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Tareas: 6 estrategias que no fallan

“La hora de las tareas, por lo general, también es la hora de las peleas entre padres e hijos. Los padres poco o nada saben de cómo hacer para que sus hijos hagan las tareas escolares por sí mismos. Primero vienen los ruegos, luego los gritos, y finalmente, los altercados. Y lo cierto es que siempre que se trata este tema, la impaciencia y la desesperación de los padres se hacen evidentes. Unos optan por desentenderse del problema, otros, por el contrario, deciden hacerles las tareas a los pequeños con tal de que se acuesten rápido y no molesten más. Hay algunos que eligen hacer la labor que no les corresponde, esperando que sus hijos saquen siempre notas sobresalientes o como estrategia para evitarles un castigo”.

Así es el panorama que nos pintan las autoras de Tareas sin peleas (Grijalbo Editores),  María Elena López, sicóloga y autora de varios libros (Algo pasa en casa. El divorcio de mis papás; Haga de su hijo un gigante emocional; ¡Basta ya!, el bullying puede parar, entre otros) y la escritora de libros infantiles Alejandra Gáfaro.

Las dos expertas lanzaron al mercado este libro, que entre otras motiva a los padres para que se den cuenta de que su participación e interés en las tareas de los niños es trascendental, les explica cómo brindar adecuadamente ese apoyo y qué actitudes son correctas y cuáles no, les da pautas para fomentar los buenos hábitos de estudio y les cuenta qué hacer específicamente  ante dificultades puntuales en el desempeño escolar.  Extractamos datos de utilidad a la hora de sentarse con su hijo a acompañarlo -¡no a hacerle!- las tareas.

LO BUENO Y LO MALO DE LAS TAREAS
A la hora de hablar de las temibles tareas escolares, padres, sicólogos y pedagogos siempre se dividirán en dos bandos. Uno las considera necesarias, mientras  el otro saca a relucir estudios que demuestran su impacto negativo en la vida del niño y su familia. “Precisamente por eso –aseguran las autoras- hoy se puede encontrar una gran gama de colegios y escuelas con políticas de tareas que van desde la rama ortodoxa y tradicional, hasta los proyectos más diversos y novedosos que incluyen tiempo en los centros educativos para hacer allí las labores o aquellos que las han abolido por completo”.

Sin tomar partido ni a favor ni en contra, las expertas hacen un compendio de las dos corrientes. Entre los pros están:
Varias investigaciones realizadas muestran que los niños que pasan más tiempo haciendo las tareas en casa logran un mejor desempeño académico.
Otros estudios señalan que lo aprendido en clase se puede poner en práctica fuera de ella. Por ejemplo, las matemáticas sirven en la cocina, para hacer compras, pagar recibos, etc.  Así, los niños se dan cuenta que el conocimiento es parte integral de la vida diaria.
Las tareas pueden llegar a despertar amor y deseo por aprender.
Le permiten al niño identificar el estilo de aprendizaje que más le gusta y ponerlo en acción.
A largo plazo, tienen efectos positivos sobre los futuros hábitos de estudio.
Fomentan la autodirección y la autodisciplina.
Les ayudan a los niños a ser más independientes y responsables.
Generan espacios para compartir en familia.

