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No basta con reglamentar Uber

No es la primera vez que el Congreso colombiano se mete con las TIC y arma un desastre doloroso para los usuarios. Basta con recordar la ampliamente discutida Ley Lleras y el más reciente debate en torno a Netflix con la Ley 077 de 2015 que pretende convertir el streaming en un servicio público con infinitas obligaciones y contribuciones al estado.
 
Que un país quiera regular los servicios que mueven la economía y además incluya un impuesto por participar en ese mercado nacional no está mal, después de todo estamos en todo el derecho de que las empresas que sacan provecho del país contribuyan al progreso del mismo.
 
Sin embargo, las leyes deben ser claras desde un principio sin importar que tipo de plataforma o tecnología se utilice para las actividades económicas del país. La poca madurez y huecos legales en Colombia dan pie para que sucedan episodios como la gran polémica que se generó entre los canales y operadores de televisión.
 
Bien lo dice José Luis Peñarredonda, periodista de tecnología en su columna de opinión sobre la “Ley Netflix” en un portal especializado de Colombia “Más temprano que tarde algún impuesto nos harán pagar por Netflix. Lo de tener que registrarse ante el Estado para poder emitir videos en internet, en cambio, sí es una payasada peligrosa.”
 
Hay una línea muy delgada entre la regulación y la censura y/o prohibiciones que terminen ahorcando definitivamente el mercado objetivo de las aplicaciones. Razón suficiente para que, como siempre pasa en estos casos, e usuario acabe pagando los platos rotos al quedarse sin acceso a contenidos y servicios.
 
 
Lo que se viene con Uber
 
El proyecto de Ley aún se encuentra en su curso natural y no se conocen detalles oficiales sobre el mismo. 
 
“Hemos sido informados que la radicación del proyecto de ley, inicialmente anunciada para el 11 de noviembre, se aplazará por unos días; tiempo durante el cual seguiremos convocando todo el apoyo necesario para que esta reglamentación sea una realidad.” explicó un vocero de Uber en Colombia ratificando su decisión de no pronunciarse hasta tanto haya un anuncio oficial sobre ley.
 
Pero recientemente, La W conoció como quedaría dicho decreto y ciertas preocupaciones surgieron.
 
Según la fuente cercana a estas reuniones, el Ministerio quiere darle gusto a todo mundo y por ello ha incluido algunas medidas muy acertadas, pero otras no tanto.
 
Uno de los apartados especifica que ningún vehículo particular podrá prestar este servicio individual, algo que de entrada le corta las alas a servicios como Uber X.
 
Otro de las decisiones del Gobierno apunta a que, según La W,  “si Uber quiere continuar en Colombia como funciona actualmente, debe hacer los respectivos contratos para que los conductores de las empresas reglamentadas la utilicen”. Esto quiere decir que los vehículos tendrían que seguir afiliados a una empresa de transporte y hacer uso de un cupo, por lo que solo quienes tengan hoy un taxi amarillo y lo chatarricen podrían optar para esta nueva categoría.
 
La entrada de una empresa de transportes como requisito para el funcionamiento del servicio de lujo hace que la aplicación pase a un segundo plano. ¿Quiénes pierden y quienes ganan? Lo sabremos cuando se publique el decreto en detalle.
 
Reactividad legislativa
 
Si bien, el hecho de que el gobierno ponga tanto empeño en estas regulaciones es provechoso en el sentido académico y de aprendizaje sobre el desarrollo de este tipo de leyes, el país no se puede dar el lujo de que estallen las polémicas para entrar a regular y legislar.
 
Muchos de los problemas relacionados con aplicaciones e internet ya se han visto en otros países y son previsibles. Todos vieron llegar a Uber y nadie levanto la voz hasta que los taxistas se quejaron de que la aplicación no tenía ningún tipo de regulación o impuesto.
 
No se ha terminado de levantar la mesa para la reglamentación y ya Uber empezó a meterse en el mercado de mascotas y restaurantes y de este asunto no se hablará hasta que los restaurantes pregunten al gobierno ¿Por qué yo tengo que pagar impuestos y ellos no?
 
Uber no es la única aplicación disruptiva que pone en jaque los mercados tradicionales acogidos a las viejas leyes que no tienen en cuenta plataformas tecnológicas. En 2013 llegó a Colombia Airbnb libre de regulaciones e impuestos y,  a parte de una leve discusión en ese año, hasta el momento los hoteleros no han protestado en firme porque no han visto un impacto directo en sus finanzas producto de que las personas prefieran alojarse en una casa por mucho menos dinero que un hotel.
 
“Airbnb y Uber son empresas que le han encontrado el punto débil a las economías en las que nacieron. La era del internet ha transformado totalmente los espacios de trabajo y el sistema laboral, al punto en el que la gente usa Airbnb como mecanismo para recibir dinero adicional, sin tener que trabajar de más, o en el caso de Uber X se convierten  en conductores por horas, que prestan el servicio desde su carro particular, para así generar sus propio espacio de trabajo.”, describe Valentina Pachón periodista de La República en un artículo publicado el fin de semana.
 
Conclusión
 
La legislación en Colombia no es proactiva, es reactiva y si algo ha demostrado la historia de la tecnología avanza muchas veces más rápido que las leyes.
 

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