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EMBARAZO
Una responsabilidad tremenda

Un estudio del Nestlé Nutrition Institute demuestra que los primeros mil días de vida de un niño son fundamentales para su crecimiento y desarrollo, y determinantes para su salud futura.

Estos mil días empiezan a partir del primer día del embarazo y se dividen así: 270 de embarazo, 365 del primer año de vida y 365 del segundo año de vida.

“En esos primeros mil días de vida del niño se programan el desarrollo inmunológico (todo lo relacionado con sus defensas contra infecciones, inflamaciones y alergias) y el sistema metabólico (que regula el peso que tendrá de niño y de adulto), se reduce la posibilidad de adquirir algunas enfermedades en su crecimiento relacionadas con la nutrición (diabetes, problemas coronarios y tensión alta) y se programa la composición de la flora intestinal”, explica el doctor Wilson Daza, director médico de la marca.

Como la madre embarazada es la directa responsable de contribuir a la nutrición de los dos, necesita una alimentación variada y balanceada en cantidad y calidad, que cubra las necesidades de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales.

“Es necesario el consumo de alimentos saludables como frutas, verduras, carbohidratos con índices glucémicos bajos y evitar las grasas trans –aconseja el doctor  Echeverry-. Existen micronutrientes como la vitamina D (atún, salmón y alimentos fortificados), el zinc (chocolate, maní, calabaza, cordero) y el DHA (atún, sardinas, lácteos), que garantizan la salud adecuada del bebé en formación. La concentración mayor de DHA en el cerebro ocurre en el tercer trimestre del embarazo, lo que permite el desarrollo neurológico y visual”.

El hierro es clave en este programa de alimentación, pues el feto comienza a acumularlo desde el primer trimestre de vida y esa acumulación es mayor en el tercer trimestre de embarazo. Son fuente: crustáceos, soya, cereales integrales, acelga y pollo; este último contiene además proteínas de alta calidad y ácido fólico.

El ácido fólico es vital antes y durante el embarazo (entre las 8 y las 12 semanas antes de quedar embarazada y durante los primeros tres meses de gestación), pues previene serios defectos congénitos en el cerebro y en la columna vertebral del bebé. En su orden, los alimentos que más lo contienen son: lentejas, maní, semillas de girasol, garbanzos, espinaca, hígado y lechuga.

LACTANCIA
Para que la producción de leche no se detenga…

Aunque la alimentación debe ser muy parecida a la del embarazo, en esta etapa el organismo gasta las reservas de grasa para poder producir leche continuamente. Por eso, la nueva madre debe darle a su cuerpo un  aporte adicional de calorías.

Como la desnutrición puede afectar los niveles de algunos nutrientes en la leche materna, fundamentales para el crecimiento saludable del bebé, es muy importante no suspender  los alimentos que contengan hierro. El niño necesitará grandes cantidades de ese mineral, presente en almejas, cereales integrales, hígado, espinacas, acelgas y carnes rojas.

Tampoco pueden quedarse por fuera los alimentos con yodo (mariscos y sal yodada), sustancia que la leche materna contiene en cantidades necesarias.

Y, por supuesto, cinco porciones diarias de frutas y verduras de hoja verde (¡mucha fibra!); lácteos (ricos en calcio e indispensables en la producción de leche); arroz, pan y pastas integrales; pescados, lácteos y carnes sin grasa; agua y jugos naturales de fruta sin azúcar.

BEBÉS
Comienzan los hábitos saludables

A partir de los seis meses de edad la leche materna debe acompañarse de otros alimentos, pues esta por sí sola ya no es suficiente para cubrir las necesidades nutricionales del bebé en esa etapa de crecimiento y desarrollo.

Según la Organización Mundial de la Salud, se recomienda que los lactantes empiecen a recibir alimentos complementarios a los seis meses, con una consistencia, variedad y porciones adecuadas. Estas tres condiciones son imprescindibles, pues la alimentación complementaria es el comienzo de los hábitos saludables de una persona.

Así, de manera progresiva y guiada por el pediatra o el nutricionista, vaya introduciendo carnes en puré, cereales enriquecidos con hierro y zinc, frutas, verduras amarillas y verdes, huevo, granos y pescado, para que hacia el año de edad su hijo esté consumiendo una alimentación variada y de tipo familiar.

