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Una vacuna contra la actual “epidemia de enfermedades”

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Boris Chamás, autor de El poder del alimento, un libro que ha sacudido aún más los cimientos en los que se sustentan los hábitos alimenticios modernos, recuerda su infancia y juventud acudiendo a consultas médicas y tomando medicamentos para tratar sus serios problemas respiratorios y gástricos.

A los 27 años era director financiero de un laboratorio farmacéutico mundialmente famoso, y no le había pasado por la mente que una enfermedad tuviera tratamiento distinto al tradicional. “No obstante, después de tomar por años una enorme cantidad de medicamentos diariamente, mis padecimientos no se aliviaban. Frustrado, acudí por consejo de un buen amigo a la consulta de un renombrado médico alternativo”.

Bueno, la historia de Boris, quien hoy tiene un diplomado como Health Coach en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York, tiene un final feliz. Después de seguir el consejo del especialista, “todos los medicamentos, pastillas, inhaladores, inyecciones y vacunas que tomaba varias veces al día se fueron de una vez por todas al cajón de los recuerdos”.

La fórmula de este milagro fue cambiar sus hábitos alimenticios. “Si por ejemplo se tiene acidez, se debe tomar una pastilla ‘mágica’ durante toda la vida. Este es el dictamen de la industria y de la medicina tradicional, en lugar de buscar la causa de la acidez y solucionarla. Algo tan sencillo como cambiar la alimentación evitaría, en la mayoría de los casos, este problema y la consecuente dependencia de un medicamento con efectos secundarios. Como este caso se podrían enumerar muchos otros…”, asegura en su prólogo.

Los chinos tienen el secreto
Esto de reemplazar buena parte de lo que comemos a diario por los famosos “superalimentos” (cuyo boom mundial comienza a hacerse sentir en nuestro país) nos exige, además de voluntad y constancia, que nos metamos en la cabeza una idea fácil: en la alimentación radica la diferencia entre estar sanos y estar enfermos.

De acuerdo con Boris Chamás, el Estudio de China, escrito por el doctor Colin T. Campbell, que significó 20 años de investigación y estadísticas coordinados por las famosas universidades de Cornell (E.U.), Oxford (Inglaterra) y la Academia China de Medicina Preventiva, “es la mayor experiencia científica de todos los tiempos sobre nutrición. Aquí se muestra con detalle cómo el cáncer, las enfermedades del corazón y una larga lista de enfermedades autoinmunes y degenerativas tienen una mínima incidencia en esa población.

¿Cuál es su secreto? –continúa escribiendo Chamás-. Que tienen una alimentación con bajísimo consumo de proteína animal, sin derivados lácteos y alejada por completo de la comida procesada. Además, y muy importante también, llevan una vida físicamente activa”.

Qué reducir… o eliminar
En su libro, él explica en detalle los alimentos que deberíamos disminuir o mejor eliminar, y por qué son nocivos. Extractamos un vistazo general.

- Azúcares. “Los eventos familiares siempre están cargados de azúcar: tartas, bizcochos, caramelos y postres constituyen parte de la oferta de atenciones sociales. Como paradoja, en el llamado Día de los Niños los inundamos de azúcar en todas sus formas.

Una dieta rica en azúcares pondrá al páncreas y a las glándulas suprarrenales en un continuo sube y baja, sobrecargando absurdamente su funcionamiento. En cada vez más casos, esta sobrecarga resulta en diabetes. Por otro lado, si nuestro cuerpo no puede usar toda la grasa y el colesterol generados por los excesos de azúcar, debe vaciar este peso adicional, así que lo deposita en las células del hígado, el corazón, las arterias, los músculos y otros órganos. Así comienza la degeneración por grasa.

Y esta produce  graves problemas de salud, como arterosclerosis, tumores, obesidad, enfermedades del corazón, del hígado y de los riñones”.

- Edulcorantes artificiales. “Se descomponen en nocivos ácidos en nuestro cuerpo. Los síntomas que producen: dolores de cabeza, migrañas, mareos, vértigo, irritabilidad, pérdida de cabello, insomnio, espasmos musculares, dolor en las articulaciones y problemas respiratorios, entre otros”.

- Animales en exceso. Estamos sobrecargados de proteína (¡consumimos en promedio cuatro veces más de las necesarias para funcionar de la manera adecuada!) y esto es fatal para el organismo.

