Migajas del turismo como sustento

18/10/2020 - 20:44

Por: Astrid Contreras Barrios, estudiante de Comunicación y periodismo de la Universidad de Cartagena* Opinión. 

En Cartagena de Indias, el turismo es la marca fidedigna de la ciudad, y por primera vez en su historia reciente se encontraba paralizado, por causa del Covid-19 y  ahora le tocó empezar de nuevo.

El cierre del aeropuerto, puerto marítimo y terminal de transporte terrestre, más  las medidas de aislamiento y cuarentena en otros países, forzaron a hoteles, restaurantes, bares y en general a operadores turísticos a cesar sus actividades.  

Como resultado, se generó una trayectoria de caída libre a quienes dependen de las mismas para generar su sustento diario porque perdieron su empleo formal o porque no pudieron trabajar más de manera informal.

Desde la bajada del Transcaribe hasta la llegada de la Universidad, se veían  los almacenes abiertos. Las casas de cambio, locales donde venden planes turísticos, y cocheros que, de una u otra forma, y en algunas ocasiones, detienen el tráfico. 

Pasando por Juan Valdez, que solo basta con mirar por los vidrios para notar la cantidad de personas con sus mochilas, turistas sentados descansando, otros saliendo a seguir con su día de paseo, algunos algo quemados por el clima, pero alegres y tomando todas las selfies que puedan. 

Diagonal a este punto, encontramos casas de turismo, con planes que todos los días ocupan los visitantes, el vendedor de jugo, de fruta y eso sin mencionar, que un poco más adelante, entrando a la Plaza de los Coches, están “las negritas”, o las “palenqueras” para vender sus frutas y tomarse fotos con los turistas.

Así era mi paisaje día a día para llegar a la Universidad en el Centro Histórico. Y todas estas personas mencionadas quedaron a la deriva, puesto que vivían del “rebusque” y de lo que ganaban en el día dependiendo de su producción. Fueron cinco meses de incertidumbre, ansiedad y preocupación que vivieron durante la cuarentena, pensando en cómo subsistir y alimentar a sus familias. 

El cierre del turismo afectó tanto a la economía colombiana, puesto que es uno de los pilares de ella, que fue uno de los primeros en permitirles la reapertura por parte del Gobierno Nacional bajo todas las medidas de bioseguridad. 

Por tal motivo, estos trabajadores informales vuelven a sus actividades diarias, con la reapertura del aeropuerto, playas, hoteles y algunos bares autorizados, pero respetando y cumpliendo los protocolos de bioseguridad. 

Para nadie es un secreto que el mundo entero debe acostumbrarse a vivir con el Covid-19. Pese a que tal vez el mundo no volverá a ser igual, pero tampoco implica que deba ser peor; por eso, los lancheros, las personas que están en las playas como los carperos, los que venden las cervezas, el agua, los mangos, las “negritas” que hacen los masajes y trencitas, y quienes ofrecen otros servicios relacionados con el flujo de turistas en Cartagena como los taxistas, deben ser conscientes que la vida cambió para todos, y eso incluye las formas  que de ahora en adelante deben tener en cuenta para cumplir con sus labores y llevar el sustento a casa.

Quienes trabajan duro todos los días y sólo reciben las migajas del turismo deben informarse, formarse y organizarse para poder luchar adecuadamente por su derecho a la ciudad. El turismo no es solo de los hoteles y de quienes se lucran del patrimonio material e inmaterial sin mover un sólo dedo, sino de quienes ofrecen lo que realmente somos.

Detrás de la cara principal y amable de la ciudad, existen estas personan que trabajan de sol a sol por llevar el sustento diario a sus hogares y una miseria en la que probablemente esté viviendo un gran porcentaje de la población cartagenera. ¿Seguiremos condenándolos a vivir de las migajas?

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*Trazador misional de esta publicación de Fundación Color de Colombia: Línea estratégica 3: Mercados inclusivos y desarrollo sostenible. Iniciativa: Promoción de consensos estratégicos para el desarrollo sostenible. Proyecto: Apoyo a Visión Cartagena 2033, 500 años de la ciudad.


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