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Adriana Lucía y Salomón, el poder de ser madre

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Nació y creció en medio de las tradiciones más arraigadas de la Costa Caribe, en una población donde ser madre es sinónimo de abnegación y cuidado permanente, aunque con la libertad que ofrecen estas tierras, y eso precisamente la preparó para enfrentar años más tarde el mejor rol de su vida.

Adriana Lucía, quien entonó vallenatos y se enorgullece de sus raíces en medio de sonoros porros, ya tiene otra gran pasión, es la mamá de Salomón, ese pequeño de mirada alegre que llegó hace tres años a darle júbilo al hogar que formó al lado del odontólogo Felipe Buitrago.

Define a su hijo como un regalo del cielo. Siempre quiso ser mamá y ahora, desde que el niño llegó a su vida, se siente más fuerte, con deseos de emprender nuevas cosas para que todo en él sea bienestar.

La artista cordobesa confiesa que durante su embarazo no tuvo preferencias, decía que le daba igual un niño que una niña, pero siempre en los sueños le aparecía su hijo con grandes ojos; y sucedió algo particular, tuvo un parto prematuro y aunque fue de manera natural, Salomón debió permanecer unos días en incubadora.

En esta situación, Adriana Lucía debió esperar más tiempo para ver la carita de Salomón y los grandes ojos que efectivamente tiene el niño, pues todo este tiempo estuvo con ellos vendados por la fototerapia a la cual era sometido. Cuenta que el cara a cara con su hijo fue una emoción indescriptible, pues además, Salomón tenía los ojos que ella veía en los sueños.

El día a día

El hogar de Adriana Lucía es un compendio de acuerdos previamente establecidos. Felipe su esposo, se puede definir como un “papá-mamá”, la ayuda en todo lo que tiene que ver con el niño dentro y fuera de casa, porque la idea es que la crianza sea compartida.

Las costumbres de la casa materna no se quedaron en El Carito, advierte, pues fue partidaria de amamantar al niño hasta los dos años, pues para ella no existieron fórmulas ni suplementos y en estos tres primeros años la atención se ha centrado completamente en él.

Cree que casi todo lo que ella vivió en su pueblo natal lo ha trasladado a su hijo, Adriana Lucía tiene el referente de su mamá y abuelas y siente que sin necesidad de hacer los novedosos cursos que ahora se dictan, ella venía equipada para ser madre.

Tuvo un parto natural, lactó a su niño y en lo que a la alimentación de Salomón se refiere, prefiere todo natural, como lo hicieron con ella. Es apegada a lo hecho en casa, de tal forma que los jugos deben ser naturales y lejos de darle una compota procesada, opta por ofrecerle la fruta.

Conserva sus costumbres y una muy especial adoptada de sus abuelas, independientemente de que sea cantante, es cantarle en su rutina, desde el baño y las comidas, hasta cuando están jugando, es una forma de hacer que cada momento perdure de la mejor manera en su memoria.

Salomón nació y está creciendo en Bogotá, pero desde bebé tuvo contacto con el mar y el río, los ama, le gusta caminar descalzo y disfrutar al máximo las visitas a El Carito, además su abuelo lo pone a pescar, a jugar con la lluvia, en general a vivir esa experiencia que lo mantiene cerca de sus raíces.

El espíritu Caribe salta a la vista en cada actuación de Salomón, y su mamá lo sabe, pues su empatía con los demás es muy notoria, en su medio hablar entabla conversaciones y se hace sentir. El pasado mes de marzo cumplió tres años y para entonces la familia se había desplazado a Brasil por un compromiso artístico de Adriana Lucía, allí hizo saber a todos los huéspedes del hotel que era su cumpleaños.

La música

Sin ser un propósito de sus padres, el pequeño Salomón mostró desde los diez meses su inclinación musical, la batería es su instrumento preferido y aunque ya hace sentir su ritmo y Adriana Lucía sabe que tiene corazón de músico, no lo han forzado a seguir con método.

Explica que por ahora no habrá clases dirigidas, quieren que el niño disfrute y vaya manifestando sus aptitudes, está en etapa de descubrimiento, la cual acabará a los cuatro años, cuando ya se le imponga disciplina en el aprendizaje.

Adriana Lucía y su esposo decidieron que una vez naciera su hijo estarían más unidos, Felipe tiene una clínica y la puede manejar incluso en la distancia, entonces los compromisos artísticos de ella se cumplen en familia, viajan juntos y Salomón con ellos.

Mientras Adriana hace su show, el niño permanece con su padre en el hotel, pero viaja con todo el equipo y está empapado del trabajo de su mamá. El viaje en familia es cuando el compromiso se cumple por más de tres días, en menos tiempo, Salomón se queda en casa.

Cantar juntos es una actividad recurrente en madre e hijo y la costumbre de sentarse a la mesa en familia, aspiran mantenerla para compartir siempre al momento de los alimentos.

Adriana Lucía está feliz con Salomón, es su vida, pero quiere más hijos, advierte que por lo menos dos más, ya que si hubiese estado en otra época, su familia fuera numerosa, entre 8 y 10 hijos. Ahora entiende que el número debe ser más reducido y no descarta la idea de una adopción, pues sería brindar hogar a un niño que lo necesita.

Está convencida que en manos de las madres está el futuro del mundo, de la formación que den a sus hijos dependerá el desarrollo de todo y con el amor que se prodiga por naturaleza, se puede llegar muy lejos, es un poder que sólo está en las madres.

Recientemente, mientras disfrutaban de unas vacaciones, Salomón sufrió un accidente que le representó una fractura en la pierna. Dice que al niño le dolía, pero a ella mucho más, allí entendió que ser madre es lo mejor que le ha podido suceder.

Porro hecho en Colombia

Hace casi un año Adriana Lucía lanzó su más reciente producción discográfica, se trata de “Porro hecho en Colombia”, un álbum donde exalta sus raíces, al tiempo que salió el documental homónimo, que recientemente ganó premio en Nueva York.

Su trabajo es en familia, tuvo la suerte de tener el talento concentrado en casa y para ella ha sido una bonita experiencia compartir esto que tanto le gusta hacer con quienes más quiere.

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