Y aquí van los contras:
Muchos psicólogos y pedagogos opinan que el propósito de las tareas no es otro que hacer pasar un mal rato a los niños. Justifican su afirmación diciendo que para los pequeños es suficiente el trabajo realizado en el colegio y que merecen descansar y hacer sus actividades en la tarde.
Varios investigadores sostienen que las tareas interrumpen la vida familiar. Hoy en día es muy común que tanto padre como madre tengan que trabajar, de manera que el único momento entre semana que tienen para compartir con los niños es en la tarde. Así que consideran que no es el mejor plan tener que llegar cansados del trabajo para atender las tareas de los hijos, más que a ellos mismos.
Un exceso de tareas escolares puede provocar rechazo y apatía al estudio.
A veces, las tareas pueden ocupar en demasía el tiempo libre de los niños, lo cual no es sano. Pueden ser las culpables de que los pequeños no realicen otro tipo de actividades extracurriculares o tener el descanso suficiente entre una jornada escolar y otra.
Hay colegios que consideran que mantener a los niños ocupados con trabajo académico es imperante para mantener su “alto nivel”. Sin embargo, varios estudios muestran que también es alto el nivel de niños con estrés, angustia y ansiedad en ese tipo de instituciones.
Algunos niños, cuando se ven agobiados por mucho trabajo, buscan salidas rápidas para deshacerse de los compromisos. Entonces copian la tarea de cualquier compañero, libro o Internet. Estos comportamientos estimulan el hacer trampa.
Varios pedagogos insisten en que las tareas son un más un factor de conflicto en casa, de desunión entre padres e hijos.
En general, los alumnos realizan las tareas escolares solo por cumplir un requisito. Sin embargo, es rara la vez que las hacen con entusiasmo y compromiso porque pocas veces encuentran en ellas el valor formativo que pueden tener.
Muchas veces los maestros asignan las tareas para que los niños acaben encasa lo que no se alcanzó a terminar en clase. Este no es el objetivo de las tareas. Los maestros deben programar el tiempo de sus materias.

PAPÁ Y MAMÁ… ¿QUÉ HACER?
Aquí,  las recomendaciones de las expertas para que usted pueda ayudar a sus hijos de manera correcta en la elaboración de las tareas:
1. Estar presente.
Los niños pueden sobreponerse a una mala profesora, a textos mediocres o a malos métodos de enseñanza, entre otras, pero sin apoyo, motivación y disciplina lo más seguro es que no logren desarrollar una actitud positiva hacia la escuela y el proceso de aprendizaje. Los mejores estudiantes por lo general tienen padres comprometidos con su desempeño escolar.
De ahí que sea necesario que cuando los niños lleguen del colegio, alguno de los padres o un acudiente –con la capacidad suficiente para poderlos ayudar- esté presente. Si usted no puede estar en casa, asegúrese de que la persona que lo reemplace sepa cuál es la política de trabajo en el hogar. Es decir, debe estar al tanto de cuánto tiempo le es permitido descansar al niño, cuánto tiene que invertir en la elaboración de las tareas, cuánto tiempo tiene para jugar, para estar en el computador o para ver la televisión y qué canales.
2. Tener una rutina.
Cuando los niños llegan a casa es conveniente que descansen un rato y coman algo. Aproveche ese momento para hablar con ellos. Hágales preguntas específicas sobre sus asignaturas como: “¿Qué tal te fue en el examen de matemáticas?” o “¿Qué dijo tu profesora de la plana que llevaste ayer?”. Muéstrese interesado por lo que ellos hacen específicamente. Las frases de cajón como “¿qué tal el colegio hoy?” no logran establecer una buena comunicación.
Luego de un rato de esparcimiento y diálogo, los niños deben sentarse a hacer tareas. Éstas deben hacerse a tiempo y no a última hora en la noche, cuando los niños están completamente agotados.
3. Seguir un orden.
Los niños deben sentarse a hacer las tareas conforme lo indique el horario prefijado. Con base en este, el niño sabrá cuánto tiempo debe invertir en hacer sus deberes y cuánto en otras actividades. Si está muy cansado o se siente frustrado porque no puede hacer la tarea, permítale un descanso corto. Tras cumplirlo, fíjese que reanude sus labores.
4. Acompañamiento inteligente.
Mientras sus hijos hacen las tareas, no los distraiga. Por el contrario, trate de dar ejemplo. Utilice el mismo tiempo para realizar labores intelectuales como leer, poner al día las cuentas, responder correos…
Si no puede estar presente a la hora de las tareas y otra persona lo reemplaza, llame a sus hijos y pregúnteles cómo les fue, interésese por su día escolar y recuérdeles que deben hacer las tareas conforme al horario establecido. Pídales que le dejen las tareas listas para revisarlas cuando vuelva a casa.
5. Respetar los ritmos individuales.
Si usted es padre de varios niños, tenga en cuenta que cada uno de ellos es diferente. Por lo tanto, fíjese en las habilidades particulares y los métodos de estudio preferidos de cada cual. No todos los niños pueden realizar las tareas a la misma velocidad ni de la misma manera.
6. Revisar las actitudes como padre.
No permita que sus malas experiencias pasadas lo aparten de poder apoyar a sus hijos. El hecho de que a usted no le haya ido bien en el colegio, no quiere decir que a su hijo le tenga que ir de igual manera. Tampoco admita que sus inseguridades le impidan estar presente. Nadie es un sabelotodo. Ayudar no es hacer la tarea, solo supervise que esta se realice.
Si en todo caso cree que no tiene la capacidad para ayudar su hijo, no dude en ponerse  en contacto con el maestro, él le dirá qué hacer y cómo ayudar.

