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Ocurre cuando pasa

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“Ella tenía los colmillos largos y agudos; él tenía la carne
blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro”
Amor ideal, Poli Délano

Las historias de amor de Hollywood, la mayoría magistralmente tontas, pa-decen del mismo ritmo predecible. Siempre en algún momento, ella o él, tendrá que aventurarse a correr tras el otro, atreverse, buscarlo y decirle que se quede. Esta ima-gen reiterada suele narrarse con unos elementos comunes, por ejemplo, con frecuencia ocurre en una terminal de transporte, en la estación de un tren o en un aeropuerto.
El éxito de ésta recono-cida imagen está determi-nado por los propios temo-res humanos a no saber reconocer cuándo el amor ha llegado a nuestra puer-ta, el terror nocturno de que El Amor, nos ocurra al frente y no nos demos cuenta.
Algunas veces me gusta sentarme al lado de la se-ñora María, es una amiga que desde hace mucho tiempo tiene un puesto en el Portal de los dulces. María siempre me regala un bocadillo de plátano y puedo quedarme allí por horas viendo la gente pa-sar. Me pregunto si existe la posibilidad de que algu-na mujer se tropiece hom-bro a hombro con un hom-bre que también camine por el estrecho portal, y ambos apenas se miren, y se alejen sin siquiera sos-pechar que ellos eran El Amor sin saberlo.
Casi todos los amantes se recrean divertidos con-tándose mutuamente las circunstancias de aquel día en que se conocieron. Él describe la tarde soleada, ella lo que él llevaba en la mano, él describe su ves-tido de flores, ella aquel gesto impetuoso…, pasan horas contándose una historia que ambos cono-cen…, la razón no es la estupidez del enamora-miento, la razón es que en algún lugar de nuestros corazones reconocemos cuánto deben alinearse los astros para que estemos allí, uno al lado del otro.
Erase una vez un es-quimal que pescaba du-rante una estación noctur-na. Tras de sí lo sorpren-dió la imagen de una mujer hermosa atrapada entre el hielo. El esquimal tomó su cuchillo con el firme propósito de liberar a la mujer, pero sintió temor de alcanzarla con la filosa hoja. Lo pensó. Buscó un hacha para dar un golpe en la dura corteza, con la in-tención de que el hielo se fragmentara cayendo en pedazos. Lo dudó. No estaba seguro. Empezó a caminar en círculos inten-tando encontrar una mejor manera. Mientras lo pen-saba la estación cambió y un rayo de sol apresurado derritió el hielo, liberando a la mujer. Cuando el es-quimal volvió su mirada, ya ella no estaba, se había ido.
Sería muy romántico pensar que todo aquel que tropiece nuestro hombro bajo el Portal de los dulces puede llegar a ser el amor de nuestra vida, sería más que romántico, cursi y pa-tético. Sin embargo, como el esquimal, nos pasamos la vida encontrando mejor momento para cada cosa sin saber que el mejor momento simplemente ocurre cuando pasa.
Cuando tenía 19 años pensaba que encontraría al amor de mi vida en una li-brería, me imaginaba que en la búsqueda de un libro y el otro nuestros ojos se encontrarían y ambos sa-bríamos que no podíamos vivir el uno sin el otro. Esa era mi imagen cliché. Con el tiempo comprendí que cada quien tiene esa misma fantasía en un sitio distinto y que yo no era nada original.
En ocasiones cuando recorro una librería pienso en aquella pueril fantasía. Ahora ya sé que El Amor puede estar allí, puede ser el librero, puede estar afuera de la librería, puede ser un ladrón que entra a robar la librería, puede ser un personaje de un libro, su escritor, un profesor que sugirió su lectura o simplemente la persona a la que se lo llevo.
Con el amor pasa algo maravilloso, está en todas partes y no está en ningu-na. Tal vez lo más impor-tante para no dejarlo ir cuando llegue, es recono-cerlo dentro de nosotros mismos. Encontrar al amor no es hallar a una persona, se trata de algo que sentimos, algo que respiramos, algo que to-camos, algo con que soña-mos, algo que deseamos, que probamos, que nos gusta.
El Amor no llega un día y se asoma por el umbral de nuestra puerta, El Amor no se aproxima, El Amor ocurre dentro de no-sotros y sale por nuestra piel convertido en beso, en verso, en piel o en canción. Así, El Amor no nos deja, no nos engaña, El Amor no abandona, no se va con otra, no nos miente y no tenemos que despedirlo abordando el siguiente tren, porque el amor nos pertenece sólo a aquellos que nos damos el permiso de sentirlo alguna vez.

*Psicóloga
palabrasdesexualidad@gmail.com
www.palabrasdesexualidad.blogspot.com

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