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Una cruda verdad

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Le pregunté a un ami-go, cuyo nombre me re-servaré, cuánto tarda un hombre en olvidar a una mujer. Su respuesta me resultó un poco problemá-tica, pero tan honesta que se acerca a lo vulgar como suelen ser las respuestas de los hombres.

Yo, parti-cularmente, en ocasiones ignoro lo vulgar y me que-do saboreando la contun-dencia de una honestidad que no guarda apariencias.
Mi amigo, como les cuento, me sorprendió con su respuesta sincera por lo poco romántica. Me dijo “Depende”. –De qué- pregunté, y el hombre me explicó “Depende de lo buena que hayas sido en la cama- él en realidad habló de “buen polvo”-. Si es así, tal vez tarde dos o tres meses en olvidarte, de lo contrario serás historia antes de que te hayas ido”.
No señalen a mi amigo de frívolo en extremo. Creo que es interesante conocer su opinión. Según esto, un hombre se con-quista en la cama. Su res-puesta me resultó un poco antipática, indeseable, po-líticamente incorrecta, pe-ro interesante. Recordé la película “The ugly true” que vi recientemente en una sala de cine. Una mujer recibe consejos de un patético macho imper-fecto para conquistar al hombre perfecto. Su con-sejero, tan crudo como la respuesta de mi amigo, re-vela esas conductas típicas de las mujeres que a los hombres les resulta inso-portable o que por lo me-nos, terminan alejándoles.
Parece que las mujeres necesitamos escuchar a los hombres y poner más atención en esas cosas que hacemos frecuentemente y que son una verdadera fa-talidad a la hora de la con-quista. Los hombres odian las llamadas intensas. Una tras otra. Insistentemente preguntando, qué vas a ha-cer, cuándo nos vemos…. A los hombres les gusta las mujeres coquetas, pero no fáciles y mucho menos que parezcan necesita-das… a los hombres hay que hacerlos esperar, sin abusar… a los hombres les gusta que las mujeres se rían de todos sus chistes, de los buenos y también de los estúpidos, a los hom-bres no les gustan las mu-jeres controladoras, les gusta que estén pendien-tes de ellos, pero no en exceso… necesitan su es-pacio… en fin, el personaje de la película tiene una bá-sica lista para tener en cuenta si se quiere “atra-par” a un hombre.
Es posible que las mu-jeres tengamos una serie de errores tácticos en me-dio de la conquista, es po-sible que nos desespere-mos y hagamos justamente lo que finalmente hace que ellos salgan huyendo. Pe-ro ¿alguien se ha pregun-tado qué quieren las muje-res? Queremos hombres sensibles, odiamos los que hablan sólo de ellos. Que-remos hombres divertidos, que nos hagan reír y no aquellos que nos exigen un esfuerzo sobre humano con sus malos chistes. No nos gustan los que eruc-tan, los que no saben com-portarse en la mesa y aquellos que olvidaron ser amables.
Detestamos aquellos que interpretan una son-risa con el deseo de ir a la cama. Esos que nos ven como una vagina parlante, son los peores. Nos abu-rren un poco los ególatras y aunque queremos un trato exclusivo, nos fasti-dian los fastidiosos. Ya no les creemos a los hablado-res. Aunque algunas toda-vía valoramos un carro bo-nito, una buena cena y esa solvencia que se confunde con seguridad…, ya no ne-cesitamos de eso, pues hemos empezado a soñar con nuestro propio carro.
En el sexo, vaya que es difícil complacer a una mujer… en el sexo lo que-remos todo, odiamos que se den la vuelta una vez llegan al orgasmo y nos aburren aquellos que cre-en que sólo con los geni-tales se hace el amor. El sexo sí que es un terreno difícil para complacer a una mujer…, pues aquí hay exigencias desde el tama-ño del pene hasta lo ama-das que nos hagan sentir. No nos gusta que nos pre-sionen y queremos que nos den espacio. Nos gusta que nos traten bien, que tengan memoria, que amen lo que amamos y que sean responsables.
Soportamos los hom-bres feos, pero no a los que no tienen gracia. Nos aburren un poco los prede-cibles. No nos gusta que no acosen con desespero, ni sentir presiones para ir a la cama si no queremos, pero perdemos interés so-bre aquellos que se ven poco interesados.
Cada mujer en el mun-do, además, tiene su lista-do particular, así que no es fácil considerar que exis-ten unos trucos sistemáti-cos para la conquista. Es posible que pese a todo, no sean necesarios tantos esfuerzos rigurosos, pues cuando alguien nos gusta puede resultar algo muy difícil de explicar. Mi ami-go puede tener razón, a lo mejor los buenos amantes resultan tan inolvidables como los peores. A lo mejor el sexo ayude a ser recordado. Sin embargo, algunos seres humanos tienen la capacidad de im-primirse en otros, dejan una huella soldada en nuestra piel que no se puede arrancar, nos tatúan los recuerdos, su sonrisa, su calma, sus pasiones, sus ojos y ante esto no hay instrucciones posibles, no existe un listado inexora-ble, no existe un truco in-falible… algo llega cuando llega, algo de lo que no nos podemos volver a des-prender.

*Psicóloga
palabrasdesexualidad@gmail.com
www.palabrasdesexualidad.blogspot.com

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