Ojo: mantenga el equilibrio en el consumo de las comidas, pues un déficit o un exceso en cualquier nutriente -por ejemplo, en proteínas-, puede desencadenar trastornos posteriores.

MAYORES DE DOS AÑOS
Sin miedo a las grasas… pero “buenas”

En los dos primeros años de vida, los niños requieren alimentos con proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales, y probióticos. ¿Grasas? ¡Claro que sí!

Investigaciones realizadas entre 2010 y 2013 por organizaciones como la FAO, en alianza con la Fundación Iberoamericana de Nutrición, la Academia Americana de Nutrición y Dietética, el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón, ratifican lo señalado años atrás por el Ministerio de Salud a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en las guías alimentarias para la población mayor de dos años: las dietas de los niños bajas en grasa ocasionan efectos negativos sobre su peso y crecimiento.

Por ejemplo, uñas quebradizas, fatiga, sensación de entumecimiento en brazos y piernas, falta de concentración y retraso en el crecimiento.

Las fuentes de grasas buenas son los aceites vegetales ricos en ácidos grasos esenciales como los de canola, girasol, soya y oliva.

Cereales integrales, frutas y verduras, carnes, leches saborizadas y enriquecidas con minerales y vitaminas, son indispensables.

PRE Y ADOLESCENTES
Más calcio y menos sal

Los cambios físicos y biológicos causados en su mayoría por la “revolución hormonal”, son la constante en esta etapa de la vida, al igual que un tremendo gasto de energía.

Adolescentes y preadolescentes parecen tener siempre hambre y por eso es muy importante evitar que se ‘llenen’ de comida chatarra. Si desde la infancia han aprendido a comer sano, no tendrán reparos en seguir las indicaciones de la pirámide nutricional: mayor cantidad de verduras, frutas, pescado y carne; porciones medidas de arroz, cereales y pastas integrales; y uno que otro capricho representado en azúcares.

Pero hay tres minerales que no pueden faltar en la alimentación de chicos y chicas adolescentes: hierro, calcio y zinc, los cuales les aseguran que su estatura, peso y calidad de masa ósea sean las adecuadas.

Los nutricionistas recomiendan bajarle a la sal (así como a los alimentos procesados, que suelen tenerla en buena cantidad), pues es ahí donde comienzan los problemas de tensión alta.

MENOPAUSIA
Enfrentando esos calores…

Los cambios hormonales juegan el papel más importante en esta etapa y es allí donde participan sustancias que pueden enfrentar sus consecuencias.

Las primeras son el calcio (lácteos, brócoli, espinacas, lentejas, garbanzos, frutos secos y sardinas) y la vitamina D (permite que el calcio se fije en los huesos, y la mejor fuente es el sol), para enfrentar la pérdida de masa ósea.

¿Y cómo disminuir esos molestos calores, típicos de la menopausia?  Algunas investigaciones han validado el efecto benéfico de la soya (la cual contiene las moléculas llamadas fitoestrógenos, los cuales se asemejan muchísimo a los estrógenos perdidos)  y aunque nadie ha dicho la última palabra, muchas mujeres aseguran sus beneficios.

Una advertencia: pregúntele a su ginecólogo si usted puede consumirla, pues está prohibida ante la presencia de enfermedades como el cáncer.

La irritación y los cambios de humor pueden ceder con el consumo de alimentos que contengan triptófano, llamado “el aminoácido de la felicidad”: cereales integrales, soya, carnes sin grasa y lácteos.

¿Y LOS ADULTOS MAYORES?
Ellos presentan cambios físicos y emocionales que van desde digestión y absorción de nutrientes mucho más lentas, y enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes, cáncer, osteoporosis, Alzheimer, entre otras), hasta condiciones poco conocidas, pero muy comunes.

La nutricionista Yadira Cortés, directora científica del Centro Colombiano de Nutrición Integral, asegura que la buena alimentación a esta edad es un reto, pues es necesario completar todos los requerimientos nutricionales.

La base de este plan de alimentación son las proteínas que a la vez tengan Omega 3. El atún, en este caso, es una de las mejores opciones, pues es una proteína de alta calidad, fácil de digerir -comparada con otras proteínas de origen animal-, es rico en Omega 3, y es fuente de vitaminas y minerales.

Le siguen en este programa, cereales, verduras y frutas fáciles de digerir.

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Con información de Abbott Nutrition: www.abbott.com.co
Nestlé: www.tubebesano.com.co

 

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