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El arte de perder amigos

26/02/2019 - 14:41

Perdí amigos cuando me comprometí con la paz, el proceso de pacificación y reconciliación de este país.

Perdí amigos cuando advertí hace exactamente un año, que apoyar la coalición de Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo le entregaría a Colombia al fascismo genocida y abriría las puertas a la guerra y la barbarie.

Perdí amigos y familia cuando me comprometí con Gustavo Petro y la maravillosa propuesta de la Colombia Humana.

Perdí amigos cuando denuncié públicamente a la segunda fundación animalista mas antigua de la ciudad, y la más exitosa en redes y financieramente, porque se roba las donaciones y tortura, y asesina a una buena parte de los animales que dice querer ayudar.

Perdí amigos cuando denuncié en las redes que la campaña de Petro Presidente fue robada y traicionada en Bolívar por quienes más debían haberla cuidado y protegido.

Perdí amigos cuando me defendí del bulling que el activista y precandidato a la alcaldia de Cartagena William Dau me hizo en su página Lets Save Cartagena.

Perdí amigos cuando denuncié que Fany Pachon me trajo a un empresario taurino, amante suyo en ese momento, a sabotear mi peña antitaurina y ofrecerme un soborno.

Perdí amigos cuando me negué a apoyar a la animalista paisa Silvia Ospina, quién me pidió que calumniara al medico veterinario Juan Jimenez Lara con una demanda penal temeraria que no tenia otro fin que la venganza personal y la envidia hacia él.

Perdí amigos cuando expresé en mi muro de facebook mi hermoso ateismo, eso me valió incluso la expulsión del Nodo Base de Colombia Humana Cartagena, tengo al pantallazo todavía, de recuerdo, para que no se me olvide como engañan las apariencias.

Perdí amigos cuando exigí cuentas de los 15 millones que se recaudaron el 15 de junio en la USO para el transporte el día 17 de junio en apoyo a la Colombia Humana.

Perdí amigos cuando le pedí públicamente a Juan Alies que demostrara su tesis de haber donado de su bolsillo 11 millones de pesos a la campaña de Petro.

Perdí amigos, y me amenazaron con boletearme en redes, cuando exigí en una reunión pruebas de que la gerente de campaña hubiera financiado de su bolsillo la campaña de Petro con 30 millones, cuando es conocido que ella y su esposo están embargados, sin trabajo, sin empresa y sin recursos propios. Me cayeron en manada su nodo base a insultarme y tratarme de loca.

Perdí amigos cuando denuncié que los comandos de Petro en el departamento de Bolívar fueron entregados a la derecha uribista y a la politiquería tradicional.

Perdí amigos cuando denuncié que un médico cardiólogo, mano derecha de La Gata en Pasacaballo, y socio de un turco famoso, se infiltró en la campaña de Petro y pretendía ser precandidato a la alcaldía de Cartagena.

Perdí amigos cuando denuncié que falsos activistas se habían colocado la escarapela animalista para obtener contratos, OPS y visibilidad mediática.

Perdí amigos cuando denuncié que la Asociación de Cocheros infiltró el animalismo, con un abogado que trabaja en la gobernación y con una turca que vive en Marbella, quién se dedica a rescatar caballos con el único objetivo de tener autoridad moral cada vez que se cae un caballo cochero, por el abuso al que son sometidos, a saltar a los medios a decir que los caballos cocheros están perfectamente y que las defensoras de animales no somos más que unas ·"viejas locas"

Perdí amigos cuando denuncié que la Asociación Protectora de Animales de Cartagena, no es Asociación sino unipersonal, que no rescata, que no tiene albergue, que no promueve el veganismo siquiera, que solo es activismo cibernético y lamboneo político y mediático.

Perdí amigos cuando denuncié que esas mismas falsas animalistas estaban advirtiendo públicamente que se habían propuesto meterme presa o sacarme de la ciudad, y que agradeciera que no me matarían, que solo me sacarían del camino.

Y ni siquiera las animalistas que me conocen desde hace 30 años trabajando denodádamente por mis peludos, dando lo que tengo y lo que no tengo por ellos, me respaldaron en ese momento, todos callaron y miraron para otro lado, cuando no apoyaron implícitamente los ataques y agresiones a mi buen nombre y mi seguridad personal.

Perdí amigos cuando fui molida en las redes, difamada y calumniada, porque la defensa del culpable es la calumnia y la injuria, y descubrí asombrada que nadie, nadie, ni siquiera esa gente por la cual yo suelo luchar, se dió la pela por mi. Todos callaron y miraron para otra parte.

Sin embargo, y por sobre tanta deslealtad, traición e infamia, he seguido adelante porque las denuncias que yo hago, nadie tiene el valor de hacerlas, los compromisos que yo hago por mis hermanos animales nadie los hace ni los asume, y alguien tiene que defender a los animales, de la codicia de los falsos animalistas, de los cocheros, de Dumek y sus calanchines, de la Umata, de la guardia ambiental que desaparece tortugas en la alta montaña y asesina gatos a palazos.

Nada ni nadie va a detenerme. Haber encontrado esta causa es lo mejor que me ha pasado en la vida, y a ella le entregaré cada día, cada segundo, cada peso que me sobre y me falte.Nunca, ni matándome me detendrán, este compromiso es para siempre. Más allá de mi propia vida. Es pacto de mi espíritu y de mi alma. Y no conozco otra manera ni mejor motivo que este para vivir.


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