Una larga y violenta tormenta se abatió sobre Roma la mañana del jueves, convirtiendo en ríos las callejuelas sin desagüe de la ciudad eterna y perturbando fuertemente el transporte capitalino.
En la línea B del metro (Roma tiene sólo dos líneas) el servicio fue interrumpido entre las estaciones Rebibbia y Garbatella, es decir casi la mitad de la línea.
En la línea A, cuatro estaciones incluyendo la de Termini (estación central de Roma) quedaron inundadas y fueron clausuradas.
A causa de la cantidad de agua en algunas calles, los autobuses no pudieron circular.
Entre la colina del Capitolio y el Tíber, varios vehículos quedaron bloqueados en medio de un lago urbano.
Los peatones tampoco se salvaron: numerosas veredas quedaron sumergidas bajo las trombas de agua.
