Félix Viloria Romero

Al hombre preparado de paciencia y buena fe

05/07/2019 - 11:31

El maestro va a la escuela a llevar la educación
que ningún padre a su hijo le puede enseñar en la casa
porque sabe que en la escuela lo remplaza
esa gente tan valiente y de tan noble corazón
porque llevan en la sangre en forma innata
ese don tan intachable
que es el ejemplo de Dios
y nosotros tenemos tan mala el alma
que no le damos las gracias al humilde profesor.

Hernando Marín

Creo que nunca había tenido unas letras para él aunque cualquier homenaje se le quedaba pequeño. Cualquier persona desde Cascajal para abajo sabe de él. Incluso me quedo corto porque cada alumno suyo es una semilla que se dispersó por todo el Caribe y más allá. Cada vez que escucho Décimas en la voz de Carlos Vives me lleno de orgullo pues se que hablan de él y porque yo fui su estudiante y siempre me acogió con afecto.
Félix Viloria Romero fue historia viva de Magangué, Bolívar y aunque sus métodos disciplinarios en nuestros revolucionarios tiempos modernos pueden dejar bastante qué desear, quienes tuvimos la fortuna de estar bajo su tutela no hacemos más que recordar con afecto todos esos tiempos de enseñanzas y pilatunas que vivimos en aquella vieja casa de la Calle Córdoba. 
Quizás muchos lo hayamos conocido viejo. Su guayabera, pantalón gris y sus botas correctoras de la polio que padeció eran las que acompañaban su silueta que siempre fue fácil de identificar. Quien tenga un poco de memoria podrá recordar que fue él quien dió el saque de honor en aquél partido de fútbol donde las glorias de Sábados Felices fueron al Diego de Carvajal, colmado hasta la bandera como quien recibe al Brasil del 70, a enfrentar al equipo del puerto. Porque siempre que fue convocado estuvo. Siempre fue enérgico y lleno de vida, a pesar de su dificultad.

Historia de vida del insigne maestro Felix Andrés Viloria Romero. https://t.co/acU9wRfu3Y pic.twitter.com/xGylo21xAc

— MAGANGUE HOY (@diamaganguehoy) July 2, 2016

Cualquier agradecimiento se queda corto pero es más que justo pues, personalmente, mucho de lo que soy se debe a él. Recordar que el himno a la bandera -que quizás pocos conocen- lo aprendí por él. Que insistió mucho por el civismo y por la urbanidad, hoy valores perdidos en una sociedad que los llora a gritos. "Siempre con Dios y Patria en aras del deber", decía el himno de su amado colegio Marco Fidel Suárez que no fue más que el empaque del regalo que le dio al mundo: sus enseñanzas sembradas en cada niño y adolescente que allí se matriculó. Por siempre, gracias Profesor Viloria. Estas letras, pequeñas en contenido; grandes de corazón, son para usted y su memoria.
 
 
SORBO FINAL: Un taxista me decía que a los colombianos con la Selección les pasa lo mismo que le pasaba a los costeños con Diomedes: todo el mundo llenaba la caseta y él nunca iba pero siempre que anunciaban la próxima, ahí estaba su fanaticada. Sabiduría popular, quizás. Hoy viendo a Perú en la final me pregunto si, como decía el negro Perea, nos hizo falta un poco de mística ovalada.

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