La chica del Lamborghini rojo

04/04/2019 - 15:28

No estoy de acuerdo con el matoneo del que ha sido víctima Jenny Ambuila Chará, sentenciada y condenada por las redes, ‘memetizada’ con comentarios denigrantes, racistas, o porque no es bonita, por quienes dan por sentado su culpabilidad en el marco de unos hechos materia de investigación. Lo que pasa es que la historieta está cortada a la medida de lo que piden las fauces virtuales.

La chica negra del Lamborghini rojo, avaluado en 370 mil dólares, salida de Buenaventura, quizá puso un punto muy alto en una sociedad amante del ‘lifestyle’ en donde el alarde y la vanidad parecen ser dioses para una generación que idolatra la imagen.

Acaso ¿Esta no es la misma sociedad del “Kardashianismo” con gente plástica que aspira a tener más de un millón de seguidores en instagram y que hubiera querido posar al lado de aquel Lamborghini Huracán Spyder con las bolsas de compra de Chanel o de Louis Vuitton?. A cualquiera le hubiera gustado posar junto a aquel auto. Pero esta historia nos sirve para poner los reflectores sobre la fragmentación que vive el país.

Tal como lo dice el periodista Felix de Bedout, “una gran paradoja y símbolo de estos tiempos de obsesión por la ostentación, es que Jenny Ambuila quería ser reconocida como influencer y ahora que está en la cárcel finalmente logró ser tendencia en las redes sociales”.

Sobre los ataques raciales a la joven el tema hay que mirarlo con lupa. El colombiano Felipe A. Priats, radicado en San Francisco, dice que: “En Colombia hay decenas de miles de corruptos, pero los reflectores están en Jenny, no porque su padre sea corrupto, sino porque es negra, y en Colombia, un negro no puede tener Lamborghini”. Priats agrega que en Colombia hay un alto número personas que se creen superiores y consideran a los afrodescendientes “como ‘Untermenschen’ (subhumanos)”.

A parte que para él Jenny es inocente porque la Fiscalía debe demostrar si la joven era partícipe con consentimiento del lavado de activos y el testaferrato de la empresa criminal del padre, creo que tiene mucha razón en cuanto a la xenofobia interna que impera en Colombia.

Por mi parte pido una condena ejemplar para Omar Ambuila, el padre de la joven, quien deberá explicar cómo llegó a amasar una fortuna tan dañina que afectó los valores de su propia hija y su familia.

El tráfico de estupefacientes y sus efectos como empresa criminal han causado tanto daño al país, hasta el punto de permear las esferas más altas del poder y la institucionalidad por varias décadas. Tanto que mostrar nuestros pasaportes en los aeropuertos del mundo sigue siendo un acto preocupante.

Pero así es esta sociedad, que sigue la serie Narcos de Netflix y admira a Pablo Escobar, hasta llevarlo pegado en una camiseta, olvidando que sembró el terror y la muerte a todo lo largo y ancho del país.

Ese que llegó a estar entre las 70 personas más ricas del mundo en 1991, junto con los tres hermanos Ochoa, al amasar una fortuna de más de 5.000 millones de dólares.

Riqueza que le alcanzó para montar la hacienda Nápoles, con 27 lagos artificiales, tres zoológicos, un parque jurásico con réplicas de dinosaurios, a la que llegaron políticos de todos los colores; mientras del otro lado yacían enterrados en fosas comunes campesinos producto de aquella guerra fratricida del narcotráfico o de la lucha armada.

El caso de los Ambuila no debe tapar el sol de otros escándalos en el país como el de Odebrecht, con cuyos recursos, 30 millones de dólares,$100 mil millones pagados en sobornos, se puede comprar una flota completa de 100 Lamborghinis como el de los Ambuila.

O el de otros escándalos como el del fallido puente colgante de 460 metros sobre la quebrada Chirajara que tuvo una inversión de $72.000 millones, pero que colapsó un tranquilo 15 de enero de 2018, dejando la fatídica cifra de 9 muertos, en un caso que aún no se resuelve.

Las viandas y festejos, el lujo y las excentricidades, por los desfalcos en el país debido a la corrupción, han sido tanto o más escandalosos que la historieta para una nueva serie de narcos de Jenny Ambuila.


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