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Los primeros ticinco de Mario

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Quién iba a pensar que ese “señor” vestido de overol azul, rostro redondito y bigote grueso, ¿sólo tiene 25 años? Sí, es incluso menor que yo, pero eso no viene al caso y los cumplió esta semana.
Lo importante es saber que se trata de un joven personaje que ha roto increíbles récords en el mundo de los videojuegos, que le ha significado millo-nes de millones de dólares en ganancias a la Nintendo y que además puede alardear siendo la persona que más ha recibido golpes en su cabeza, sin sufrir estra-gos… únicamente la fre-nética necesidad de espichar hongos que caminan, ver tortugas voladoras y en ocasiones usar una cola para volar. El “señor” Mario no es muy normal que digamos, pero después de todo, ¿quién lo es?

Yéndonos a la historia, su historia, este famosísi-mo fontanero apareció primeramente en los pen-samientos de Shigeru Mi-yamoto, un joven diseña-dor de la compañía (Nin-tendo) que comenzó a tra-bajar en ésta desde 1977, quien luego lo materializó, pero en sus primeros días de existencia, trabajaba como carpintero, se llama-ba Jumpman y tendría que salvar a una princesa en apuros de las garras de un malvado gorila. Eso fue por allá en 1981.
Jumpman, con cara y aspecto bonachón, no lo era tanto. Era un amo maltratador del cual Don-key Kong, necesitaba ven-garse. Por esta razón se-cuestró Lady (después convertida en Pauline) a quien Jumpman (después convertido en Mario) debía rescatar.
El juego empezó a ser vendido en estados unidos, comenzando por dos bares en los que se hicieron las primeras pruebas. Fue así como se reemplazaron juegos populares de dispa-ros, por la típica historia del rescate de una princesa en apuros, lo que una vez más confirma que las prin-cesas mandamos la parada. Nintendo entonces en tan sólo un año logró recaudar más de 180 millones de dólares.
En 1982, Jumpman cambia de identidad, ahora se llama Mario y es un hombre malo: encarcela a Donkey Kong obligando a su hijito Donkey Kong Ju-nior a rescatarlo. Sí seño-ras y señores, hasta Mario tiene un pasado oscuro…
No fue hasta 1983 que Mario se independiza, cuenta con su propio vi-deojuego y se encarga de limpiar las alcantarillas de Nueva York de algunos personajes extraños.
Super Mario Bros, fue el primer juego en pene-trar los hogares del mun-do, Mario pasó de ser el amo y señor de las máqui-nas tragamonedas a ser protagonista de la historia en la que tiene una vez más que rescatar a una princesa en problemas, pe-ro ya no es la misma prin-cesa, -qué curioso- la cam-bió por otra, -típico- ahora se trata de la Princess Peach, quien ha sido atra-pada por una tortuga con ínfulas de dragón, pero con buen gusto, se trata de King Koopa. Esta historia de amor, significó para Nintendo la venta de 40 millones de copias.
Obviamente después de esto, el “señor” Mario era toda una celebridad, de he-cho lo sigue siendo, pues puede competir con los más reales y experimenta-dos soldados, matones, príncipes, humanos, futbo-listas y en fin todo lo que se les ocurra a los creado-res de videojuegos, sin perder la cabeza, ni su sombrero, ni la tranquili-dad de lograr lo que de-termina con la terquedad y constancia de siempre.
Lo hemos visto volar, comer estrellas para lle-varse al mundo por delan-te, montar dinosaurios, manejar vehículos, subir al cielo y luego llegar hasta las mismísimas profundi-dades de la tierra, lo he-mos visto volver a huma-nizar reyes, convertirse en rana, andar con armadura, comer flores, lanzar balas o bolas de fuego e incluso, cambiar su atuendo. Lo hemos visto muy acompa-ñado, rodeado de otros personajes a quienes tam-bién hemos podido encar-nar, como Luigi, Toad y la mismísima Princess Peach.
Pero lo más importante es observar cómo, este magistral personaje, evo-luciona junto a las cajitas mágicas que lo hacen una realidad. Por mucho que cambian de tamaño, forma, e incluso se hacen portá-tiles, Mario, nos sigue acompañando, tan panzu-dito y bigotudo como el primer día, su tenacidad y capacidad de lograr lo que se le antoja se nos conta-gia, haciéndonos repetir mundos infinidades de ve-ces, hasta vernos lograr el rescate. Mario nos enseña que aunque nos golpeamos en la cabeza y caemos por los vacíos, siempre existe la posibilidad de encon-trarnos una vida extra a punta de moneditas o re-petir el mundo desde el principio, para finalmente lograr llegar a término con nuestro tesoro en las ma-nos… y que ojalá éste sea una princesa!

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