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El orden de los factores no altera el producto

El número de hijos en una familia es un elemento que incide en la formación de la personalidad de cada uno. Una familia numerosa favorece el desarrollo de sus miembros pues el hogar es el ambiente más sano para aprender cómo relacionarse, comportarse, ganar y perder, en fin es una mini sociedad donde se aprenden las reglas de juego y habilidades que serán las competencias necesarias de la persona para desenvolverse en la edad adulta.

Aunque los hijos se educan bajo un mismo techo, su ubicación dentro del esquema familiar puede determinar un modo de relación con los padres y hermanos que repercutirá en su carácter. Las siguientes son las características de cada hijo según su lugar en la familia.

Los mayores, los "sándwich" y los menores…

Aunque hay excepciones, la estructura familiar y las funciones conforme a su lugar, establecen unas características en la personalidad de los hijos. Conocer el perfil de cada uno de ellos, ayuda a los padres a corregir posibles errores y a reforzar otras actitudes en los hijos. Todos suman, los mayores, los sánduches y los benjamines aportan a la armonía familiar cada uno a su manera. Su posición en la ecuación familiar no altera el resultado final en tanto se tengan en cuenta dentro del proceso educativo.

Los hijos mayores: Modelos de responsabilidad

Representan el modelo de responsabilidad, incluso en algunas familias toman las veces de “cabezas de hogar”, aún cuando los padres están presentes. Suelen ser líderes, colaboradores, competentes, desarrollan su máximo potencial. Como posibles rasgos negativos, sobresale su deseo exagerado de ser los mejores, por eso son muy competitivos y exigentes con ellos mismos. Se desmotivan si no logran los resultados esperados.

Se les recomienda a los progenitores, no atribuirles deberes de “padre” que no les corresponden, evitar presionarlos para que obtengan el primer lugar y ayudarles a aceptar que perder no implica ser “menos”.

Los del medio: Los hijos sándwich

La llegada de un tercer hijo impacta la estructura familiar. “Los padres suelen ser menos exigentes y demandantes con los hijos del medio, y por eso, muchos de ellos desarrollan actitudes más relajadas frente a la vida en comparación con sus hermanos mayores”, asegura Stacy De Broff -directora de la consultora Mom Central-.

“Al mismo tiempo, dejan de recibir esa atención y cuidado de la que gozaban antes de que naciera el tercer hijo, que lo desplaza del puesto de benjamín de la casa.” Por eso, el hijo sándwich suele esforzarse más para ser reconocido “y debe pelear duro para conseguir la atención de sus padres. Generalmente, busca con desesperación una manera de sobresalir”, apunta la experta.

El hijo intermedio puede sentirse excluido y sin privilegios, por eso siempre está en busca de un lugar dentro de la familia, y es posible que busque suplir esa carencia por fuera del círculo familiar, como son los amigos. Por esta razón, suelen ser los más sociables, recursivos y mediadores.

Los padres deben darles su lugar en la familia, pedirles sus opiniones y aplaudir sus contribuciones; darles más atención positiva.

Los menores: los consentidos de la casa

Por lo general, los progenitores son menos exigentes con los hijos menores, no les crean tantas expectativas, son más permisivos, su autoridad es laxa. En ciertas ocasiones los menores pueden llegar a ser manipuladores, demandan atención continua y esperan a que los demás asuman sus responsabilidades pues se sienten protegidos por sus padres y hermanos mayores.

Dejarles de exigir es un error. Se les debe inculcar igualmente la responsabilidad, esfuerzo, disciplina y liderazgo, como se hace con los otros hijos. Los especialistas sugieren a los progenitores, evitar excederse en cariño y libertinaje. En lugar de “alcahuetear”, los padres deben hacer con este hijo una “versión mejorada” basándose en los errores que tal vez se cometieron con los demás.

Cada hijo es diferente, por consiguiente el trato también debe serlo. Los padres deben establecer un modelo educativo de forma equitativa para todos los hijos, pero conservando la individualidad.



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