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Tienes un e mail

Ray Tomlinson, a quien se le atribuye la creación de los correos electróni-cos, jamás pensó que su aporte a la ciencia y a la tecnología podía ser tan determinante sobre las relaciones de pareja. No me refiero a los encuen-tros amorosos insospecha-dos, como en aquella pelí-cula de Tom Hanks y Meg Ryan, sino a las rupturas, los ataques de celos, las persecuciones, las inva-siones a la privacidad y los increíbles descubrimientos de infidelidad.
Para mi generación el mundo virtual era inexis-tente. La primera vez que tuve internet en casa me quedaba hipnotizada por un pequeño planeta que daba vueltas en la esquina del monitor. Era real-mente increíble poderse conectar en una sala de chat con personas en otros lugares del mundo.
Recuerdo que Starme-dia tenía salas temáticas a las que uno podía entrar y conversar con un perfecto desconocido que estaba sentado frente a otro com-putador. Empezamos a entender que entrábamos a la era del nicknames, que es una manera elegante y moderna de tener un alias.
En esos días el acceso a la pornografía enloqueció a más de uno, que no se sentía tan culpable mante-niendo su cuerpo estéril ante una inmundicia dis-tante. El sexo y el cortejo a través de la web sonaban bastante irreales.
Poco a poco fuimos entendiendo la lógica y aprendiendo a relacionar-nos por el mundo virtual. La bandeja de entrada se volvió en una vida paralela de todos los seres huma-nos con acceso a la web y vaya que es fascinante descubrir qué es lo que se esconde en ese universo paralelo.
Mientras unos se espe-cializaban en manejar las nuevas tecnologías para tener acceso al mundo globalizado, otros, los in-seguros, los celosos y los obsesivos se especializa-ban en aprender las nue-vas tecnologías, pero para tener acceso al mundo de la persona amada y allí empezó la tragedia.
Es posible que en otros tiempos los matrimonios duraran toda la vida, pues en las épocas de las abue-las no existía internet. Nadie se descubría infide-lidades a menos que en-contrara al adultero con las manos en la masa. Ahora basta con un poco de ta-lento tecnológico y perse-verancia para indagar en la privacidad del otro ser humano.
Los “celosos” - espo-sas, esposos, amantes, no-vios, parejas en general – se sintieron motivados a convertirse en unos ver-daderos hackers y así des-cubrir en el correo elec-trónico, lo que no podían obtener de las confesiones, de las preguntas sin res-puestas, de la imposibili-dad de entrar en los sue-ños de la persona amada, de la incapacidad de adue-ñarse de las fantasías. Entonces los correos se volvieron fuente de la ver-dad oculta o motivación para las ideas paranoides, en fin, desataron el caos total.
Alguna vez supe de un hacker profesional, decía que vivía en Perú y era ca-paz de entrar a una cuenta de correo sólo por 20 dóla-res. El interesado debía entregarle la dirección de correo electrónico del per-sonaje y el hombre hacía el trabajo sucio. Entraba al correo violando la seguri-dad de una manera desco-nocida y luego enviaba un mensaje desde el correo electrónico de la cuenta hackeada, así el contratista estaba seguro que el hacker tenía acceso. Le enviaba los 20 dólares y de vuelta, el hacker entregaba la clave.
Se consiguen por todos lados, hacen parte del mercado. De antemano sé que no me creerán la his-toria, pero luego el hom-bre se retiró del negocio, dijo que su hija había que-dado ciega y cambió el curso de su vida. Seguro algunos pensaron que era castigo de Dios, yo no lo creo porque no creo en un Dios que castigue sobre los inocentes.
Mientras unos encon-traron técnicas para violar la privacidad, otros se in-ventaban nuevas formas de evitar ser descubiertos: Cambios de clave, correos secretos, lenguaje cifrado, borrar rápidamente el mensaje de la bandeja, no entrar en el mismo com-putador, no dejar jamás el correo abierto… en fin, el nuevo juego del gato y el ratón: Unos que quieren encontrar algo, otros que no quieren ser encontra-dos.
En ocasiones he tenido la idea de que el gato sufre más cuando encuentra lo que realmente no quiere encontrar o de vez en cuando encuentra algo que no existe más que en la evidencia, pero en ningún otro lugar. Nota: Si alguna vez se siente tentado a violar la cuenta de correo de su pareja, es posible que usted tenga un caso de ocio. Póngase a hacer algo de servicio por la sociedad, que a lo mejor no va a en-contrar nada, pero sí va a perder la dignidad.

*Psicóloga
palabrasdesexualidad@gmail.com
www.palabrasdesexualidad.blogspot.com

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