El cine mexicano se ha reinventado a sí mismo. Y lo ha hecho de la manera menos esperada, sin bombos ni platillos. Tras el desmantelamiento de la industria fílmica creadora de la tan mítica "gran época del cine de oro", la cinematografía del país fue testigo de un par de etapas excepcionales de producción (a principios de los sesenta y, exactamente veinte años después, a principios de los noventa), que fueron prontamente bautizadas como "El nuevo cine mexicano".