En modo Halloween

20 de octubre de 2017 12:00 AM

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El color tiene identidad y produce sensaciones, por lo que su relación con situaciones específicas es esa unión que lleva a un colectivo a pensar y actuar en un mismo sentido, aplicando en muchos escenarios de la vida.

Naranja y negro, también se incluye el morado, son las tonalidades que identifican Halloween, esa fiesta que a diferencia de las otras que conforman el calendario, se nutre del “terror”. Es la celebración de origen celta que se involucró en el imaginario general y desde entonces no ha dejado de recrear una noche llena de fantasía.

Con las tonalidades enunciadas se recrea la decoración, los atuendos, que generalmente son disfraces alusivos a escenas de fantasmas y seres de otra dimensión y hasta las comidas, porque el menú, a propósito bastante creativo, está incluido en esa paleta de colores.

Estar en “modo Halloween” significa prepararse con todos los detalles para esa fecha, que pese a ser un solo día, llena de expectativa cada año a quienes desean participar de la celebración, la que cada vez se hace más importante.

Se trata de ser recursivo y tomar elementos de la cotidianidad para convertirlos en ese detalle divertido que puede transformar un espacio o un disfraz, en una propuesta fuera de lo común, donde la originalidad cuenta.

 

¿Y qué representan?

Preparar todo esto resulta divertido. Para los más pequeños el disfraz también aplica con la sugerencia de los superhéroes favoritos y en adultos la creatividad en cuanto a personajes de otra dimensión es infinita.

Como se indicó anteriormente, el color juega un papel fundamental al diseñar ese vestuario, que debe ir acorde a la ocasión, entonces tener en cuenta el significado de cada uno es válido para asociarlo al mensaje que se quiere dar.

En lo que a morado se refiere, es de anotar que tiene mucho que ver con la magia, es un todo que resulta de la mezcla de azul y rojo, tonalidades opuestas que le asignan poder al resultado. Se relaciona con la oscuridad de la noche y un poco con la luz del siguiente día, es muy afín con la visita a los difuntos.

El negro, que es el más predominante en esta fiesta, representa ese misterio que se quiere imponer, de hecho su elegancia no se resta ni en esta fecha, pues muchos atuendos suelen imponerlo con mucho brillo.

En cuanto al naranja, es muy alegre, representa la luz del nuevo día y en los países donde se disfruta de las estaciones, se relaciona con las hojas que caen al llegar el otoño. Cada color tiene su importancia, emite sensaciones y se adapta a los estados de ánimo, por lo que estos tres unidos, pueden llevar a la alegría de una celebración que espera la noche para aterrorizar.

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