SEGÚN LA ACTITUD DEL NIÑO…
Recuerde estar al tanto del estilo de trabajo de su hijo para ayudarle a reconocer sus fortalezas, y a identificar y superar sus debilidades. Así que, ¿qué hacer si su hijo…?

Tiene una actitud lenta. Se toma más tiempo del indicado para hacer las tareas, escribe más despacio, suele quejarse de que no alcanzará a terminarlas. ¿Qué hacer?
- Ayúdele  a planificar las tareas de acuerdo a su ritmo.
- Esté pendiente de cuándo termina la tarea, así tendrá una idea de su desempeño.
- Evite acusarlo de lento o despacioso.
- Juegue a “vencer el reloj” para hacer la tarea en cierto tiempo;  si termina antes tiene un premio. Una salida al parque bastará para crear la motivación.
- No lo presione, esto puede hacer que se resista más.

Le da pereza. Le cuesta trabajo terminar lo que empieza. Pide ayuda constantemente y muchas veces se las arregla para que sus padres le ayuden con gran parte de las tareas. Prefiere el menor esfuerzo así no tenga las mejores realizaciones.
Haga un contrato de tareas que incluya puntos y premios cada vez que termina las tareas a tiempo. Un juego de ruleta, con distintos reconocimientos, puede funcionar igual.
Revise el método de estudio.
Acompáñelo al comienzo de la tarea.

Tiene afán. Hace la tarea de manera apresurada porque quiere seguir con otras actividades. Le cuesta trabajo reconocer que es el tiempo de la tareas y que hay que hacerlas bien.
Insístale en que hacer las cosas de afán no da buenos resultados.
Asigne una hora de estudio para las tareas. Si no le pusieron, en todo caso debe trabajar durante esa hora en una labor intelectual. Si acaba rápido,  tiene que seguir haciendo algo académico hasta que concluya la hora.

Las olvida con frecuencia. Pierde los cuadernos, la agenda o los implementos para hacer la tarea. No sabe para qué fecha es o cómo espera el profesor que la realice.
En este caso lo mejor es usar una agenda. Allí el niño debe escribir todo lo que tiene que hacer cada día, de manera que no pueda olvidar los útiles pertinentes.
Fije el horario en su cuarto, le ayudará a visualizar el momento de cada actividad.
Utilice el sistema de puntos para que acumule cuantos más pueda cada vez que su hijo haga bien la tarea porque recordó llevarla. Cuando complete cierto número de puntos ganará un premio.

¿Y SI PIDE AYUDA?
“Que los niños pidan ayuda es lo más común del mundo –explican las autoras de Tareas sin peleas-. Siempre dicen que no entienden, que no pueden, que está muy difícil, etc. No se impaciente, esto es normal. A veces los pequeños insisten tanto en no poder, que el padre termina haciendo la tarea por ellos. Pero con esta actitud lo único que usted les está mostrando es precisamente que no la pueden hacer. Por eso, la mejor ayuda es hacer que su hijo haga la tarea por sí mismo y se enfrente al reto académico que se le está imponiendo.
Primero, explíquele que usted está ahí para ayudarlo, pero que definitivamente no le va a hacer la tarea. Si sigue pidiendo ayuda, préstesela, pero de forma eficaz. ¿Cómo? Al  comienzo del año pídale al maestro que le explique cuál es el papel que él espera que usted asuma en la elaboración de las tareas. Pregúntele si usted debe solo supervisar que estas sean hechas, así no siempre estén bien, o si él ésta esperando que usted corrija lo hecho para que el niño rectifique los errores, si los hay.
Siga las indicaciones del profesor y así sabrá hasta dónde intervenir y cómo hacerlo.

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