“Los animales que se crían hoy para consumo humano suelen contener, al momento de ser consumidos, pesticidas, esteroides, antibióticos, microformas de hongos, microtoxinas  y grasas saturadas que contribuyen en gran forma a la epidemia de enfermedades degenerativas, del corazón y cáncer (en especial de senos, tiroides, páncreas, endometrial, de ovarios, estómago y colon)”.

- Colores artificiales. “Estos químicos sintéticos que no ocurren en la naturaleza pueden causar reacciones alérgicas, hiperactividad o déficit de atención en los niños; también pueden contribuir a desordenes de la vista y de aprendizaje”.

- Cereales refinados. Definitivamente hay que pasarse a los integrales. Es decir, a aquellos a los que no se les ha quitado la capa que los recubre, la cual protege la parte interior que contiene fibra, vitamina B y oligoelementos.

“Por supuesto, después de eliminar (en el proceso de refinamiento) todos estos nutrientes básicos, al final solo queda el almidón puro que contiene carbohidratos simples y una cantidad insignificante de proteína.

Los granos, panes y productos de harina pueden deteriorar el sistema digestivo y alimentarlo de bacterias patógenas y hongos. Dado que se les ha removido la fibra se mueven lentamente por el tracto intestinal y se van pegando a sus paredes donde forman mucosidades que albergan toda clase de hongos y bacterias”.

Para reemplazarlos está el mijo, la quinua, el amaranto, el arroz integral y el pan integral.

- Glutamato monosódico. “Identificado como E621, se utiliza para potenciar el sabor de los alimentos. Causa problemas respiratorios, digestivos, circulatorios y coronarios; piel irritada y jaquecas. También se les asocia con el Alzheimer, Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica”.

- Bebidas energizantes. “Varios países, entre ellos Francia, Dinamarca y Noruega, han prohibido la venta de estas bebidas en sus territorios por los riesgos que representan para la salud, como aumento de la frecuencia cardíaca y de infarto”. ¡Y qué decir cuando se mezclan con alcohol!

- Aceites y grasas refinadas.  Básicamente debemos fijarnos que en la etiqueta diga “libre de trans”. Estas grasas “no solo contienen una gran cantidad de  radicales libres que incrementan la posibilidad de padecer cáncer o artritis, sino que contribuyen en la gestación de enfermedades del corazón”.
 
Como nuestro organismo necesita algunas grasas, el experto recomienda buscar siempre aceites extraídos bajo presión en frío y mejor aún de primera presión. Los de oliva y los de lino son los más recomendables.

- Productos altamente procesados. “Tienen aditivos, preservantes, colorantes, saborizantes y una enorme lista de sustancias químicas impronunciables para darles apariencia agradable y sabores adictivos… Vale decir que no toda la comida industrial es dañina. Por fortuna ya existen industrias que se preocupan por ofrecer productos integrales, sin azúcar, sin aditivos y sin químicos”.

- Pesticidas en la comida. Además de su espeluznante impacto en el medio ambiente (los científicos están alarmados por la grave disminución de la población de abejas en el mundo, así como el efecto de estos químicos en peces, aves e insectos), pueden causar tumores, cambios genéticos, desordenes nerviosos y defectos de nacimiento.

REMEDIOS” NATURALES
Agua
Zumos verdes
Una ensalada en cada comida
Adicionar una verdura en el almuerzo y en la cena.
Jugos naturales
Solo pan integral
Abandonar los fritos
Renovar los aceites
Fuera el microondas
Reducir al máximo las proteínas de fuente animal
Reinventar los cereales
*Propuestos por Boris Chamás.

PORTADA DEL LIBRO CEREBRO DE PAN
En su libro Cerebro de pan, el famoso neurólogo David Perlmuttter, ganador de varios premios, entre ellos el Linus Pauling por sus investigaciones sobre las enfermedades neurodegenerativas, asegura que los carbohidratos están destruyendo nuestro cerebro y que son, en un altísimo porcentaje, los culpables de la demencia senil, la enfermedad de Alzheimer, los dolores de cabeza crónicos e incluso la depresión. (Grijalbo)

PORTADA EL PODER DEL ALIMENTO
El autor de El poder del alimento, Boris Chamás, acudió a la medicina alternativa cuando la tradicional no pudo curar sus graves problemas respiratorios. Solo un cambio en su dieta fue suficiente para decirles adiós a las enfermedades y a los medicamentos. En su libro da una lista de la comida que nos enferma y un programa corto de desintoxicación para luego enseñarnos a disfrutar de los famosos “superalimentos”. (Grijalbo)

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