cómodo y no tengo de esos.
- Además, están hechos en cuero legítimo. O mejor, son en  cuero sintético y resulta que yo - en aras de empezar a cuidar el planeta-, ya había tomado la decisión de iniciar mi colección personal y ese par puede ser un excelente inicio.
- Están lindos. Y después no los encuentro. ¿Será que me los llevo?”.
- ¡Me los llevo!

¡Y nos los llevamos! ¿Qué le hacemos? Así somos de débiles frente a zapatos, carteras, ropa o accesorios. Y claro, nos vendemos ese cuento chino de la necesidad. “Es que me hacía falta un par así”, “Es que tengo una falda por estrenar y esa cartera le combina de manera preciosa”, “Sí, sí tengo muchos collares pero este mide dos centímetros más y es perfecto para lucirlo en…”.

Siempre vamos a buscar la “coartada” perfecta para justificar nuestra más reciente compra. No tenemos remedio. Así somos.

No, señores esposos, compañeros, novios, mejores amigos… la verdad, es que no los necesitamos (a esos nuevos zapatos), pero nos han enamorado y si tenemos el dinero para comprarlos, los vamos a comprar. ¡Siempre!, los vamos a comprar.

Mi excusa desde hace varios años, cada vez que caigo en las redes de un nuevo antojo, es justificarlo con las sabias palabras que me dijo mi amiga Juliana y que retumban en mi cabeza cada vez que dudo si debo llevarlos o no: “Cómprelos, para eso se mata trabajando; con seguridad los va a usar”.
“¡That’s all!”

 

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