Mimi Anaya, la seducción del acordeón

20 de julio de 2018 12:00 AM

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La sensualidad envuelve esa comunión que hay entre Mimi Anaya y su acordeón, es una complicidad prácticamente tácita que la sitúa en el honor de interpretar un instrumento poco usual en su género y la satisfacción personal de sacar esas notas que no son ajenas a casi nadie.

Que el vallenato es para hombres quedó desvirtuado hace mucho tiempo y de eso se ha encargado esta cordobesa que respira música por sus poros y se expresa con una sonoridad tan contagiosa que envuelve, así como su risa.

Además de cantar y tocar el acordeón, Mimi es una excelente actriz, hace parte de esa nueva camada de talentos que diversifican el arte y recientemente lo demostró en “Tarde lo conocí”, una telenovela de alta audiencia en la televisión nacional.

Miriam Milena, o bien conocida como Mimi, nació en Montelíbano, en un hogar rodeado de música y a los 8 años empezó a involucrarse con el vallenato a raíz de la serie “Escalona”, un incentivo para que decidieran los hermanos Anaya pedir a su padre un acordeón.

Empezó cantando y frecuentando junto a su hermano Alvin, los festivales de la región, también estuvo en Valledupar. Precisamente Alvin, quien hoy es un destacado intérprete del acordeón, fue quien le dio sus primeras lecciones, más adelante se volvió autodidacta de este instrumento tan sensible.

Esa pasión llamada música

Mimi se identifica con el acordeón, advierte que se parecen mucho, tienen sensibilidad, pero también fuerza y en esa afinidad aprendió a quererlo, a sacarle melodías y pudo interpretarlo a su manera.

Fue la primera niña en el país en atreverse a tocar el acordeón, porque cuando empezó ya estaban en el ruedo musical mujeres como Maribel Cortina y Chela Ceballos, de quien guarda los mejores recuerdos y de esta manera, con referentes de gran talla, fue cimentando su carrera.

Confiesa que tuvo muchos detractores en sus inicios y su mamá fue quien más se opuso, pues no quería que de los siete hijos, su única niña se dedicara precisamente a interpretar el acordeón y a cantar vallenato. El apoyo siempre vino por parte de su papá Carlos Anaya, quien no desistió en conseguir los medios para el avance del sueño de sus hijos.

Afortunadamente, advierte Mimi, todo cambió y doña Magaly Ospino de Anaya cambió su parecer y hoy es su fiel admiradora, al punto que no desea ver a su hija en otra faceta que no sea la de la excelente acordeonista en la que se ha convertido.

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Costeña y artista, ¿cómo funciona esa combinación?

Es la mejor. Orgullosa de ser de una tierra tan bella, tranquila, llena de gente talentosa, donde el acordeón es importante en mi pueblo.

¿Cómo decides ser actriz?

Cuando llegué a Bogotá decidí estudiar una carrera afín a la música y fue cuando me decidí por la actuación y después estudié Comunicación Social, llegando a ejercerlo en la Fiscalía, en el actual Gobierno y en RTVC, todo esto sin dejar de hacer música, hasta ahora, que dispuse quedarme sólo con ésta.

¿De qué manera llegas a la historia de Patricia Teherán?

Antes trabajé en varias series con papeles muy pequeños y curiosamente a todos llegué por la música, que me ha abierto infinidad de puertas en Bogotá. Cuando se abrió el casting para interpretar a “Caya Quiroz”, fui con la ventaja de haber sido muy amiga de Chela Ceballos y eso me ayudó a crear el personaje. Tengo una anécdota vivida con Chela y es que logré decirle que estaba esperando para ese papel y la respuesta de ella fue “comadrita, quien más que usted, por lo menos me pusieron una bonita para que me interprete”. Todos los días la recordé y aunque se trató de un libreto ficcionado, traté de hacerlo lo mejor posible, como un homenaje. Chela falleció antes de salir al aire la novela, no pudimos celebrarlo.

¿Qué sientes al escuchar un vallenato?

Una mezcla entre alegría y nostalgia, sobre todo con esos que tienen letras muy bonitas y sentidas, me transportan a las raíces, al pueblo, al olor a ganado, a la lluvia. Los más modernos, poco me mueven la fibra.

¿Cuáles son los artistas vallenatos que más te mueven el alma?

Indiscutiblemente los clásicos. Amo a Diomedes Díaz, fue mi ídolo, también los Zuleta y Jorge Oñate. Cantan con el alma y son letras divinas, aunque eso no significa que no le abra espacio a la música actual, pues es tan amplia y universal que acepta fusiones.

 ¿Hay planes de un disco?

Si. Voy inicialmente a sacar un sencillo de una composición propia que se llama “No me da la gana” y es una canción de desamor.

 ¿Seguirás alternando actuación y música?

Lo puedo hacer, creo que el personaje de Caya Quiroz me dio mucha experiencia pues su actuación fue total en la serie y si hay la oportunidad de conectarme con otro personaje así, no lo pensaría dos veces, lo hago.

Muchos te ven como el antiguo juglar, tocas el acordeón y cantas, ¿es un propósito seguir así?

Sí, claro. He tenido oportunidad de hacer dúo con otras cantantes importantes, pero voy a luchar por esta originalidad aunque sea interpretado por una mujer. En eso también trabajo, porque eso no significa que se pueda perder la feminidad.

El acordeón es un instrumento que denota fuerza, ¿cómo se puede seguir siendo femenina al interpretarlo?

Eso va en el ser. Yo no lo veo como un instrumento de hombres, sencillamente está ahí para que lo toque quien quiera. Es de anotar que lo disfruto y soy muy seductora con el acordeón y no percibo muchas veces toda la empatía que tenemos.

¿Qué significa Montelíbano en tu vida?

Es mi familia. Cuando hablo de Montelíbano, me refiero a lo mío, es mi motor, mi fuente de inspiración, mi apoyo y como nadie es profeta en su tierra, debí salir, pero cada día dejo su nombre en alto.

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