Bullerengue en María La Baja

23/10/2020 - 11:12

Mirada poética a esta tradición, a pocas semanas del Festival Nacional que se realiza en este municipio de Bolívar.

odanPor Odan Havid Acero Arnedo, estudiante de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario* Opinión.

Al parecer, las predicciones de los soneros y compositores que hablaban del futuro de los géneros ancestrales no eran erróneas. Ahora, más que nunca, se encienden las llamas que representan el porvenir de las nuevas sociedades negras y sus músicas en el territorio colombiano. Un canto de voces de fuerza y lucha que une el sonar de los tambores y cantares de familias tradicionales que ponen la vibra de la herencia africana en el ambiente.

Bolívar, Antioquia y Córdoba son tres de los departamentos que recogen la extensa historia de los pueblos afrodescendientes del país y el Festival Nacional del Bullerengue es la muestra de ello. Una buena manera de resaltar este folclor y su riqueza es caminar las calles empedradas y reconocer las características de los territorios que poseen estas culturas.

Para grandes artistas caminar pueblos como María La Baja es una forma de aproximarse a sus sonidos. Mientras Enrique Grau se queda pasmado mirando en un palo de mango el volar de rama en rama de una María Mulata, Eulalia Gonzáles desde el cielo hace descender un sonar que dice ‘llorando me quedo yo’ para dar inicio a lo que es el Festival Nacional del Bullerengue en María La Baja.

Siguiendo el camino de las calles de este pueblo, parece que, sin cuestionar la buena voluntad de la reina de este ritmo que se bailaba con los pies llenos de polvo en la tierra, Pabla Flores levanta su voz. Y así avisa, con un grito que pasa por la calle y mueve los palos que dan sombra y fresco a los niños sentados en el andén, que es momento de hacer tributo a la identidad, a la cultura y a la herencia de los pueblos afrocaribeños.

Fundada el 8 de diciembre de 1535, María La Baja es un municipio de Colombia que porta una tradición de grandes tambores y pollerones que alientan los días de esta zona que tiene tierras donde el calor ronda los 23 a 27°.

Afiche 2019

En muchos casos las tradiciones religiosas de los pueblos rurales determinaban las épocas de fandango, donde celebrar era la dicha que se esperaba después de largas jornadas de trabajo. María La Baja no es la excepción. La fiesta en honor a la Virgen Inmaculada Concepción de María le da rienda suelta al jolgorio y el alboroto.

El fandango en las fiestas del bullerengue consta de la narración a canto abierto de historias comunes que marcan el vivir de los pueblos de estas regiones. El gritar de un portavoz se convierte en una arenga que, al ritmo de las palmas y el palpitar de los tambores, da sentido al valor y la fuerza de los cimarrones que contra viento y marea lucharon para que su cultura perdurara. Y así fue. San Juan de Nepomuceno, San Onofre, Arjona, San Jacinto y Mahates parecen sentir orgullo de un municipio vecino que, con un nombre heredado de ‘Montes de María’, cada diciembre levanta su voz.

Las calles sin asfaltar recogen el caminar de bailadoras que, con faldas adornadas de colores, se combinan con la energía de quienes se prestan para tal acto cívico de cantar al aire. Este festival es la máxima expresión de una herencia que parte de núcleos familiares que aprenden a ser bailadoras, cantadoras y tamboreros en el diario vivir.

No hay relato que pueda expresar de manera fidedigna el orgullo de una raza que ha mantenido viva una herencia por más de 450 años. Sin lugar a duda, la celebración del Festival Nacional del Bullerengue tiene como principal objetivo rescatar y difundir la cultura afrodescendiente y resaltar la identidad del folclor.

La dicha de los cantos, como muchas otras expresiones artísticas, recurre a la cotidianidad para emprender así un halago en honra de su propia materialidad. Los cantos a las aves, los tambores y demás recursos, son las temáticas recurrentes que moran las arengas que existen desde hace más de 300 años.

Gustavo Tatis Guerra alguna vez escribió que “hay en su voz [de Ceferina Banquez] un lamento, una queja, un clamor, una catarsis, en busca de consuelo”, y es cierto. Las voces que interpretan las majestuosas tonadas de inaudito sentimiento, cuentan historias que dan fe de los pesares que las poblaciones negras sufren en sus propios territorios.

Y así se muestra la versatilidad que tienen los ritmos ancestrales, como el bullerengue, para mostrar la memoria colectiva del pueblo que lo canta. El bullerengue se muestra como una música que no tiene tiempo y que se mantendrá en él para recordar la historia de su pueblo.

Los pobladores de María La Baja dicen que esta es una tierra de forasteros que engorda al que va flaco y viste al que va encuero. Eso parece no solo ser cierto para el cuerpo sino también para el espíritu a través de las músicas de ritmos como el bullerengue.

María La Baja, tierra que reúne en un solo espacio la ciénaga y la montaña, recuerda en cada oportunidad que es bullerengue de corazón, como lo dicta su himno.  El correr del viento costero marca una melodía que es aprovechada para expresar la nostalgia de una raza guerrera que se refugió en el bullerengue para liberar su identidad.

Identidad que se transforma mediante un gozo espiritual por las voces de un coro responsorial que en un ir y venir de versos alegra a los espectadores (escuchas). El bullerengue es un canto con vida. Un ritmo que, en la vida y obra de Eulalia Gonzales, Ceferina Banquez, Pabla Flórez, María de la Cruz Orozco y otros cientos de cantautores y agrupaciones jóvenes, muestra que se mantiene en pie de lucha.

Declamar con la voz las historias de la piel, es el legado de miles de hombres y mujeres que en una tradición que parte desde la Colonia y es recordada en cada festival, ya sea en Necoclí, María La Baja o Puerto Escondido.

No me equivoco al decir que escuchar o cantar estos ritmos es sanador, liberador. Por ejemplo, la firmeza de la voz de Juana del Toro logra afirmar que es un canto que levanta el espíritu, después de entonar dos o tres versos el baile y las expresiones corporales vienen naturalmente.

El Festival Nacional de Bullerengue de María La Baja, al igual que sus similares en Necoclí y Puerto Escondido, se realizará con transmisiones en vivo a través de plataformas digitales. El 2020 nos impuso una virtualidad que durará bastante con nosotros. Se hará para no suspender la tradición cultural gestada por generaciones.

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*Trazador misional de esta publicación de Fundación Color de Colombia: Línea estratégica 4: Cultura, identidad y comunicaciones. Iniciativa 1: Periodismo cultural. Proyecto: Bullerengue nacional.

 


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