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Yo también soy adúltera

Las reglas de los dio-ses, de todos los dioses, siguen usándose de mane-ra perversa como arma del hombre contra el hombre. La crueldad aumenta cuando se levanta la mis-ma fuerza contra la mujer. Prácticas atroces siguen existiendo sin que el mun-do pueda detenerlas, por-que quizá ni siquiera al mundo le importe tanto.

Países con armas nu-cleares intervienen en otros países para evitar que tengan armas nuclea-res. Aquí se pretende evitar la guerra con la gue-rra. No resulta, pero se insiste. Mientras tanto el hambre produce dolor en los cuerpos de muchos y la desigualdad llena los platos de desechos.
En los países más po-bres, las mujeres segui-mos siendo las más pobres dentro de los pobres, y mientras mayor número de hijos tenemos, la po-breza suele aumentar. Las armas matan con la bala a quién le apuntan, pero mientras muchos hombres mueren en los enfrenta-mientos, los cuerpos de las mujeres se vuelven cam-pos de batallas.
Dentro de nosotras se mete el soldado iracundo, lleno de rabia y de miedo. Nos ultrajan y nos llenan de hijos que no queremos tener. Nos morimos de parto y en abortos ilegales, mientras las grandes mar-cas venden millones de vestidos exhibidos en fa-mélicos cuerpos de mo-delos que mueren de ano-rexia.
No expresaré un atisbo de acuerdo sobre las inter-venciones que países po-derosos procuran sobre otros países. Tampoco me mostraré de acuerdo con políticas guerreristas ven-gan de donde vengan. No estoy interesada en ha-cerle propaganda a ningún gobierno y reconozco el sagrado derecho a preser-var las prácticas culturales de todos los pueblos.
Aún cuando he estado en desacuerdo con las po-siciones políticas de algún gobernante, no he estado en contra del pueblo que representa, pues estoy convencida que un nombre de un hombre no es el nombre de todo el pueblo cuando en la más perfecta democracia terminamos eligiendo un gobernante por 3 pesos.
No creo en las versio-nes contadas por medios que tienen intereses parti-culares y credos específi-cos, pero creo profunda-mente en que el dolor de un ser humano debe ser el dolor de todos los demás.
En varios países del mundo se legitima la lapi-dación como una condena a la mujer que es considera-da adúltera. En algunos lugares el testimonio de una mujer equivale a la mitad del testimonio de un hombre, evidenciándose así que sobre el cuerpo de las mujeres se pinta con sangre el tamaño de las brechas existentes.
Hombres y mujeres, condenados a la lapidación, son ejecutados con cruel-dad. Esta pena quizá es más frecuente en mujeres acusadas de adulterio por la misma inequidad exis-tente, condición promotora de las injusticias.
Las envuelven en un manto blanco y les sepul-tan medio cuerpo en la tie-rra. El cuerpo restante re-cibe los fuertes golpes de piedras que una turba lan-za sin piedad. Las man-chas de sangre empiezan a aparecer sobre el blanco de la tela que esconde el padecimiento de seme-jante condena.
El sufrimiento de una mujer debe ser el sufri-miento de todas las muje-res del mundo. Sin reco-nocer raza, credo o afilia-ción política. Yo también soy adúltera y qué, no nos lapiden. Todas, sin miedo. En Irán nos masacran con piedras, en culturas como la nuestra siguen conside-rando que la infidelidad de una mujer es la justifica-ción para su asesinato.
Fieles o infieles, adúlte-ras o no, la vida es un de-recho que no debemos pe-dir de rodillas. Ni que nos muelan a golpes, ni que nos violen, ni que nos arranquen el clítoris. Que el grito de una mujer sea el grito de todas. Que to-das las mujeres encarnen el cuerpo de aquella que sufre lo indecible por un mundo equivocado. El día que comprendan que para matar a una, tendrían que matar a todas, guardaran sus piedras y entenderán que las mujeres no esta-mos dispuestas a aceptar ninguna forma de violencia contra nuestros cuerpos. Ninguna.

*Psicóloga
palabrasdesexualidad@gmail.com
www.palabrasdesexualidad.blogspot.com

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SI LAS MUJERES DIRIGIESEN EL

SI LAS MUJERES DIRIGIESEN EL MUNDO, NO HABRÍA GUERRAS, SOLO HABRÍA INTENSAS NEGOCIACIONES CADA 28 DÍAS.... ¡MALDITA SOCIEDAD MACHO PATRIARCAL!

No se entiende como en pleno

No se entiende como en pleno siglo XXI aun suceden estas aberraciones, las tradiciones de los pueblos deben ser respetadas en la medida en la que no vulneren la vida y los derechos de las personas que los conforman, sabian que en Colombia aun existen pueblos indigenas que mutilan a sus niñas y que muchas se infectan y mueren por este motivo, no es en tribus lejanas es en nuestra amada Colombia.