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Arnold Cantillo, actor sin barreras

Arnold y Julián tienen mucho en común, creen en la libertad, en la justicia, también en un mundo sin barreras. Arnold Cantillo es el actor cartagenero salido del “barrio, barrio”, como él mismo lo aclara, quien ha surgido por sus medios y con el deseo de llegar muy lejos; por su parte “Julián”, es su personaje más reciente en “La esclava blanca”, dando vida al capataz justo, que cree en la igualdad.

La historia de Arnold Cantillo empezó a escribirse en Cartagena, pues una vez culminó la secundaria en el colegio Comfenalco, se dio un tiempo para meditar cuál sería su destino y trabajando al lado de su papá Carlos Cantillo, quien es contador público, emprendió el camino hacia las artes.

Sin entender aún que su vida estaría enmarcada en una pantalla o en las tablas, Arnold decidió que iba a estudiar Arquitectura, guiado por un instinto innato hacia los dibujos, encontrando el apoyo de su papá, quien sólo exigía en sus hijos una carrera profesional.

Cabe anotar que en su adolescencia también bailó en el grupo “Danza Moderna de Cartagena” dirigido por el coreógrafo Lucho Jiménez, pero nunca imaginó que todo aquello era el cimiento para desarrollar su destreza artística.

Una vez inscrito en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el camino de vuelta a casa lo hizo pasar por la Escuela de Bellas Artes, donde se encontró a un antiguo vecino de barrio, quien le expresó que estudiaba actuación, lo que significó un “clic” en su mente y de inmediato se inscribió.

Arnold no cree en las casualidades, mejor piensa en los caminos que van guiando el futuro y de esta manera llegó a la actuación, sin pensarlo, pero una vez conoció ese universo fantástico que le permitiría expresarse, luchó por él y tras iniciar allí su carrera con grandes maestros que le enseñaron el respeto por el oficio, partió meses después a Bogotá para cristalizar sus ilusiones.

Un camino nada fácil

Salir de casa significaba encontrarse de frente con una serie de vicisitudes que más que amilanar a Arnold lo hicieron fuerte. Se encontró con mucho talento, entonces, “enfrentarse” actoralmente a ellos, fue parte de su crecimiento personal.

En Cartagena su vida transcurría de manera normal, pesaba 98 kilos, producto de la magnífica gastronomía de Doris Chávez, su mamá, quien desde hace 30 años se dedicó a deleitar los paladares desde su reconocido puesto de arepas en el barrio Crespo, una réplica de lo que se puede degustar en familia.

Arnold nunca aprendió a cocinar, entonces mientras estudiaba en la Academia Superior de Artes de Bogotá, su dieta no fue la mejor, pues tampoco podía hacer más gastos, de esta manera el hambre se sumó al sufrimiento por una novia que dejó en Cartagena y llegó a bajar 25 kilos.

Cuando llegó el periodo de vacaciones y regresó a casa, esa chica ya tenía otro novio, dejando como resultado lo que él llama la “lipo-tusa” bajando 12 kilos más, pero logrando una figura ágil y acorde con lo que vendría a futuro.

Los hijos, otro regalo

Estando en la universidad, Arnold Cantillo experimentó una gran felicidad, el nacimiento de sus hijas, las gemelas Manuela y Sara, fruto de una relación con una joven artista con quien ya no está, pero mantiene una excelente amistad.

A partir de allí muchas cosas cambiaron para este actor, quien debió buscar alternativas para derivar el sustento de su familia y fue así como trabajó en asistencia de producción, conociendo la labor detrás de cámaras; también incursionó en la publicidad, como utilero y ambientador, hasta cuando entró a un canal de televisión privado.

Advierte que el regalo de Dios se extendió, pues en otra relación con una joven a quien admira mucho, llegó su hijo Salomón, un pequeño que ya cumplió cinco años. Arnold es fiel admirador del papel de la mujer en este mundo y aclara que siempre supo que esas valiosas chicas, debían ser las madres de sus hijos.

Abriendo puertas

La actuación siempre ha sido su norte, indica con certeza que todo está en la mente. “Muchas veces no se piensa lo lejos que se puede llegar, la clave está en intentarlo, abrir el camino y mostrar el talento, además de otras circunstancias que van llegando, se trata de no tener barreras”, aclara Arnold Cantillo.

La oportunidad llegó en la serie “Sin retorno”, interpretando a un personaje llamado “León”, un primer paso que le dio el aval para no detenerse en esta carrera que hoy le da reconocimiento, pues le siguió un proyecto en cine, “Saluda al diablo de mi parte”, donde pasó de tener dos escenas a ser notorio e influir en la historia.

Con casi una década en la actuación, Arnold siente orgullo, pues con personajes de todo tipo su carrera se ha formado a pulso, logrando reconocimiento de directores, hasta cuando llegó este momento de “La esclava blanca” interpretando a “Julián” que le ha llenado el corazón.

Está convencido de que la televisión educa y en la medida que se hagan buenos proyectos el público sabrá exigir, en este caso particular se pudo aprender de nuestra historia afro en medio de la ficción y el romance.

Inicialmente  hizo casting para interpretar a “Morales”, el malvado capataz, pero hubo algo muy claro y era la edad de este personaje, que debía ser mayor, aun así, Arnold entregó todo y logró la interpretación de “Julián”, que tenía participación mínima, pero se mostró y con un piso actoral, le creó historia y permanencia.

Anteriormente se había desempeñado también en el papel de un bandido encarcelado en “Bazurto” y fue el adicto novio de “Lola” en “Celia” la serie inspirada en la vida de la “Guarachera de Cuba”.

En el futuro inmediato, el cartagenero ha tenido la oportunidad de trabajar en un nuevo programa con el director Carlos Mario Urrea, un proyecto avalado por el Ministerio de Educación que se llama “El experimento”, donde interpreta a un profesor de sistemas que apoya a los estudiantes en el cambio positivo que se busca en la educación.

Este personaje representa un sueño cumplido para Arnold, también indica que participar en la producción “En la boca del lobo” le representó una construcción de principio a fin, que si bien tuvo apariciones puntuales, fue un personaje real que hace parte de la triste historia de corrupción que ha azotado a Colombia.

El apoyo familiar ha sido fundamental para Arnold Cantillo, algo que ha sido importante en su crecimiento personal y actoral, pues aunque ya cuenta con 38 años, sigue ligado como buen costeño a una casa que lo espera cada diciembre y a un barrio que lo siente suyo.

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