Miles de caimanes viven en los suburbios de Río de Janeiro

17 de octubre de 2013 10:02 AM

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Oh, las glorias de Río que esperan a los espectadores y atletas en los Juegos Olímpicos de 2016: esas playas, esa música, las montañas. Y varios miles de caimanes que se deslizan por lagunas de aguas negras.

Entre 5.000 y 6.000 de estos caimanes viven en las fétidas lagunas al oeste de Río, dicen los ambientalistas, y existe la posibilidad de que los visitantes pudieran tropezárselos, aunque los expertos se apresuran a explicar que los caimanes, más pequeños y menos agresivos que los cocodrilos y los lagartos, no se consideran una amenaza a los seres humanos.

Algunos de los animales ya se han refugiado en lagunas construidas en el campo de golf olímpico, ubicado junto a una laguna otrora prístina llena y llena de mangles, que ahora está llena de aguas negras que llegan desde edificios de apartamentos de lujo

De hecho, después de dos decenios de crecimiento anárquico que ha afectado significativamente los hábitats naturales, loa caimanes se  han convertido en una figura cada vez más común en el corazón urbano del oeste de Río, atraídos en parte por los restos de comida que le les dan los humanos.

El distrito es el principal centro de los Juegos de 2016 y sede de la Villa Olímpica, aunque la mayoría de los  eventos se celebrarán en instalaciones bajo techo. Una excepción es el campo de golf, donde algunos caimanes viven en lagos. La presencia de animales en los campos de golf es normal. En la Florida se ven lagartos en el césped de los campos de golf, y en Australia son los canguros.

Los ambientalistas dicen que los organizadores de los Juegos han comenzado a estudiar qué hacer sobre los caimanes en el campo de golf, que aún no está terminado.

Los caimanes se congregan en un canal del afluente Recreio dos Bandeirantes, en un suburbio y flanqueado por dos importantes vías de transporte. Madres con niños en cochecitos camino a la playa, vecinos que salen a pasear con sus perros y muchachos que entregan pizza a domicilio se detienen en un estrecho puente peatonal de madera sobre el canal para observar a los caimanes, cuyo color marrón los camufla en las aguas oscuras y sulfurosas.

Como muy pocos logran sobrevivir en las aguas contaminadas, cada vez dependen más de la comida que les echan los humanos, que van desde pollo hasta galletas, a veces en sus envases plásticos. Los caimanes también comen aves y las ratas que salen de los vertederos.

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