Biodiversidad colombiana está mal protegida y poco estudiada

05 de junio de 2019 12:00 AM

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Colombia ha sido llamado un país ‘megadiverso’ por organismos internacionales como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), pero también es uno de los que tiene un mayor número de especies amenazadas.

En 2017, el informe de biodiversidad del Instituto Humboldt había estipulado que en Colombia había alrededor de 313 especies de vertebrados en peligro, 74 de invertebrados (387 grupos de animales) y 798 plantas. En suma, casi 1.200 especies vulnerables. Además, el estudio de 2017 ‘Colombia Viva’, conducido por la WWF, calculó que casi el 50 % de los ecosistemas del país se encuentran en riesgo.

Según el informe más reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que analiza los datos vigentes hasta el 2018, Colombia se encuentra en el top cinco de los países con mayor número de especies amenazadas, aunque este ranking “solo” registra 540 especies.

Las más amenazadas

Según la WWF y el Instituto Humboldt, algunas de las especies animales más amenazadas en Colombia son:

Tortugas carey

Población aproximada: desconocida, 25 es el número máximo de especímenes avistados al mismo tiempo.

Hábitats: costas Caribe y Pacífica, particularmente en Santa Marta y Chocó.

Amenazas: contaminación oceánica, comercio del carey, saqueo de nidos, pesca accidental.

Tití cabeciblanco

Población aproximada: 7.000 especímenes (censo del 2013).

Hábitats: zonas aledañas a los ríos Atrato y Magdalena, en la costa Caribe y noreste de Antioquia.

Amenazas: deforestación, comercio ilegal.

Oso de anteojos

Población aproximada: 8.000 especímenes.

Hábitats: bosques andinos a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Amenazas: expansión de la frontera agrícola.

Bagre rayado / Pintadillo

Población aproximada: desconocida, se calcula que se redujo en un 76% entre 1977 y 1986.

Hábitats: cuenca del Magdalena y del Cauca.

Amenazas: sobrepesca.

Cóndor de los Andes

Población aproximada: 60 especímenes.

Hábitats: ecosistemas montañosos a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Amenazas: cacería, comercio de plumas.

Algunas de las especies de plantas más amenazadas son:

Abarco

Población aproximada: reducida en un 80% para el 2007.

Hábitats: norte del Chocó, valle del Río Sinú, el Catatumbo.

Amenazas: sobreexplotación, expansión de la frontera agrícola.

Caoba

Población aproximada: reducida en un 80% para el 2007.

Hábitats: bosques de las costas Caribe y Pacífica (Bolívar, Chocó, Magdalena, La Guajira, Santander, Sucre).

Amenazas: sobreexplotación.

Palo de rosa

Población aproximada: desconocida, pero se sabe que solo crece en tres localidades.

Hábitats: selva amazónica.

Amenazas: sobreexplotación por parte de la industria cosmética y maderera.

Guayacán

Población aproximada: reducida en un 80% para el 2007.

Hábitats: áreas costeras de Atlántico, La Guajira, Magdalena y Sucre.

Amenazas: sobreexplotación, deforestación.

Almanegra

Población aproximada: 25 especímenes.

Hábitats: Alto de Ventanas, Antioquia.

Amenazas: expansión de la frontera agrícola.

¿Qué hace falta?

Según Adriana Bermúdez Tobón, bióloga con estudios en Biología Marina y doctora en Recursos Naturales, el principal problema que afronta Colombia en términos de la protección de su biodiversidad es la debilidad del aparato legal que protege al medioambiente en el país y la falta de interés en hacerlo funcionar.

Es sabido que la contaminación, el cambio climático la deforestación, la sobreexplotación de recursos y la urbanización desmedida son algunos de los principales problemas ambientales que el mundo afronta, pero no hay muchos gobiernos que se comprometan realmente a solucionarlos. “El problema ambiental en Colombia está identificado hace mucho tiempo, desde que sacaron los primeros libros rojos, lo que hace falta es voluntad política”, afirma Bermúdez.

Para ella, muchos funcionarios no saben medir el impacto ni de los daños ambientales ni de la protección de los ecosistemas porque ven el asunto en términos puramente económicos. La investigación y la protección son procesos complejos y largos que devuelven su inversión en un plazo, como mínimo, de cinco o seis años, lo que desmotiva la inversión pública.

Entre tanto, casos como los problemas ambientales que ha generado Hidroituango, donde ocurrió una disminución importante en las poblaciones de peces de las que dependían casi el 80% del comercio local, “no se solucionan con darle un salario mínimo a los pescadores”, porque a la larga vivir en el área afectada por la represa se va a volver insostenible, lo que trae aún más problemas económicos.

Si bien el inventario de especies amenazadas que existe es comprensivo, hay muchas que no han sido estudiadas a fondo todavía y de las que no se conoce realmente el tamaño de su población, qué áreas habitan y qué condiciones requieren para ser conservadas. “Sí sabemos que, por ejemplo, el roble está amenazado por la explotación a la que es sometido, pero desconocemos la magnitud del impacto y qué más podríamos hacer para protegerlo”, explica la bióloga.

La pérdida de la biodiversidad “no es un fenómeno nacional, sino mundial, del desarrollo industrializado desmedido a través de la explotación de recursos no renovables”, afirma Bermúdez. Lo ideal sería que el Gobierno colombiano dedicara más recursos para la investigación medioambiental y reforzaran las leyes y los mecanismos que ya existen para su protección, pues “un país que no invierte en investigación y en la conservación de su ecología es un país que no puede conocer su potencial”.

Criterios

El esfuerzo por documentar y estudiar la pérdida de la biodiversidad colombiana comenzó a principios de siglo. Entre el 2002 y el 2015 han sido publicados más de 10 libros rojos por el Instituto Humboldt, los cuales documentan la totalidad de las especies amenazadas conocidas. Estos libros están apoyados en los criterios de la UICN, que desde 1965 ha realizado ‘listas rojas’ sobre las especies del planeta.

La lista roja maneja diferentes categorías, llamadas ‘taxones’, para describir el estado de conservación de una especie, que van desde ‘extinta’ a ‘preocupación menor’, incluyendo también ‘datos insuficientes’ y ‘no evaluado’.

Sus criterios son el número de ejemplares vivos, la cantidad de individuos maduros y con la capacidad de reproducirse, la tasa de reducción de la población y la distribución geográfica. Cuando se habla de especies ‘amenazadas’, se refiere a los taxones ‘en peligro crítico’, ‘en Peligro’ y ‘vulnerable’ y se trata de especies con una población baja, la cual crece poco o disminuye, y que están limitadas a áreas geográficas reducidas, tanto en número como en extensión

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