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La música en la era de Twitter

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Jack Hody Johnson era un surfista hawaiano, par-ticipante de las más im-portantes pruebas profe-sionales, pero un accidente lo obligó a guardar reposo durante cierto tiempo, que él aprovechó para dedicar-se a una de sus grandes aficiones: componer can-ciones.

Hace 8 años lanzó su primer álbum, llamado “Brushfire Fairytales”, un extraño alegato contra la modernidad tecnológica y la distorsión musical, de la cual se salvan frases como “we are only what we ha-te” (“somos lo que odia-mos”). Incluye canciones como “Sexi Plexi”, “Pos-ters”, “Inaudible Melo-dies” y “Loosing Hope”, ejemplos de un rock casi progresivo mezclado con cierta reminiscencia country, agradables de oír en realidad.
En 2008, salió otro ál-bum llamado “Sleep Trhoung the Static”, inte-resante también, cuyo ma-yor atractivo, según la pu-blicidad promocional, era que había sido grabado con energía solar, en el que se destacan canciones como “If I Had Eyes” y “While We Wait”.
El cantante, ahora de 34 años, anunció esta semana que el 27 de octubre pre-sentará su nuevo álbum, para lo cual ha empezado una campaña promocional que utiliza todas las he-rramientas que ofrece In-ternet.
Por ejemplo, a través de Twitter, Johnson ofrece la descarga gratuita de una de las canciones del nuevo álbum. Sólo hay que entrar a la web twi-tter.jackjohnsonmusic.com buscar el mensaje que promociona el nuevo disco, añadir una frase de hasta 24 caracteres y publicarla mediante un botón, en nuestra cuenta de Twitter. Enseguida comenzará la descarga automática de la canción.
La página web del can-tante (www.jackjohnsonmusic.com) es un buen ejemplo del uso de Internet para efectos promocionales y de mercadeo. Allí no sólo se vende su música, sino que también hay una amplia oferta de camisetas, equi-pos reproductores de DVD, álbumes, videos, ediciones de lujo para co-leccionistas, enlaces para descargar canciones a bajo costo, y, por supuesto, un botón para bajar gratuita-mente algunas canciones.
Como Jack Johnson, muchos otros cantantes que 30 años atrás pudieron ser auténticos ídolos y vendedores millonarios de álbumes musicales, están acudiendo cada vez más a Internet para promocionar y vender su trabajo, sin la molesta intermediación de las compañías disqueras, que sólo tienen como ventaja competitiva la cali-dad profesional de las gra-baciones.
Lo cierto es que la pi-ratería y la facilidad de grabar en la propia casa con buena calidad de soni-do están golpeando dura-mente la industria disco-gráfica. Para los propios músicos, la piratería es también su mayor enemi-go, porque en los últimos 15 años, se ha consolidado el concepto de la Web co-mo el sitio donde es posi-ble obtener gratuitamente todo.
Pero hay otro enemigo que es igual de peligroso: la abundancia de oferta musical en la Web. Cada día crece la presencia de cantautores, cantantes y grupos, baladistas, rocke-ros, intérpretes de música urbana, y todo tipo de pro-puestas a disposición de los internautas, que se de-sorientan en ese océano de canciones.
Por eso, el nombre de una reconocida casa dis-quera sigue siendo el me-jor respaldo para los can-tantes que deseen conver-tirse en estrellas, porque establece una diferencia considerable con respecto a los miles de artistas que intentan brillar en ese uni-verso refulgente que es Internet.
Lo que hace Jack John-son es unir un prestigio ya cimentado luego de algu-nos años, con las infinitas posibilidades de comercia-lización que abre Internet, y que apenas están empe-zando a descubrirse.
Lo mismo está ocu-rriendo con la industria editorial, pero a ella nos referiremos en otra co-lumna.

*Director Q’hubo

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